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Ahora recuerdo que me salvé de las cloacas de La Habana de puro milagro. También la casualidad me ayudó cuando estuve vagando durante casi tres meses en mi Madrid frío que supo darme calor en un mundillo casi submundo y después en los brazos de Olia, un amor extraviado. Hoy escribí un contraverso: la suerte tiene espinas. Es malo, lo sé, pero yo escribo bombas de lubricación, que es lo que me sirve para seguir funcionando como máquina seudo humana.
Milagro, casualidad, suerte.
Sabía que sabía, y me bastaba para vivir, eso para mí es la intuición.
Carl Jung definió a intuición como la percepción a través del inconsciente, o la percepción de contenidos inconscientes.
De niños somos muy intuitivos, es una capacidad fabulosa de conocer el mundo y habitarlo. Luego, en algún punto, ocurre nuestra desgracia: la perdemos o no las cortan. Claro que es una forma de hablar, en realidad la intuición se inhibe, puede entrar en un letargo que dure años o el resto de nuestra vida.
¿Podemos en realidad experimentar una vida plena sin esa facultad o "don"? -- las neurociencias en la actualidad reconocen que al nacer no traemos un cerebro como tabula rasa.
¿Podemos ser felices ignorando el potencial que parece tener la intuición según hablan de ella profetas e iluminados, artistas y científicos?
La percepción nos ayuda a saber, y el juicio nos ayuda a actuar con lo que sabemos, condenso una idea de Jung.
¿Cómo despertar nuestra intuición del maldito sueño donde la hemos confinado?


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