Voltaje inducido: (...) El voltaje --también llamado diferencia de potencial o tension-- se define como el trabajo que el generador realiza para pasar por su interior la unidad de carga positiva del polo negativo al positivo (...)
Lo que me importa en la educación de mi nieto, en esta etapa de los tres años, es que "sepa entender" sus sentimientos, que se exprese con claridad y brevedad respecto a ellos, que sepa manejarse afectivamente en el mundo, conmigo, con los adultos que nos rodean o encontramos al azar en la calle, y consigo mismo.
Para mí es muy importante que sea él quien recuerde que nuestro gato Tomás debe comer, y que se ocupe de ponerle la comida, cambiarle el agua, echarle leche. Luego, va a la pecera que tenemos y cambia el agua, pasa al pececito de un sitio a otro, le da de comer. Yo lo hacía al principio, él me ayudaba. Un día quiso. Le dejé. Ahora ya lo asume como parte de su vida. Está en el parque y de repente lo recuerda: Papitoco, me dice, vámonos que hay que darle de comer a Tomás y al pececito.
¡Qué valor tiene una caricia sincera y constante a esa edad! No lo olvido. Por eso dejo el malhumor o mis problemas cuando estoy con él. El mundo se queda fuera. Andrés no es culpable de mis fracasos ni del dolor del mundo. Pero su educación va dirigida a serle responsable de sus sentimientos y a que sepa expresarlos sinceramente. Se bueno en este mundo lleno de dolor; tu bondad transformará parte de ese dolor en amor.
Si no creyera como creo en estos valores que practico, no intentaría educar a mi nieto. ¿Sería capaz de educarlo en el egoísmo y la maldad?
Pero a veces, sin saberlo, educamos así a nuestros hijos. Le decimos una cosa: se bueno, y hacemos otra: ellos nos sienten tensos, malhumorados, perdidos...Y los niños perciben cuando estás ahí, con ellos, de verdad, y no como mero compromiso u obligación.
Lo peor en esa edad es la incomunicación emocional que siente los niños. Cuando voy al parque, veo a los padres aparte, cotilleando o descargándose tantos problemas como hay. Lo niños solos o entre ellos, pero ¿y la alegría que él quiere compartir no en su soledad ni con otros niños sino ahora y contigo, ésa cuando toca? Sí, sí, que ya voy, un momento; que estoy hablando; que cuando los adultos hablan los niños esperan...
El otro día un conocido del pueblo, padre con su hijo en el parque, se acercó para conversar y fumar mientras los niños jugaban. Perdón, le dije, es que me voy al columpio con Andrés.
Si no tienes ese pequeño valor (valor como principio y valentía) para defender y construir el espacio y el tiempo de tu hijo, después no te preguntes a quién habrá salido tan egoísta e insensible.


1 comentarios:
Que hermoso, Jorge! Me has hecho llorar... es que ando muy ñoña ultimamente!... Yo soy de las que paro con todo cuando mis peques me dicen que necesitan algo, hasta la comida espera porque primero son ellos. Los traje al mundo para amarlos, para protegerlos, para enseñarlos a ser "gente", para educarlos con amor y con disciplina...pero sobretodo, para darles todo mi tiempo. Todo puede esperar, el amor por ellos, eso sí que no.
Los míos tienen libertad para expresar sus sentimientos, siempre y cuando no sea para disculpar un agravio...cuando se pegan, ellos saben que tienen que separarse para pensar y sólo volverse a juntar cuando estén completamente seguros de no volver a pegarse. Creo que ese es el verdadero perdón...el que te dice: "Te perdono porque sé que no volverá a suceder, al menos por mi parte" y si las dos partes hacen lo mismo... pues se logró.
Besos a ti y Besos a Andrés.
Publicar un comentario en la entrada