flujos, delirios, y golpes de realidad: propina ante la muerte.

Leyendo poemas 17 y 18 de Propina.

30 junio 2009

Después de casi tres años, retomo esta herramienta. Actualizo la carpeta Archi-voz. Y espero que dicha herramienta sirva también para acercarme a amigos y gente nueva.

¿Qué es un podcast?



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Paros en QUÉ! Contra los cierres y despidos.

Alicia Martínez, pide a los amigos de El Dorado, que difundamos el comunicado que desde Madrid escriben sus compañeros del periódico gratuito, Qué!

Queridos amigos de El Dorado:

Todos sabéis de la sangría que está dejando los medios de comunicación de este país sin periodistas. Si la información ya estaba antes manipulada y tergiversada por intereses empresariales y políticos, ahora, con las redacciones condenadas a
la mínima expresión la posibilidad de hacer un periodismo que, sea en verdad, garante de las libertades democráticas de nuestro país y expresión de la pluralidad cultural e ideológica desaparece completamente. Y con unos medios débiles, la sociedad que retratan también se debilita.
No sólo estamos hablando de unos cuantos despidos (todos los sectores los están sufriendo) estamos hablando de un derecho sin el cual cualquier sociedad se resiente (y sí, ya sé que en nuestro caso era un derecho ya bastante mediatizado), pero si antes había razones para protestar y exigir unos medios de comunicación libres, ahora, que los están desmantenlando, con más razón.

Os paso el comunicado que han hecho mis compañeros de Madrid y os rogaría os hicieráis eco en vuestros blogs, contactos, etc,... de la situación y os sumaráis a las protestas. Muchas gracias a todos.

FICCU II. Festival Internacional de Cine Cubano.

29 junio 2009

Dejo enlace a FICCU.

Enhorabuena por la nueva convocatoria.

No hubiese estado de más ahorrar algunos lugares comunes en la presentación.

"...el cineasta más brillante..."

"...uno de los más grandes documentalistas cubanos..."

"...el más trascendental de los escritores cubanos..."

"...uno de los grandes escritores cubanos..."

Festival Internacional Cine Cubano – FICCU. Del 29 de octubre al 7 de noviembre 2009. Múnich.

Exposiciones • Conciertos • Proyecciones Fílmicas • Seminario y Lecturas.

En el Werkstattkino • Gasteig • Río Film Palast.

Y dentro de los días del Festival, el Seminario Internacional FICCU "Cine y Nación", el 01 al 4 de noviembre 2009 . Múnich.“Política, Raza, Mujer, Sexualidad y Religión en el cine cubano".



Verónica Pérez Domínguez y Yasser Castellanos, miembros de

Bodhisattva en metro. "Merci", de Christine Rabette.

27 junio 2009

Después [o antes, o con, o para, o por, o en contra] de la muerte y el dolor, la risa de vivir por vivir.

El aquí y ahora
con toda su intensidad, el instante impersonal de la risa en el aquí y ahora.

Feliz fin de semana.
"Merci", cortometraje de Christine Rabette, ganador del Golden Wave en 2003, con el actor Jan Hammenecker

Bodhisattva, en metro.



Con Lunes de Post-Revolución: A farebad to arms.

26 junio 2009

En el blog Lunes de Post-Revolución, A FAREBAD TO ARMS.

Un post que narradescribe afectos y efectos de Orlando Luis Pardo Lazo, sobre la reciente destitución, por parte de Abel Prieto, ministro de cultura, de Iroel Sánchez como presidente del Instituto Cubano del Libro.


Escribe Orlando Luis:

"De (mala) suerte que, por si nadie tiene la decencia de unas líneas de duelo tras una década de pincha al rojo vivo, sirva esta esquela como tu despedida sin iras, Iroel."(seguir leyendo)

Flujos en La Habana (17)

Por calles de La Habana.
Del viaje en diciembre pasado.

Bandera a secar. Vedado.

Casa en el Vedado. Calle 17.

Compañía telefónica (ETECSA). Dragones y Águila. Foto tomada desde Reina y Águila.

Vedado. Monumento a José Miguel Gómez. Presidiente de Cuba de 1908 a 1912.

Parada de taxis particulares (llamados Boteros) con salida a Santiago de Las Vegas. Calle Águila entre Estrella y Reina. Centro Habana.

Vedado.

Vedado.

Vedado.

La última foto de Michael Jackson.


El Maikel
, y la productora musical AEG Live habían anunciado 50 conciertos en la Arena O2 de Londres, que comenzarían el próximo 13 de julio
.

En la madrugada europea me llega la triste noticia.

Siempre fui un admirador del Maikel.

Quedé atónito al leerla. Aun lo estoy. Pienso en nuestras propinas para vivir...

25 años de la muerte de Michael Foucault

25 junio 2009

Murió de sida en 1984, a los 57 años. Hoy se cumplen 25 de su fallecimiento.

Alain Badiou entrevista a Michael Foucault y conversan sobre Filosofía y Psicología. 1965 .

Gracias a parterei, por este material.





Viaje a China, un relato de Carlos Alberto Aguilera.

24 junio 2009


Texto cedido por su autor, y que pertenece al libro de relatos, Teoría del alma china, publicado en 2006 por la editorial mexicana Libros del Umbral.

Foto de Jakob Goldsteinl, tomada de Shahrazad




En China las carreteras son de fango. El fango es rojo y cuando se solidifica parece una escultura de barro plana. En la periferia de Beijing hay una zona donde el fango es gris. A ese lugar lo nombran “vasija redonda de esmalte”.

Las carreteras son largas. Aunque también podría decirse empinadas, estrechas.

Hay dos vías: a la izquierda peatones, con una separación invisible que todos intuyen. A la derecha, camiones largos fabricados en la república. Si alguna persona con un auto (por ejemplo, un oldmosbile 1975) desea viajar por esas carreteras, está obligado a sacar permiso federal una semana antes. De lo contrario será detenido, multado y conducido a la police office de distrito. Allí, se le congelará el permiso de conducción por varios meses.

Las carreteras chinas son muy complejas. Hay carreteras de meseta y carreteras de montaña. Los primeros tres días después de salir de Beijing estuvimos en carreteras de montaña. Estas carreteras hacen difíciles la existencia. No sólo por su constancia vertical sino por la llovizna, la bruma y lo interminable que resultan.

Claro, para un chino todo es más fácil. En occidente hay un proverbio, según Michaux, que dice: sólo un chino puede dibujar una línea en el horizonte. Después de subir durante tres días la carretera Beijing-Afueras de Beijing no me cansaba de repetir este proverbio.

Por carreteras de montaña el viaje es más corto. Si para salir de Beijing necesitamos tres días en montaña, por carreteras de meseta, a veces más empinadas y curvas, necesitaríamos cinco. La única diferencia es que las carreteras de meseta están asfaltadas.

Una carretera de montaña conduce a dos o tres carreteras de meseta. Una que por lo general corre hacia delante, en busca de algún pueblo o museo; otra que corre hacia atrás, hacia una planicie o pedazo de muralla; otra que bifurca la primera y se pierde en x dirección.

Según Gran Mongol, chofer concedido por el ministerio de cultura de la república, esas carreteras que se cortan después de pasar por alguna ciudadela se vuelven a integrar a la arteria principal de meseta, formando una serpiente con anillos grandes y pequeños a través de todo el territorio.

El gran problema de las carreteras de montaña es el fango. Cuando llueve convierten el camino en algo imposible. Cuando no, debido a que la tierra es más fina que cualquier reserva que conozcamos en occidente, se hace resbaladiza y tanto a personas como a autos les resulta imposible avanzar.

Un día de mucho sol vimos una hilera de diez camiones chocados que patinaban constantemente sin poder hacer otra cosa que intentar apoyarse en algo.

En carreteras de montañas hay piedras. No piedras pequeñas o de descanso. Grandes piedras. Piedras del tamaño de una casa que sólo escalándolas podría un occidentalis subirlas.

En esos lugares para deleite de viajeros existe el chino-mono. Un hombre que sólo con sus manos y sin apoyar los pies trepa las piedras de montaña. Cuando llega arriba salta como si la “hazaña” no fuera a repetirse nunca más.

Estas piedras dan más belleza al paisaje. Lo hacen ríspido, y cuando se observan de cerca huelen a plomo, mierda de vaca y plomo. A distancia, estas piedras parecen cartón.

Si en occidente el paisaje implica verde: extensiones de hierba con ríos, lagunas, montañas, etc., en China no. En China el paisaje es mental. Las piedras se convierten en cerebritos que observan y los ojos no pueden descansar un minuto, vigilan.

Cierta vez, andando de Shexuon a Huangcheihuan vimos como varias personas se abofeteaban entre ellas, intentaban estrangularse, y uno corría hacia el borde de montaña (precipicio) abría los brazos y se tiraba. Por lo que se sabe este tipo de suicidio es muy frecuente en la república, lo llaman movimiento descoyuntado hacia el sueño.


En carreteras de montañas hay puestos de frituritas. Estos puestos están atendidos por personas que visten trajes típicos de región y cantan en voz baja mientras los comensales meten los dedos en salsa agridulce y lo llevan a la boca.

Los puestos son pequeños. Ofrecen espacio sólo para dos personas y una plancha de metal mediana con trocitos rectangulares de carbón. Cuando el vendedor atiende, la mujer se agacha junto a una banqueta de madera y contempla. Más tarde, corre a ofrecer xixém y palillos color nácar. Estos palillos, dijeron antes de retirarse, significan good look y lo regalan a todos los que los visitan.

De ahí que estos puestos sean reconocidos y se repitan uno a uno en toda la república.

Por la noche, se iluminan con bombillas de diferentes colores.


GRAN MONGOL

Gran Mongol es pequeño: 1.62 aproximadamente, de ojos rasgados, amarillo, con grasa. Su chaqueta beige y su manera de caminar lo hacen parecer un hombrecito de Ozu. Tiene más o menos cincuenta y dos años.

En carreteras de montaña evita muy bien la presencia de camiones y adelanta a precaución. Cuando se refiere a ellos dice: el enemigo —cerrando fuertemente la mano. En carreteras de meseta maneja a gran velocidad, impulsándose o atrasándose según se necesite para “tirar” fotos.

Algunas noches cuando nos detenemos en algún hotel Gran Mongol canta. Va hasta el karaoke, en cantonés caja de repetición, e interpreta canciones empalagosas: New York, New York a la manera de Frank Sinatra o baladas pop chinas. (Como ni Maki ni yo entendemos preferimos mirar el decorado o salir a “conversar” por el pueblo).

Cada entrada de Gran Mongol en una Caja de repetición puede durar dos o tres horas. Se sientan todos alrededor de una mesa y hablan en voz baja. Si alguien hace un chiste sonríen con una carcajada única, que explota de pronto y se detiene. Todo lo contrario a occidente: risa dilatada.

Cuando alguien se decide a cantar callan. Observan con los ojos muy abiertos hacia el set y aplauden. Después, invitan al singer a la mesa, lo hacen tomar “cola de dragón” y masticar “oruguitas del cielo”. Le preguntan por la familia y lo presentan al resto de los comensales con una reverencia de cabeza. Más tarde todos se despiden.

Como Gran Mongol sabe canciones en inglés los aplausos se redoblan y lo “obligan” continuamente a volver a cantar.

Si los aplausos no han sido suficientes Gran Mongol maneja como si las carreteras de fango fueran pista dura. Acelera hasta el delirio y frena de pronto, da golpes contra el timón, patea ...

Si los aplausos han sido suficientes maneja de buen humor, se acopla a la velocidad necesaria para manipular la cámara polaroid y pide permiso para encender el radio.

En esos días es de gran ayuda. Habla poco y escoge lugares que según dice son pura fotografía. Cuando replico, contesta: los occidentales no conocen la pincelada única...
Sus modales son lentos.


CAJAS DE REPETICION

En China, al contrario de occidente, las Cajas de repetición (huanxhipó) son pequeñas. Sólo cuatro o cincos mesas y un televisor grande. El que canta se coloca en medio y es aplaudido cuando finaliza. Nadie que no sea occidental ríe.

Las personas que atienden en las Cajas de repetición son jóvenes: muchachas de quince a veinte y cinco años vestidas con sayas cortas de cuadros rojos y blusas blancas. Ninguna lleva cadenas ni pulsos, sólo un tatuaje en el extremo superior del brazo derecho. Para llamarlas hay que decirles miss y chasquear los dedos. Todas piensan por alguna razón que uno habla inglés y enseguida corren a practicarlo. Cuando se dan cuenta que el cliente no es norteamericano sonríen.

En las Cajas de repetición no se venden bebidas alcohólicas. Se vende xixém como en los puestos de frituritas, y té de las diferentes regiones del país.

Hay un té llamado “cola de dragón”, otro “aguas del yangtsé”, otro “paseo de primavera”.

El “cola de dragón” se toma con aceite. Se prepara con buanxhi (azúcar de remolacha) a gusto y según las instrucciones es recomendable para dolores de reuma. Se hace con flores de la región de Huangcheihuan.

El “aguas del yangtsé” se toma frío. Es color granate y lo sirven en pozuelos de porcelana con ojetes transparentes. Si alguien levanta esos pozuelos verá como los ojetes cambian y toman el color de la luz que los ilumina. Este té es oriundo de Jiayúm, China central.

El “paseo de primavera” es blanco. Se hace moliendo tallos de guin, arbusto que crece en Xonjhia, y se fermenta con canela, jenjibre y pétalos de flores. Se consume en toda la república y en algunos lugares le agregan polvo de maní, cosa que le matiza el sabor. Por su espesor, y la lentitud con que hay que tomarlo, le llaman té de diálogo.

En las Cajas de repetición no hay adornos.

Sus paredes están forradas con tafetán oscuro, parecido al que usan los plomeros para envolver sus herramientas, y las luces penden dentro de bombillas artesanales que se reemplazan a propósito de la estación: rojas para el invierno, verde para el otoño, blanco para la primavera, azul para el verano.

A fin de año, estas Cajas son convertidas en Salitas de arroz. Las mujeres se adornan con trajes tradicionales que varían según las etnias y sirven de mesa en mesa pequeños platos con ingredientes a-medio-hacer. Después se colocan en fila y hacen un ritual de bienvenida por año nuevo.

Ese día está “prohibido” acostarse temprano.


BOMBILLAS

En la república las bombillas son de papel.

Si en occidente las luces son disimuladas bajo objetos mutantes, en China no hay variaciones. Los artesanos fabrican bombillas de papel: de arroz, cebolla o hilaza de árbol, y lo único que cambia es el ideograma o el dibujo.

Para un chino la perfección no consiste en inventar cosas nuevas constantemente, sino en llegar al grado último de sutileza en la repetición de lo mismo. De ahí que desde hace milenios vengan practicando este arte.

Las bombillas pueden ser cuadradas, redondas, rectangulares. Con pliegues cuando están destinadas al recibidor de una casa o lisas cuando van a colgar en el salón de un hotel.

Algunas poseen paisajes: un pájaro sobre una rama, una piedra, un puente, una escena de cacería... Otras, ideogramas con mensajes de aliento.

El interior de estas bombillas es muy sencillo: una armazón de madera con palillos cuadrados y pegamento especial para unir cada palillo a la ranura más próxima del otro. Después de dos días al aire libre, esta armazón es empapelada y vendida.

Ahora, este arte con el éxito se ha banalizado. Por ejemplo, en un go-go de Jiayúm vimos bombillas de papel grandes, cerca de un metro, con representaciones masoeróticas: un chino con un látigo golpea a otro mientras una mujer le pasa la lengua por las heridas y otra con un falo manipulable lo encula.

Pero, por lo general, las bombillas son pequeñas y se fabrican con mensajes de tradición: “suerte en la vida futura” o “una persona que no confía en su familia no podrá confiar jamás en sí misma”.

Desde principios de los años sesenta estas bombillas se exportan.


CARRETERAS DE MESETA

Las carreteras de meseta son amplias. Atraviesan de una provincia a otra el país y facilitan viajes y transporte de mercancías. No hay pueblo o ciudad que no dependa de las carreteras. Si hay que hacer alguna compra, se sale y se va a uno de los locales construidos en ellas. Si hay que distraerse, igual. Las carreteras son tuberías de impulso. Por ellas se conduce a alta velocidad y sólo se frena si hambre o aburrimiento aparecen.

Único problema, alargan los viajes.

Si una carretera de montaña reduce la distancia de un lugar a otro, una carretera de asfalto da vueltas alrededor del obstáculo hasta engancharse a otra salida y ofrecer continuación.

No hay en la república carretera de meseta que se sostenga en línea recta durante ochenta kilómetros. Siempre una elevación o un precipicio, un desvío o un descenso.

Esto ha convertido a China en un caos, donde el constante flujo de autos y personas semejan gusanos que corren por el ojo podrido de un animal.


En carreteras de meseta el tiempo no pasa. Son tan largos los viajes que al lado de hoteles, cafeterías, garajes, roadmovies, templos budistas, han proliferado cabinitas verdes para disminuir la tensión.

El viajante entra en esas cabinas: aproximadamente cinco, una al lado de otra, y rompe con una pelota maciza objetos que se fragmentan y producen un ruido semejante al cristal: vasijas, tazas, espejos, retratos, etc.

Se dice que ese sonido relaja mucho más que una o dos horas de sueño, y parece que sí. Después de haber andado cinco días por carreteras de meseta y tres por carreteras de montaña, reímos nuevamente y hablamos de las posibilidades que ofrece una sociedad de contraste para un fotógrafo interesado en “el ritual político de los objetos” y “zonas de devastación por cercanía de ciudad”.


Las carreteras de meseta tienen curvas muy peligrosas.

En una de ellas (Zhuixin-Luanpong) observamos unos de los choques mas comentados de la república: dos camiones Fiat uno frente al otro, ocho muertos, cancelación de vía por seis horas.

Según las autoridades los cuerpos de los tripulantes quedaron guillotinados repetidas veces y de los dos niños que iban en los Fiat sólo encontraron una pierna y pedazos del cuerpo.

En esta región (Curva sur de Luanpong) el paisaje es muy árido. Grandes extensiones de tierra hacia un lugar y otro, árboles quemados, peste.

En otros lugares no. En otros lugares se ve un pueblo a lo lejos o campesinos entre cuartones de arroz o montañas o restos de la gran muralla Chu. Pero en esta zona: manchas de sangre y choques continuos, huesos.

El paisaje más hermoso que observamos en carreteras de meseta es el de una cafetería: mitad modelo americano, mitad restaurante tradicional, rodeada de vacas y un pasto extenso con canoas alrededor para echar agua.

Según dijeron, el dueño de la cafetería es el dueño de las vacas, y todas las mañanas las pone a pastar detrás de su negocio hasta la noche, hora en que las recoge e introduce en una caseta.

Y es que en la república los animales están muy controlados.

Los dueños de vacas, por lo general dueños de negocios, contratan la fuerza-pública-de-región (huanzó) para evitar el tráfico ilegal y la matanza indiscriminada de animales. Esto ha convertido a los huanzzó en una maquinaria eficiente de orden, con permiso a desplazarse libremente por la zona e inspeccionar sin exclusión todos los pueblos. Sólo en el tramo Huangcheihuan-Juyongtai nos registraron diez veces.

Cuando un extranjero llega a un pueblo lo más natural es que le intenten vender pequeñas tallas de Buddha o representaciones en imitación marfil de la diosa Zhao Tá con los brazos levantados regando lluvia de campo.

Para realizar esta venta colocan mesas en las puertas de sus casas y toldos ocres con inscripciones en inglés, prenden sándalo, se mueven de un lugar a otro e invitan al cliente a fijarse en “la armonía que posee el rostro de Buddha, Zhao Tá o Mo Lao Zhu”. Si el cliente se decide sólo tendrá que estirar el brazo y decir: é, con la boca semicerrada, enseguida guardarán en una cajita la representación e inclinando la cabeza la entregarán.

Una talla de buddha lo más que puede costar son setenta centavos dólar.


FUMADEROS DE OPIO

Los Fumaderos de opio están prohibidos en la república.

Un decreto emitido a finales de los años sesenta clausuró legalmente todos los fumaderos y redujo a “perversión” el opio y todo lo que había generado como cultura, encarcelando durante veinte años a los emperadores este-oeste y prohibiendo cualquier referencia o mención pública sobre los mismos.

Si un occidentalis quisiese visitar ahora los fumaderos tendría que hacer un descenso a los infiernos. Primero, por la escasez y el miedo que genera la represión estatal. Segundo, por el control de los actuales wangxhi y la lejanía de los lugares donde están insertados.

No hay en toda China más de doce fumaderos, disimulados en antiguas casas de campo o en ciudadelas abandonadas de la periferia. Sin embargo, se llenan tiempo completo y sólo se vacían cuando el opio termina o el tiempo por una razón u otra impide el viaje hasta esos lugares.

Lo primero que sirven en los fumaderos son las pipas: largas y con una chapilla de bronce que reproduce nombre y año de confección: El sol sobre Jiayúm, 1912.

Lo segundo, el opio.

A diferencia de lo que cree occidente hay varias clases de opio, aunque los fumaderos del oeste se especializan en tres:

Opio gris (o la sonrisa del pájaro)

Opio verde vejiga (o aliento de dragón)

Opio rojo cieno (o estrellas detrás de las montañas)

El opio gris es el que despierta las sensaciones y calma dolores físicos. Produce sueño, bienestar, alivio... En estado de no refinamiento es soluble en agua.

El verde vejiga produce alucinaciones, excitación. Se consume para un mejor desempeño sexual y aparte de fumarse se mastica.

El rojo cieno es el opio de la intensidad. Hace entrar al individuo en lucidez y es el que con más frecuencia consumen los estudiantes, en forma de cigarrillos o mezclado con tabaco antes de las pruebas.

Según Wei, dependiente de El sol sobre Jiayúm, se entra en la corriente del opio cuando se fuman las tres pipas y uno puede detenerse a observar “las ondas que produce el toro en el gran lago”.
Los rostros de las personas que frecuentemente acuden a los fumaderos son impresionantes: chupados como hollejos y sin dientes, encía ennegrecida, mentón caído, pálidos; con una pipa todo el tiempo en la boca y hablando-caminando solos, como si hubieran abierto un engrama complejo y difícil de destapar.

A estas personas las llaman gután, y significa “el que da vueltas alrededor de su cabeza”.

A los fumaderos también asisten mujeres, aunque con ellas sucede algo curioso: se les suministra gratis el opio con la obligación de subir tiempo después a un estrado y narrar lo que “observan”. Así, cuando nosotros estábamos ya consumiendo el opio de la excitación, una mujer aseguró “ver” un caballo que daba vueltas alrededor de un árbol que en vez de frutos paría ratones. La imagen de un ratón (o una rata) colgada de una rama me dejó pensando y empecé a olisquear ratones por todas partes: ratones grúas y ratones martillos, ratones hachas y ratones bocas, que mordían y se abalanzaban sobre mí enseñando los dientes. Uno de ellos dijo: Yo estoy por encima del concepto ratón, e intentó cortarme el brazo.

Una de las particularidades de los fumaderos son sus pantallas, rectangulares y blancas. Cuando las mujeres terminan de hablar, transmiten cintas pornos o cintas amateurs de niñas contando experiencias sexuales. Según parece este tipo de “documento” es lo que más gusta. No aparecen escenas de violencia, ni personajes en determinada posición, sólo una niña, close up o plano general, refiriendo cómo hizo sexo con más cual o tal persona. Eso sí, estos relatos están llenos de pequeños detalles.

Cuando no se proyecta película la atmósfera en los fumaderos es apacible, con una musiquita ligera que ayuda a metabolizar el opio y una neblina donde las cosas —cabezas y pipas incluídas— parecen flotar.

Meses después, cuando ya nos habíamos instalado de nuevo en occidente, recibimos una carta de Gran Mongol explicando el desmantelamiento de algunos fumaderos, y fotos con imágenes de arrestos y lugares detectados. En una de estas imágenes se ve a una persona mientras un policía le agarra las manos y otro lo apalea con un pie sobre la cabeza.

A esta operación los periódicos la llamaron “mover los muebles de lugar sin quitar el polvo de encima”.




CONTORSIONISMO

En China el contorsionismo es tradición. Se aprende de familia en familia y se practica en circos improvisados o a orillas de carreteras. A veces una mujer, a veces una mujer y un hombre, a veces dos hombres.

La que más nos impresionó fue la que después apodamos la mujer de Zhinku. Se descoyuntaba muy despacio y había en sus movimientos algo más que el placer técnico de mover hacia un lado u otro los pies. Lo hacía con tanta calma que apenas te dabas cuenta, como un muelle que es doblado sobre sí mismo a presión.

Uno de sus números ocurría encima de una vaca. Cuando adquiría la posición más extraña, la vaca giraba alrededor del público y dejaba ver diferentes ángulos a exposiciones diferentes de luz. Cuando no, la vaca se mantenía inmóvil y sólo azotaba su rabo produciendo un chasquido sordo. La rigidez de la mujer y el vaivén sonoro del rabo constituían en su pequeño set otro espectáculo.

Lo increíble de esta contorsionista es que cuando realizaba sus actos no movía los ojos. La concentración era tal que podía estar horas en ese estado sin observar hacia ninguna parte. Al terminar, deshacía su nudo y se incorporaba lentamente moviendo sus brazos, con flexiones de hombros-codos e inclinando desmesuradamente las piernas hasta quedar de pie.

Cierta vez que la recogimos (tramo Zhinku-Befendong) dijo: El contorsionismo es el arte de hablar sin que los demás nos oigan.


GARRAPATAS DE ALGODÓN

La garrapata de algodón es pequeña, ocre. Sus colonias están organizadas en estados y es una de las poblaciones más temidas del oeste-sur-centro de China.

Según se sabe, una plaga de garrapatas puede devorar en pocas horas cantones enteros de algodón.

Lo interesante de este insecto es que no sólo destruye la planta, sino que ahueca y empobrece la tierra, cosa que no pasa con la langosta o el trips. Cuando una colonia se asienta en un campo, debido a la serie de venenos e insecticidas que se utilizan para su desaparición, la tierra se cuartea (funxawhi) y se arenifica convirtiendo campos intensamente productivos en predesiertos.

Como la garrapata de algodón es un animal tan pequeño (dos centímetros a lo sumo) sus poblaciones son numerosas y su tiempo de acción rápido. Los machos por el día se dedican a devorar algodón, mordisquear hojas y triturar tallos; las hembras, a construir garrapateras.

Cuando exterminan un campo completo de garrapatas, los campesinos las recogen con palas y reúnen en cuatro o cinco montañas tamaño suizhé (caseta de herramientas). Después, riegan terreno y montañas con petróleo y lo prenden. No hay movimiento más hermoso que el de las hembras corriendo por el suelo para no quemarse y el del fuego sobre la tierra achicharrándolas.

De esta quema sólo algunas se salvan. Los niños las atrapan, cortan a la mitad y en una plancha de metal las fríen; más tarde las mastican como aperitivos.

La garrapata de algodón en condiciones favorables alcanza hasta cuatro meses de vida.


MUSEOS DE GUERRA

Los museos de guerra son teatricos de marionetas. Han sido ensamblados con fotografías blanco-negro de grandes dimensiones y con un pie de foto donde se identifica héroe, ciudad natal, fechas. Estos paneles con imágenes de hombres muertos, sin ojos, o torturados son conocidos en la región como hijos del pueblo.

Detrás de los museos hay pequeños cementerios. Una bóveda de piedra con ventanas de cristal y cajitas con polvo dentro. Delante de la bóveda, bancos de piedra para que familia y amigos se sienten.

Como los museos son lugares tensos, los músicos de la república “incitados” por el estado componen piezas solemnes para ayudar a crear clima y ofrecerle a estos lugares el pathos que de otro modo no poseerían.

Así, cuando recorríamos el Fonxhuá con un grupo de lituanos, vimos varias mujeres espantadas ante la “fuerza” de aquellas fotos y la música que como martillo les rajaba la cabeza.

La nota cómica la puso Lola, una grulla blanca , símbolo del museo y mascota del camarada Chung —secretario de finanzas de la república—: se dedicó a perseguir a las lituanas y picotear los paneles donde los hijos del pueblo son reverenciados día a día por los visitantes. Cuando nos alejamos, vimos como aquellos rostros con huecos en los ojos y manchas de sangre en la boca más que héroes parecían muñecos agujereados por el horror.

Como la lógica de los museos es imponer naturalidad, una de sus estrategias son los muestrarios de objetos: botas con fango/saliva, pedazos de reloj con restos de cráneo, chapillas con marcas de balas, orinales manchados, etc.

Esto ha convertido al Fonxhuá en uno de los más concurridos. Allí se encuentran en vitrina las manos del general Wong, genio militar de las guerrillas. Según el folleto: Treasures of Fonxhuá Museum, este general fue apresado por un comando de infantería y una de sus torturas consistió en cortarle poco a poco las manos hasta que se desangrara. Posteriormente fueron entregadas al frente maoísta y exhibidas como fetiche ideológico para el advenimiento de las nuevas generaciones.

Cuando se las ve de cerca, cada mano posee número de inventario e ideograma de identificación.
Sin embargo, a pesar de su relación con la muerte los museos son excelentes lugares de descanso. Sirven para escapar del tedio que engendran los días en carreteras, y poseen pequeños locales donde venden banderitas con lemas de la república y sombrillas con pliegues para el sol. Única cosa desagradable: prohibido “tirar” fotos.


AUTOPISTAS

Las autopistas del oeste son célebres. Se alargan como lombrices por la periferia y conectan pueblos entre sí formando pasillos de movimiento en todas direcciones.

Lo mejor de estas autopistas es que no agotan. Han sido diseñadas con grandes rampas en los laterales y miradores sombreados para observar las ciudades más cercanas.

Así, Huangcheihuan puede ser vista en relación al lago Yantzú, o a los puentes que cruzan los diferentes codos de ríos y subdividen la ciudad en dos islas. Una al sur: ciudad vieja, con tiendecitas de anticuario y vida bohemia sin parangón en la república; otra al nordeste: ciudad nueva, con los emporios económicos de mayor peso y las cárceles más tecnocráticas de toda China.

Lo curioso de estas autopistas es que atraviesan la ciudad con gran armonía, por encima de los edificios más altos o las casas estilo trailer visibles en casi toda la república. Y esto lo hacen sin romper la arquitectura, agrietar el paisaje, o convertir la ciudad en una mole de hierro y quincallería volante.

Una mañana, caminando por Huangcheihuan tuvimos la impresión de que encarnábamos personajes de algún documental del medioeste norteamericano.

Otra de las atracciones de las autopistas son sus templos. Pintados de verde con una recámara estrecha y un buddha de cartón de medio metro de altura. Como los viajes de una provincia a otra se alargan durante días, los monjes de la república llevan estos templos prefabricados por todas las carreteras, enganchados a un camión que ellos mismos conducen, y en ciertos tramos los “abren”. No resulta difícil ver entonces una pequeña cola delante del templo, una-dos personas orando, o una familia en silencio.

A esta modalidad de camiones con templos detrás y un buddha enano pintado de blanco, lo llaman: budismo de carretera.

La diferencia entre este budismo y el que se practica en templos tradicionales radica en la manera en que se toca el tamborcillo de ritual (ko´on). Mucho más ligero y sin intermitencias, con varios golpes que se repiten invariablemente mientras las personas se encuentran en “reposo”. Esta musiquita permanece hasta que el usuario “despierta” o levanta, y no para de golpe, sino que se lentifica y desaparece a los segundos.

El precio de entrada a estos lugares es veinte yuans.


Si un camión se rompe o revientan algunas de sus gomas, los monjes sin ayuda alguna lo arreglan. Según Gran Mongol son malos conductores y buenos mecánicos, han sido los causantes de cientos de choques y provocan situaciones de extremo peligro en carretera. Aún es recordado el día en que uno de estos monjes se quedó dormido, mató a catorce niños al arrasar con una escuela en la región de Shi, y huyó mientras la estatua de buddha —sonriente— caía del camión y se mantenía de pie en medio de sangre y quejidos. Desde entonces, a ese lugar asisten en peregrinaje miles de creyentes; lo apodan “estancia de buddha en Shi”.

Lo cierto es que cada vez que vemos a un monje arreglando un camión o raspándose la grasa de los dedos nos preguntamos cómo es esto posible y sonreímos. Más que monjes parecen diablillos de una película de Buñuel.

La semana antes de marcharnos paramos en uno de los entronques autopista-carretera de meseta e intentamos fotografiar a los monjes. No lo permitieron. Se comportaron de manera huraña y después de taparse la cara, caminar hacia varios lados, gritarse entre ellos..., se acercaron con los puños cerrados y lanzaron piedras. Cuando estábamos relativamente lejos paramos e hicimos muecas. Uno de ellos rió, se sacó el pene, orinó. Esa actitud puso en crisis todo lo que hasta ese momento pensábamos del budismo.

El Huangcheihuan Sun ha revelado que en toda la república hay más de mil camiones consagrados a buddha.


B.

Beijing es un imperio. Es la ciudad política por excelencia, y según nos confesaron nada se mueve sin que el estado no lo sepa. Para esto la república aplica medidas extremas, hace que cada ciudadano vigile al otro y denuncie ante juridicciones que se encargan de procesar al individuo y construir una cadena culpa/salvación.

Es famoso aún el caso de los dos carpinteros que ante la acusación de venta-ilegal-de-madera-pulida denunciaron poco a poco a cincuenta y dos personas, incluyendo administradores y maestros operarios que se encargaban de controlar el mercado y regular precios. Esto hizo que la madera se volviera inaccesible y personas dedicadas a la escultura, ebanistería, etc., tuvieran que dedicarse a otro oficio hasta que las autoridades olvidaran el caso y el negocio de madera adquiriera nuevamente fuerza.

Ahora, esto no hay que leerlo con horror. Los beijineses son personas muy flemáticas y les gusta percepcionar su vida como si fueran comedias de enredos. Estos juicios más que angustia despiertan “deseo de continuidad”.

Si hubiera que buscar una palabra para definir B., sería esta: maqueta. La ciudad se levanta sobre avenidas rectas, con calles anchas, y su arquitectura es ¾ tradición , ¾ estilo moderno. Desde un edificio alto se pueden ver casi todos los edificios, y visto así ofrece la impresión de algunas ciudades del norte de Europa.

Visión equívoca...

Beijing es caricaturesca y más que ciudad parece máquina de burla. Los edificios han sido rematados con lumínicos y ventanas ciegas, mientras las casas, estilo neoclásico, terminan con techo de pagoda u otro elemento donde se hace visible la mezcolanza de estilos.

Lo mismo sucede con las iglesias: treinta porciento de población católica. Las construyen con un material derivado del plástico reforzado con caucho-gravilla, y pintan rojo o magenta con cristales alrededor, cruz encima. Gran Mongol con una sonrisita dice que esas son las cafeterías de dios.

Otra de las atracciones de B. son sus máquinas de multiplicar dinero (gonsuwhoxig). Los jóvenes se apilan alrededor y por unos cuantos centavos ganan el equivalente de cinco dólares. Lo terrible es cuando estas cajas de metal se traban. Toda la parsimonia china se descompone y dan patadas a la máquina hasta que funciona o devuelve el dinero. Entonces salen sonriendo y van hacia otra máquina.

Una tarde caminando hacia casa de Lu Zhimou (escritor), vimos cómo varios adolescentes descascaraban una de estas máquinas, golpeaban al celador, vigilante de distrito, y después corrían.

Sin embargo, Beijing es una ciudad tranquila. Apenas hay ladrones y la mayoría de los muertos más que a asaltos o robos responden a la prohibición-de-salida-después-de-las-diez-de-la-noche, hora en que es imposible acceder a transporte y personas con enfermedad o heridas tienen que esperar las seis de la mañana para llegar a hospitales.

Así, en casa de Zhimou, algunos escritores pidieron disculpas por marcharse “tan rápido” y explicaron que las personas sorprendidas en la calle después de hora de toque son encarceladas por contravenir disposiciones oficiales de la república. Zhimou relató cómo los escritores se vigilan entre ellos, y para reunirse con occidentales deben pedir “consejo” a la institución central. Si alguno desafiara esta regla, lo más posible es que desaparezca en un pueblecito de provincia.

Cuando intenté tirarles una foto taparon la lente y dijeron no. Los escritores de la nación no deben dejar que occidente los mire. Así que se levantaron, estiraron sus camisas y se fueron. A los minutos, la esposa de Zhimou —traje tradicional, pulsos— apareció con pipas largas, cajitas de opio y té.

(No tuvo que rogarnos mucho. Aceptamos).


AEROPUERTO

El aeropuerto de Beijing es como una pecera. Fue construido con cristales gruesos que amplifican la visibilidad y escaleras rodantes que entrecruzan los edificios hacia diferentes salones. Cuando un avión aterriza o se marcha, estas escaleras de baranda plástica transparente y alfombra carmelita convierten al aeropuerto en un hormiguero.

En lo alto de sus paredes hay vitrales. No pequeños o medianos, grandes. De más o menos cuatro metros de longitud. Representan el vía crucis chino a través de la historia y, en uno de ellos aparece un Mao gigante cortándole la cabeza a un dragón que suelta sangre por la boca. Este vitral, frente por frente a la pista, obliga a los pasajeros que regresan a quedarse observándolo.

Cuando nos acercamos, leímos: Sólo un gran líder junto a su pueblo es capaz de cortarle la cabeza al dragón.

En otros, Mao siega espigas con una hoz y enseña lectura a diferentes niños en una escuela.

Estos vitrales, de colores llamativos y junturas delgadas son los más fotografiados de los tres edificios.


Para llegar al aeropuerto hay que cambiar varias veces de autopista. Primero la que conduce a Shuking; después la que bordea la termonuclear-2; más tarde la definitiva.

Como se sabe, las autopistas poseen rampas destensionadoras y cuando paramos en una de ellas, el desmontaje de cajas de pescado en los muelles y los campesinos arando tierra a decenas de kilómetros, parecían más que hechos aislados, el acople natural de un soloúnico espacio.

Lo mismo sucedió con el cementerio. De lejos: diagrama rectangular con señales y flechas; de cerca, lugar de meditación y “encuentro”.

Lo interesante de las costumbres chinas es que en vez de llevar flores o comidas a los cementerios: usual en diversas culturas, llevan piedras rotuladas con alguna frase o imagen. Por ejemplo: “tu hijo que aún te ama” o figura-de-familia-sentada-a-la-mesa. Así, había tumbas con montañas de piedras encima y otras con dos, tres piedras a los lados.

Estos cementerios son muy sobrios. Sólo una cruz de madera-cemento clavada a tierra y una tarja pequeña de bronce con nombre del fallecido y fechas.

Alrededor, árboles.

Gran Mongol después de estar arrodillado varios minutos, nos contó como su padre enterró un gancho de carnicería en el cuello de su madre y la arrastró por Shuking “para que aprendiera de una vez por todas a no alzarle la voz a su marido”. Después la colgó en la tiendecita del pueblo y huyó.

Este hombre, más tarde se supo, fue baleado intentando cruzar la frontera con Siberia.


El aeropuerto de Beijing es silencioso. Las personas no hablan entre sí o se lanzan frases cortas en voz baja inclinando la cabeza y acercando desmesuradamente la boca al otro. El movimiento de torso los hace parecer tentempiés que caen-levantan.

Cuando presentamos nuestros pasaportes en la cabina de verificación, los oficiales comenzaron a mirarse entre ellos y observarnos detenidamente intentando superponer nuestro rostro al del pasaporte. En esto demoraron varios minutos, tiempo que aprovechamos para despedirnos de Gran Mongol y abrazarnos.

Una vez dentro, un policía de aduana se acercó y mediante señas dio a entender que había problemas con nuestro equipaje. En la oficina, las fotos polaroid, 750 en total, estaban desparramadas sobre la mesa y dos oficiales las examinaban cuidadosamente. Al advertir nuestra presencia, el oficial-hombre: traje con chamarretas rojas, ojos saltones, se acercó y golpeándome el pecho con el índice dijo: “Tú no saber nada de China”. A lo que no respondí intentando captar los detalles de la situación: mesa de hierro, tres fotos tamaño mediano de dirigentes de la república, paredes grises, oficial-hombre, oficial-mujer, papeles...

Después de ubicar las fotos en montones desiguales el oficial-hombre, que salía constantemente y consultaba con alguien de voz parecida a la de Gran Mongol, señaló: “Estas son las que ustedes llevar”, empujando hacia delante un bultico de aproximadamente doscientas fotos.

Las recogí e introduje en un sobre amarillo. Cuando pregunté por las otras, nos miró, y casi sin abrir la boca dijo: “Distorsionan imagen de república” —haciendo un gesto de fin de todo diálogo.
Así que salimos a la pista y nos incorporamos a la cola de escalerilla del avión. Observé nuevamente el Mao. Las venas del rostro se le inflamaban y el dragón ya no soltaba sangre por la boca, sino que giraba frenéticamente sobre sí mismo y reía...

Apreté nuevamente el paquetico con las fotos.

Subimos.

Noche de San Juan. Solsticio de verano.

23 junio 2009

Quemar lo viejo. Purificar. Viejas ideas que siempre pueden traernos nuevos efectos.

Tal vez sea hoy una buena justificación para comenzar de una vez mi cuentinovela tantas veces pospuesta.

Y comenzar a reunir los poemas que conservo (aquellos que sobrevivieron a mi dispersión y tantos extravíos) en un volumen.
Noche de San Juan. La noche más corta del
año.

Más vigilada en esta ocasión en Valencia.
Multas de hasta 6 000 euros.

Rituales para la noche de San Juan.

¿Y tú, qué harás? ¿Nuevos planes,
proyectos nuevos?

La entrevista de Guillermo Cabrera Infante a Marlon Brando.


En el blog de Rosa Ileana Boudet, Lanzar la flecha bien lejos, podemos descargar en pdf (ocho megas, pesa mucho, eso sí), la entrevista de Guillermo Cabrera Infante a Marlon Brando, publicada por la revista Carteles en 1956. Gracias amiga, por la oportunidad.

Cinco obstáculos para decir la verdad, por Bertolt Brecht

22 junio 2009

A veces pensamos que es suficiente con decir la verdad, con ser sinceros.

En algunas ocasiones olvidamos al personaje de El Fogonero, en
América, de Kafka, que mientras más sincero es en su defensa, más se hunde. Tiene razón, e incluso se apasiona por ello, y cree que ya con esto basta para que sea haga justicia.

¿Error de muchos cubanos de
adentro y de afuera, que en ocasiones olvidamos que importa muchísimo el procedimiento, y pensamos, sin embargo, que exponiendo nuestro testimonio en papel de víctimas o perseguidos, que ya con esto, es suficiente para que nos escuchen y nos crean?
De ahí la importancia de los libros de Primo Lévi cuando narra los horrores vividos en un campo de exterminio. ¿Quién y cómo se narran esas historias?

Escriben Deleuze y Guattari: "Pero mientras la expresión, la forma y la deformación de ésta no sean consideradas en sí mismas, no se podrá encontrar una verdadera salida, ni siquiera a nivel de los contenidos.
Sólo la expresión nos da el procedimiento".

Creo que será siempre útil releer el texto de Bertolt Brecht
.




Cinco obstáculos para decir la verdad, por Bertolt Brecht.

"Quien hoy día quiera luchar contra la mentira y la ignorancia y escribir la verdad, tiene que superar al menos cinco obstáculos. Debe tener el valor de escribir la verdad, a pesar de que en todos sitios se reprima; la perspicacia de reconocerla, a pesar de que en todos sitios se encubra; el arte de hacerla útil como un arma; el buen criterio para elegir a aquellos en cuyas manos se haga efectiva; la astucia de propagarla entre ellos. Estos escollos son considerables para aquellos que escriben bajo el régimen fascista, pero también existen para aquellos que fueron perseguidos o huyeron, e incluso para aquellos que escriben en los países de la libertad burguesa.

El valor de escribir la verdad. Parece evidente que el escritor ha de escribir la verdad, en el sentido de que no ha de reprimirla o silenciarla y de que no debe escribir nada que no sea verdad. No debe doblegarse ante los poderosos, no debe engañar a los débiles. Por supuesto que es difícil no doblegarse ante los poderosos y en cambio muy ventajoso engañar a los débiles. No agradar a los potentados significa renunciar a la propiedad. Renunciar al pago por trabajo realizado supone, según los casos, renunciar al trabajo, y rechazar la fama entre los poderosos implica muchas veces rechazar la fama enteramente. Para ello hace falta valor.

Las épocas de represión extremas son casi siempre épocas en las que se habla de cosas grandes y sublimes. Hace falta valor para hablar en esas épocas de cosas tan pequeñas y mezquinas como la comida y la vivienda de los trabajadores, en medio de tantas voces que gritan que lo importante es el sentido de sacrificio. Cuando se colma de honores a los campesinos, es una muestra de valor hablar de máquinas y piensos baratos que pudieran facilitarles su tan loado trabajo. Cuando todas las emisoras gritan que es mejor un hombre sin conocimientos ni formación que uno que sabe, entonces es una muestra de valor preguntarse: ¿mejor para quién? Cuando se habla de razas perfectas e imperfectas, es una muestra de valor preguntar si el hambre y la ignorancia y la guerra no generan grandes deformaciones. Del mismo modo hace falta valor para decir la verdad sobre uno mismo, sobre el vencido. Muchos de los que son perseguidos pierden la capacidad de reconocer sus fallos. La persecución les parece la mayor de las injusticias. Los perseguidores son los malvados, puesto que son los que persiguen; ellos, los perseguidos, son perseguidos a cuenta de su bondad. Pero esa bondad ha sido vapuleada, vencida y prohibida, y era por lo tanto una bondad débil, una bondad mala, efímera, nada fiable. Porque no es posible asignarle a la bondad la debilidad, como a la lluvia su humedad. Para decir que los buenos fueron vencidos no porque eran buenos, sino porque eran débiles, para eso hace falta valor. Por supuesto, hay que escribir la verdad combatiendo la falsedad y no puede ser algo general, sublime, ambiguo. La falsedad es precisamente de esa manera general, sublime, ambigua. Cuando se dice de alguien que ha dicho la verdad, es que algunos o muchos o uno de los otros han dicho algo distinto, una mentira o algo general, pero él ha dicho la verdad, algo práctico, real, irrefutable, dando justo en el clavo.

Hace falta poco valor para lamentarse en general por la maldad del mundo y el triunfo de la brutalidad y amenazar con el triunfo del espíritu, en una parte del mundo en el que esto aún está permitido. Y entonces muchos actúan como si hubiera cañones apuntando sobre ellos, cuando lo único que les apunta son unos anteojos de teatro. Proclaman a gritos sus exigencias de tipo general a un mundo de amigos de gente insignificante. Exigen una justicia global en pro de la cual jamás han hecho nada, y una libertad universal para conseguir una parte del botín que durante tanto tiempo han tenido que compartir. Sólo consideran verdad lo que suena bien. Y si la verdad es algo numérico, seco, real, algo que cuesta trabajo encontrar y que requiere estudio, entonces para ellos no es verdad ni nada que les ponga en trance. No tienen más que el comportamiento aparente de aquellos que dicen la verdad. Lo miserable de ellos es que no saben la verdad.


La perspicacia de reconocer la verdad

Puesto que es difícil escribir la verdad, ya que en todos sitios se reprime, parece que para la mayoría escribir la verdad o no es una cuestión de ideología. Creen que para eso únicamente hace falta valor. Olvidan la segunda dificultad: encontrar la verdad. En modo alguno puede decirse que sea fácil encontrar la verdad.

En primer lugar ya no resulta sencillo dilucidar qué verdad merece la pena decir. Así es como ahora, por ejemplo, los grandes Estados civilizados acaban sumiéndose, uno tras otro ya ante los ojos de todo el mundo, en la barbarie más extrema. Además, todo el mundo sabe que la guerra civil que se lleva a cabo con los medios más terribles puede transformarse en una guerra exterior que tal vez deje nuestro continente reducido a un montón de escombros. Sin duda esto es una verdad, pero como es lógico hay más verdades. Así, no deja de ser cierto que las sillas tienen una superficie para sentarse y que la lluvia cae de arriba abajo. Muchos autores escriben verdades de esta índole. Se parecen a los pintores que cubren de bodegones las paredes de barcos a la deriva. Para ellos nuestra primera dificultad no existe, y sin embargo tienen la conciencia tranquila. Impasibles ante los poderosos, pero sin dejarse confundir tampoco por los gritos de los ultrajados, pincelan sus cuadros. Lo ilógico de su forma de actuar provoca en ellos mismos un “profundo” pesimismo, que venden a buen precio y que en realidad estaría justificado más bien en otros, a la vista de los maestros y las ventas. Y a pesar de todo no resulta fácil reconocer que sus verdades son del estilo de las de las sillas o la lluvia, normalmente suenan muy distintas, como verdades acerca de cosas importantes.

Esa gente no encuentra la verdad que merece la pena escribir. Otros por el contrario se ocupan realmente de las tareas más urgentes, no temen ni a los poderosos ni a la pobreza, pero sin embargo no pueden encontrar la verdad. Les faltan conocimientos. Están llenos de viejas supersticiones, de famosos prejuicios, bellamente formados hace mucho tiempo. El mundo es demasiado enrevesado para ellos, ignoran los hechos y no perciben las causas. Además de la ideología se requieren conocimientos que puedan adquirirse y métodos que puedan aprenderse. En esta época de grandes realidades y transformaciones, todos los escritores necesitan tener conocimientos de la dialéctica materialista, de economía y de historia, y pueden adquirirlos a través de libros y por iniciación práctica, si existe el tesón necesario. Pueden descubrirse muchas verdades de una forma más simple, partes de la verdad o hechos que lleven a encontrar la verdad. Si se quiere buscar está bien tener un método, pero también se puede encontrar sin método, o incluso sin buscar. Pero de una forma tan accidental es difícil conseguir una exposición de la verdad tal que sirva a la gente para saber como se debe actuar. Las personas que tan sólo escriben hechos pequeños no son capaces de hacer practicables las cosas de este mundo. Pero la verdad tiene únicamente ese objetivo y no otro. Esa gente no está a la altura de la exigencia de escribir la verdad.

Cuando alguien está dispuesto a escribir la verdad y es capaz de reconocerla, le quedan aún tres dificultades.


El arte de hacer útil la verdad como arma

Hay que decir la verdad por las consecuencias que se desprenden de ella en cuanto al comportamiento. Como ejemplo de una verdad de la cual no puede extraerse ninguna consecuencia o sólo consecuencias erróneas, nos servirá la opinión tan extendida de que las graves circunstancias que reinan en algunos países se deben a la barbarie. En función de esta idea, el fascismo es una oleada de barbarie que ha irrumpido en algunos países con el poder de la naturaleza.

Según este planteamiento, el fascismo representa un tercer poder, nuevo, junto (y por encima de) el capitalismo y el socialismo; de acuerdo con esto, el movimiento socialista, y no sólo él, también el capitalismo, habría podido seguir subsistiendo sin el fascismo, etc. Por supuesto, ésta es una afirmación fascista, una capitulación ante el fascismo. El fascismo es una fase histórica en la que ha entrado el capitalismo, y por lo tanto algo nuevo y al mismo tiempo algo viejo. El capitalismo existe en los países fascistas tan sólo como fascismo y el fascismo sólo puede ser combatido en tanto que capitalismo, como el capitalismo más desnudo, insolente, represivo y engañoso.

¿Cómo puede querer alguien decir la verdad sobre el fascismo, al que se opone, si no quiere decir nada en contra del capitalismo, que es lo que lo causa? ¿Cómo podrá hacerse practicable su verdad?

Los que se oponen al fascismo, sin estar en contra del capitalismo, los que andan lamentándose por la barbarie generada por la barbarie, se parecen a la gente que quieren comer su ración de ternera, pero no toleran que deba sacrificarse al animal. Quieren comerse la ternera, pero no soportan ver la sangre. Se contentan con que el carnicero se lave las manos antes de servirles la carne. No están en contra de las condiciones de distribución de la riqueza que genera la barbarie, sólo contra la barbarie. Alzan su voz contra la barbarie y ello en países en los que reinan las mismas condiciones de distribución de la riqueza, pero en los que los carniceros aún se lavan las manos antes de servir la carne.

Las acusaciones tajantes contra medidas bárbaras pueden tal vez ser efectivas durante un breve tiempo, siempre que quienes las escuchen crean que en sus países no podrían plantearse semejantes medidas. Ciertos países son capaces de mantener aún en pie sus condiciones de distribución de la riqueza con medios menos violentos que otros. La democracia aún les presta los servicios para los que otros han de recurrir a la violencia, a saber, la garantía de la propiedad de los medios de producción. El monopolio sobre las fábricas, minas, tierras, genera por doquier circunstancias de barbarie; sin embargo, éstas son menos visibles. La barbarie se hace ostensible en el momento en que el monopolio ya no puede protegerse más que mediante la violencia abierta.

A algunos países que aún no precisan renunciar también, a causa de los monopolios de la barbarie, a las garantías formales del Estado de Derecho, así como a lujos tales como el arte, la filosofía, la literatura, les complace especialmente escuchar a quienes vienen de fuera reprochando a su patria el hecho de que renuncien a semejantes lujos, ya que esperan sacar partido de ello en las guerras venideras. ¿Hay que decir que han reconocido la verdad aquellos que por ejemplo exigen a voz en grito: lucha sin cuartel contra Alemania “puesto que esa es la auténtica patria de la maldad en esta época, la filial del infierno, la residencia del anticristo”? Mejor habría que decir que son gente perturbada, desorientado y perniciosa. Porque la conclusión de esa palabrería es que este país debe ser devastado. El país entero con todos sus habitantes, porque el gas tóxico no selecciona a los culpables cuando mata.

La persona despreocupada que no conoce la verdad se expresa en términos generales, elevados e imprecisos. Dice despropósitos sobre los alemanes, se lamenta por el mal; y el que escucha, en el mejor de los casos, no sabe qué hacer. ¿Debe tomar la determinación de no ser alemán? ¿Desaparecerá el infierno si él es bueno? También los comentarios sobre la barbarie nacida de la barbarie son de ese estilo. Según ellos, la barbarie surge de la barbarie y se acaba mediante la civilización surgida de la cultura. Todo esto está expresado en términos muy generales, no en función de las consecuencias que tiene para la conducta, y en el fondo no se dice a nadie en concreto.

Ese tipo de descripciones muestran tan sólo unos cuantos eslabones de la cadena de razones y pintan ciertas fuerzas motrices como indomables. Tales descripciones revelan mucho oscurantismo en el que se albergan las fuerzas que provocan las catástrofes. ¡Con un poco de luz aparecerían personas como causantes de las catástrofes! Porque vivimos en una época en la que el destino del ser humano es el ser humano.

El fascismo no es una catástrofe natural, que pueda entenderse precisamente a partir de la “naturaleza” de la persona. Pero incluso en el caso de las catástrofes naturales, hay formas de describirlas dignas del ser humano porque apelan a su fuerza combativa.

En muchas revistas americanas aparecieron publicadas, tras un gran terremoto que destruyó la ciudad de Yokohama, fotografías que mostraban un campo de ruinas. En el pie de la foto ponía “steel stood” (el acero se mantuvo en pie) y verdaderamente quien de primeras sólo hubiera visto ruinas, se percataba entonces, alertado por el pie de foto, de que algunos edificios altos se habían mantenido en pie. Entre las descripciones que pueden darse de un terremoto, las de los ingenieros de obras públicas son de incomparable relevancia. En ellas se contemplan los corrimientos del terreno, la fuerza de los impactos, el calor generado, etc., y dan lugar a un tipo de construcciones que resisten los seísmos. Quien quiera describir el fascismo y la guerra, las grandes catástrofes no naturales, ha de elaborar una verdad practicable. Tiene que mostrar que son catástrofes que los poseedores de los medios de producción les preparan a las ingentes masas de trabajadores sin medios propios de producción.

Si se quiere escribir satisfactoriamente la verdad acerca de hechos graves, debe escribirse de tal forma que puedan reconocerse cuales son sus causas evitables. Cuando se reconocen las causas evitables pueden combatirse los hechos graves.


El criterio para elegir a aquellos en cuyas manos la verdad se hace eficaz

Por la costumbre secular de comerciar con lo escrito en el mercado de las opiniones y los relatos y por el hecho también de habérsele quitado al escritor su preocupación por lo escrito, el escritor ha ido ganando la impresión de que su cliente o quien le hace los encargos, el intermediario, transmite lo escrito a todo el mundo. Pensaba: yo hablo, y quienes quieren escuchar, escuchan. En realidad hablaba, y los que podían pagar, escuchaban. No todos escuchaban lo que decía, y los que lo escuchaban no querían oírlo todo. Sobre eso se ha dicho mucho, pero no lo suficiente; sólo quiero poner aquí de relieve que ese “escribir a alguien” se ha transformado en un “escribir”. Pero la cuestión es que la verdad no puede escribirse a secas; sin duda hay que escribírsela a alguien para quien sea de utilidad. El conocimiento de la verdad es un proceso común a escritor y a lector. Para decir algo bueno hay que saber escuchar bien y oír cosas buenas. La verdad debe decirse y oírse con interés. Y para nosotros, los escritores, es importante a quién se la decimos y quién nos la dice.

Hemos de decir la verdad a cerca de lo que va mal a aquellas personas a las que peor les va, y es también a través de ellos como debemos descubrirla. No se debe hablar exclusivamente a la gente de una determinada ideología, sino a la gente a la que le correspondería esa ideología por razón de su situación. ¡Y los que os escuchan no dejan de transformarse! Incluso puede hablarse a los verdugos, si el pago por ejecución no llega a producirse o el riesgo es demasiado grande. Los campesinos bávaros se oponían a cualquier tipo de revolución, pero una vez que la guerra hubo durado lo suficiente y los hijos volvieron a casa y no encontraron sitio en las granjas, entonces sí se les pudo movilizar para la revolución.

Para los escritores es importante atinar con el tono de la verdad. Normalmente lo que se oye es un tono muy suave y doloroso, el de la gente que no puede ni matar una mosca. Quien oye este tono y se encuentra en la miseria, se vuelve aún más miserable. Así es como hablan los que tal vez no sean enemigos, pero a buen seguro tampoco correligionarios. La verdad es algo beligerante, no sólo combate la falsedad, sino también a determinadas personas que la propagan.


La astucia de extender la verdad entre mucha gente

Hay muchos que, orgullosos de tener valor para decir la verdad, dichosos de haberla encontrado, cansados tal vez del trabajo que cuesta darle una forma practicable, esperando impacientes que recurran a ella aquellos cuyos intereses ellos defienden, no consideran necesario tener que echar mano de la astucia a la hora de propagar la verdad. Y así es como a veces su trabajo queda sin efecto. En todos los tiempos se ha utilizado la astucia a fin de propagar la verdad cuando esta era reprimida o encubierta. Confucio falseó un viejo calendario histórico patriótico. Tan sólo cambió ciertas palabras. Donde decía: “El monarca de Kun hizo matar al filósofo Wan porque había dicho tal o cual cosa”, Confucio puso, en lugar de “matar”, “asesinar”. Y si ponía que el tirano Fulano de tal había perdido la vida en un atentado, el puso “había sido ejecutado”. De esa manera, Confucio abrió paso a una nueva valoración de la historia.

Quien en nuestros tiempos dice pueblo en lugar de población y tierras en lugar de suelo, está dejando de secundar muchas mentiras. Quita a las palabras su corrupto misticismo. La palabra pueblo implica una cierta unidad y apunta a unos intereses comunes y por lo tanto tan sólo debería utilizarse cuando se está hablando de varios pueblos, porque entonces como mucho se puede imagina una comunidad de intereses. La población de una comarca tiene intereses diversos, incluso contrarios, y ésa es una verdad que se reprime. Y, del mismo modo, quien habla del suelo y pinta los campos pensando en los ojos y las narices, hablando de su color y su olor a tierra, secunda las mentiras de los poderosos, porque lo importante no es la distribución del suelo, ni el tesón para cultivarlo, ni el amor que la persona pueda profesarle, sino principalmente el precio del cereal y el precio del trabajo. Aquellos que sacan beneficios del suelo no son los que sacan de él el cereal, y en las bolsas no se conoce el olor del terruño. Allí huele a otra cosa. Por el contrario, la palabra adecuada es tierra; con ella se engaña menos. Para la palabra disciplina habría que elegir la palabra obediencia, allá donde reina la opresión, porque la disciplina también es posible sin señor y por ello constituye algo en sí más noble que la obediencia. Y mejor que la palabra honor es dignidad humana, porque así el individuo no desaparece tan fácilmente de la vista. ¡Ya se sabe que morralla aspira a poder defender el honor de un pueblo! Y lo pródigos que son los ahítos a la hora de repartir honor a aquellos que les sacian y a la vez mueren de hambre. La astucia de Confucio puede utilizarse aún hoy.

Confucio sustituyó valoraciones injustificadas a cerca de asuntos nacionales por otras justificadas. El inglés Tomás Moro describió en una utopía un país en el que reinaba un estado justo de cosas... ¡era un país muy distinto del país en el que vivía, pero se le parecía mucho, menos en las condiciones de la vida!

Lenin, amenazado por la policía del zar, quiso reflejar la explotación y represión de la isla de Sajalín por parte de la burguesía rusa. En vez de Rusia, puso Japón, y en lugar de Sajalín Corea. Los métodos de la burguesía japonesa trajeron a la memoria de todos los lectores los de la Rusia de Sajalin, pero no se prohibió el escrito, ya que Japón estaba enemistado con Rusia. Muchas de las cosas que no se pueden decir en Alemania sobre Alemania pueden decirse sobre Austria.


Hay múltiples argucias con las que poder engañar al receloso Estado.

Voltaire combatió la creencia de la Iglesia en los milagros escribiendo una poesía galante sobre la Doncella de Orleáns. Describió los milagros que sin duda debieron ocurrir para que Juana se mantuviera virgen en un ejército y en una corte y entre monjes. Merced a la elegancia de su estilo y el relato de aventuras eróticas, extraídas de la voluptuosa vida de los poderosos, sedujo a estos para que abandonaran una religión que les proporcionaba los medios para esa vida desahogada. Así es como dio la posibilidad de que sus obras, por medios ilícitos, llegaran a aquellos para los que estaban pensadas. Los poderosos de entre sus lectores potenciaron o consintieron la propagación sin recurrir a la policía, que defendía sus diversiones. Y el gran Lucrecio subraya de forma expresa que esperaba que la belleza de sus versos contribuyera a la propagación del ateísmo epicúreo.

Efectivamente, que el nivel literario de una afirmación sea alto puede servir de protección a un relato. No obstante, algunas veces también levanta sospechas. Y entonces puede que se trate de rebajarlo adrede. Es lo que ocurre por ejemplo cuando, en la desprestigiada forma de la novela policíaca, se infiltran de tapadillo relatos de circunstancias precarias en pasajes desapercibidos. Tales descripciones justificarían plenamente una novela policíaca. El gran Shakespeare rebajó el nivel por consideraciones de mucha menor enjundia cuando, con toda intención, restó fuerza al discurso de la madre de Coriolano, a lo largo del cual ella se enfrenta a su hijo, que marcha sobre la ciudad que le vio nacer; Shakespeare quería que Coriolano cejara en sus planes no por auténticas razones o por una profunda emoción, sino por una cierta dejadez con la que se abandonaba una vieja costumbre. Shkespeare nos brinda otro ejemplo de verdad difundida astutamente en el parlamento de Antonio junto al cadáver de Cesar. No deja de hacer hincapié en que el asesino de Cesar, Bruto, es un hombre honorable, pero también relata su acción, y el relato de esa acción es más impresionante que el del propio autor; de modo que el orador se deja arrastrar por los hechos, concediéndoles un mayor grado de elocuencia que “a sí mismo”.

Un poeta egipcio, que vivió hace cuatro mil años, se valió de un método similar. Era una época de grandes luchas de clases. La clase hasta entonces dominante se defendía denodadamente de su gran adversario, la parte de la población que hasta entonces solo era sierva. En el poema se presenta en la corte del señor un sabio que exhortaba a la lucha contra los enemigos del interior. Relata extensa e intensivamente el desorden surgido tras el levantamiento de las capas inferiores. Ese relato es como sigue:

Así es: los nobles se quejan y los humildes se alegran.
Todas las ciudades dicen: expulsemos a los fuertes de entre nosotros.
Así es: se abren los despachos, se sacan las listas y los siervos se convierten en señores.
Así es: ya no hay quien reconozca al hijo de un notable.
El niño de la señora se convierte en el hijo de su esclava.
Así es: han atado a los ciudadanos a la rueda del molino.
Han sido aquellos que nunca vieron la luz del día.
Así es: se destrozan las cajas de ébano para las ofrendas.
A hachazos convierten la maravillosa madera de Sesnem en camas.
Mirad: la corte ha sucumbido en una hora.
Mirad: los pobres del país se han convertido en ricos.
Mirad: quien no tenía pan, tiene ahora un granero, su despensa se llena con los
bienes de otro.
Mirad: al hombre le sienta bien tomar su alimento.
Mirad: quien no tenía grano ahora tiene ciento; quien necesitaba donativos de
trigo es ahora quien los reparte.
Mirad: quien no tenía yuntas de bueyes, posee ahora rebaños; quien no podía
hacerse con bestias de labranza tiene ahora rebaños.
Mirad: quien no podía hacerse una habitación tiene ahora cuatro paredes.
Mirad: los consejos buscan refugio en el granero; a quien apenas estaba
Permitido descansar en los muros tiene ahora una cama. [i]
Mirad: quien no podía hacerse una barca, tiene ahora barcos, y si el dueño los
Mira ya no son suyos.
Mirad: quienes tenían ropaje van ahora en harapos, y quien tejía para otros posee
Ahora excelente lino.
Mirad: el rico duerme sediento, y quien antes le pedía los posos, tiene ahora
Cerveza de la fuente.
Mirad: quien no entendía de cómo tocar el harpa tiene ahora un harpa, aquel ante
Quien no se cantaba aprecia ahora la música.
Mirad: quien antes dormía sólo a causa de su miseria, ahora encuentra mujeres,
El que antes miraba su rostro en el agua tiene ahora un espejo.
Mirad: los más ilustres del país corren por ahí sin nada que hacer. A los grandes
Ya no se les comunica nada.
Quien era mensajero, envía ahora a otro...
Mirad: hay cinco hombres enviados por sus señores.
Dicen: ahora haced vosotros vuestro camino, que nosotros ya hemos llegado.
Resulta evidente que esta es la descripción de un desorden que debe parecer muy deseable a los oprimidos. Y sin embargo el poeta es difícilmente comprensible. Él condena expresamente esa situación, aunque mal...

Jonatan Swift propuso en un opúsculo que, para que el país alcance el bienestar, se escabechará los niños de los pobres para venderlos luego como carne. Hizo cálculos exactos que probaban que se puede ahorrar mucho si uno no se arredra ante nada.

Swift se hizo el tonto. Defendía una determinada forma de pensar, que él repudiaba, con gran pasión y profundidad en una cuestión que ponía en evidencia ante todo el mundo la crueldad de esa ideología. Cualquiera podría ser más inteligente que Swift o al menos más humano, sobre todo aquel que hasta ahora no haya estudiado determinadas ideas teniendo en cuenta las consecuencias derivadas de ellas.

La propaganda a favor del pensamiento, sea cual sea el terreno en que se lleve a cabo, sirve a la causa de los oprimidos. Tal propaganda es muy necesaria. Bajo los gobiernos que sirven a la explotación, pensar está visto como algo mezquino.

Se ve bajo algo como aquello que es útil para los que se mantienen abajo. Ruin se considera también la constante preocupación por el hartazgo; el desprecio por los honores que se ofrecen a los defensores del país donde estos mueren de hambre; dudar del Führer, cuando éste lleva a la calamidad; la aversión al trabajo que no alimenta a quien lo realiza; el enfado contra la obligación de actuar absurdamente, la indeferencia hacia la familia a la que el interés ya no serviría. Se tacha a los hambrientos de glotones, que no tienen nada que defender, de cobardes que dudan de sus opresores, de personas que dudan de su propia fuerza, que pretenden un salario por su trabajo, de haraganes, etc. Bajo esos gobiernos pensar es considerado en casos generales como ruin y cae en desprestigio. Ya no se enseña a pensar en ningún sitio y, donde surge, se persigue. No obstante, siempre hay ámbitos en los que se puede aludir a los éxitos del pensamiento sin recibir castigo; se trata de aquellos ámbitos en los que las dictaduras precisan del pensamiento. Así, por ejemplo, se pueden demostrar los éxitos del pensamiento en los ámbitos de la ciencia bélica y la técnica. También el racionamiento de las reservas de lana mediante una buena organización e invención de fibras sustitutivas requiere del pensamiento. El empeoramiento de la alimentación, la educación de los jóvenes para la guerra, todo ello requiere pensar. Puede describirse. La alabanza de la guerra, del objetivo irreflexivo de este pensamiento, puede evitarse con astucia; así el pensamiento surgido de la pregunta de cuál es la mejor forma de hacer la guerra puede llevar a la cuestión de si esta guerra tiene sentido y emplearse en la cuestión de cuál es la mejor forma de evitar una guerra inútil.

Como es natural, es difícil plantear esta cuestión de forma pública. Entonces ¿no puede aprovecharse el pensamiento que se ha propagado, en otras palabras, configurarlo radicalmente? La respuesta es: sí.

A fin de que, en una época como la nuestra, siga siendo posible la opresión, que sirve a la explotación de una (mayor) parte de la población por parte de la otra (pequeña) parte, es necesario que la población tenga una actitud muy determinada, que debe abarcar todos los ámbitos. Un descubrimiento en el campo de la zoología como el del inglés Darwin de repente podía convertirse en un peligro para la explotación; no obstante durante un tiempo la Iglesia fue la única que se ocupó de ello, mientras que la policía no se percataba de nada. En los últimos años, las investigaciones de los físicos han llevado a conclusiones en el campo de la lógica que no en vano podrían resultar peligrosas para una serie de principios y creencias que sirven a la opresión. El filósofo estatal prusiano Hegel, inmerso en difíciles investigaciones en el campo de la lógica, proporcionó a Marx y Engels, los clásicos de la revolución proletaria, métodos de un valor incalculable. El desarrollo de las ciencias se produce en conjunto, pero no de manera uniforme, y el Estado no está capacitado para controlarlo todo. Los defensores de la verdad pueden elegir campos de batalla que pasen relativamente inadvertidos. Todo depende de que se enseñe una forma correcta de pensar, un pensamiento que pregunte a todas las cosas y sucesos por su lado efímero y cambiable.

Los poderes tienen una profunda aversión a las transformaciones profundas. Quieren que todo se quede como está, si puede ser por mil años, mejor. Y si la luna se detuviera y el sol dejara de girar, mejor todavía. Porque entonces a nadie le entraría hambre ni querría cenar. Una vez que ellos han disparado, resulta que el adversario no debe poder disparar, y que su disparo ha de ser el último. Una forma de ver las cosas que ponga especial énfasis en lo pasajero es un buen medio para dar ánimos a los oprimidos. Y también el hecho de que en cada cosa y en cada situación surja y crezca una contradicción supone algo que ha de esgrimirse frente a los vencedores. Tal forma de ver las cosas (como la de la dialéctica, la doctrina del fluir de las cosas) puede empezar a practicarse investigando cuestiones que se escapan a los dominadores durante un tiempo. Pueden utilizarse en la biología o en la química. Pero también pueden practicarse en el relato del porvenir de una familia sin levantar demasiado revuelo. La dependencia de cada cosa de otras muchas que están en continuo cambio es un pensamiento peligroso para las dictaduras y puede mostrarse en múltiples formas, sin dar margen a la policía. Una descripción detallada de todas las circunstancias y procesos que afectan a un hombre que abre un estanco puede suponer un duro golpe contra la dictadura. Todo el que reflexione un poco sabrá por qué. Los gobiernos que sumen a las masas humanas en la miseria deben evitar que en medio de la miseria se piense en el gobierno. Hablan mucho del destino. Él es quien tiene la culpa de la miseria, no ellos. Quien investigue en las razones de esa penuria es detenido antes de que tope con el gobierno. Pero, en general, es posible contrarrestar tanta palabrería sobre el destino; se puede mostrar que el destino de cada persona es preparado por otras personas.

Y esto puede ocurrir de muy diversas maneras. Por ejemplo puede narrarse la historia de una granja, la de una granja islandesa, por ejemplo. El pueblo entero habla de que sobre la granja pesa una maldición: una campesina que se ha echado a un pozo, un campesino que se ha ahorcado. Un día se celebra una boda, el hijo del campesino se casa con una muchacha que aporta unas cuantas tierras como dote. La maldición huye de la granja. El pueblo no está del todo de acuerdo a la hora de valorar ese feliz golpe de fortuna. Unos lo atribuyen a la naturaleza alegre del joven campesino, otros a las tierras que la joven campesina ha aportado y que han devuelto la vida a la granja.

Pero incluso en un poema que muestra un paisaje puede conseguirse algo, que se incluyan en la naturaleza las cosas que ha creado el ser humano.


Hace falta astucia para que la verdad se propague.


La gran verdad de nuestro tiempo (con cuyo conocimiento no basta, pero sin cuyo conocimiento no puede encontrarse ninguna otra verdad de importancia) es que nuestro continente se sume en la barbarie porque la propiedad se vincula forzosamente a los medios de producción. ¿De que sirve escribir algo valeroso de lo que se desprenda que el estado en el que nos sumimos es bárbaro (lo cual es cierto), si no está claro por qué hemos llegado a este estado? Hemos que decir que se tortura, porque las relaciones de propiedad han de mantenerse intactas. Por supuesto, cuando decimos esto perdemos muchos amigos que están en contra de la tortura, porque creen que las relaciones de propiedad podrían mantenerse sin la necesidad de la tortura (algo que no es cierto).

Tenemos que decir la verdad acerca de la situación de barbarie que existe en nuestro país, que puede hacerse aquello que la llevaría a desaparecer: cambiar las condiciones de la propiedad.
Y además debemos decírselo a aquellos que más sufren con el reparto de la propiedad y más interés tienen en cambiarlo: a los trabajadores y a aquellos que podemos presentar como aliados suyos, porque ellos en realidad tampoco tienen propiedad sobre los medios de producción, aunque participen de los beneficios.


Y, en quinto lugar, tenemos que actuar con astucia.

Y estos cinco obstáculos hemos de superarlos a la vez, porque no podemos investigar la verdad acerca de la situación de barbarie sin pensar en aquellos que la padecen y mientras nosotros, sacudiéndonos siempre todo arrebato de cobardía, buscamos las verdaderas causas en función de aquellos que están dispuestos a utilizar sus conocimientos, tenemos que pensar también en hacerles llegar la verdad de tal manera que en sus manos pueda ser un arma y al mismo tiempo hacerlo de forma tan astuta que esa transmisión no pueda ser descubierta y abortada por el enemigo.

Esto es lo que se pide cuando se pide que el escritor diga la verdad".

Videos del asesinato de Neda en Irán...

21 junio 2009

Según leo, Neda tenía 27 años, estaba embarazada y murió al lado de su padre, de un disparo en el corazón. La llamada Guardia Revolucionaria la asesinó (también dejo enlace al artículo de Jon Lee Anderson, en traducción de Ernesto Hernández Busto, sobre la milicia Basij).

Neda, en persa, significa voz.

YouTube, recomienda tener más de 18 años para ver los videos.




Día de los padres. Regalo de Lía Villares, Orlando Luis Pardo, y Elena V. Molina.

Un abrazo a todos los padres que también han sido madres.

La propina 10, está dedicada a mi viejo.

Y en la primera parte del poemario Borde, el quinto poema, también.

Para mi hermano Rubén Duarte, padre y abuelo, dediqué un largo poema (que según Juan Carlos Flores, es mi mejor poema), en 1992, Conversación con Robert Lowell.

Y yo, como regalo, recibí una composición de Lía, una foto de Orlando, y otras de Elena.

composición de Lía.

Mensaje de Lía Villares.

Para el domingo no vamos a tener conexión así que mi beso te va a aquí, mi abrazo desde la madrugada luyanera, chubasquera y calurosa. Yo también te quiero mucho!!!

foto de Orlando Luis.
Mensaje de Orlando Luis.

Un habanabrazo pa ti...
Y te devuelvo carne por consuelo,
tan pronto tomé esta foto hoy, me dije, cojones fue JAAD quien disparó
(literalmente) por mí.
Dale el mejor uso posible a la matrona en España por mí.
Tuyo,
OLPL.

Y el regalo de Elena V. Molina Cuatro fotografías suyas de lugares o con motivos que han sido importantes en mi vida.

Un republicano en La Plaza de La Catedral.

Muelle de Caballería.

Estatua de Colón en el Museo de los Capitanes Generales.

Elena en el Callejón del Chorro.

Mensaje de Elena.

UN BESO MUY GRANDE!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Yo te quiero mucho!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!


Poemas de John Burnside

20 junio 2009

John Burnside (Dumeferline, Escocia, 1955) ha publicado cinco novelas, un volumen de memorias (A Lie About My Father) y nueve libros de poesía, entre los que destacan Common Knowledge (1991), Feast Days (1992), The Myth of the Twin (19914), Swimming in the Flood, (1995), The Asylum Dance (2000), con el que obtuvo el Whitbread Poetry Award, The Good Neighbour (2005) y la antología Select Poems (2006), todos ellos en la editorial Jonathan Cape. La editorial Pre-Textos presentará una antología de su poesía.

Traducción de Jordi Doce.
Blog de Jordi Doce

textos cedidos por el autor.

SLEPP

(uncollected)

(From “An essay on narrative”, I)

We came so far, then stopped to see ourselves:
this minor gold, that memory of light,
angels and birds in the trees, like an early painting;

and though we were careful,
we knew it would happen again,

the life we forgot in the dying
stuck in its groove
and repeating, all shuffle an click

and words that have passed beyond sense,
like a 50s pop song.

Meanwhile, eternity waits: all the shadows and glints
we might have seen, the facts we might have witnessed,
lemongrass, godwit, the weather in Rome, or Calcutta,

and, elsewhere in that sprawl of light ant time,
the strangers, in their hats and winter coats.
coming indoors to a childhood that nothing can finish:

wind in an upstairs room, or the nine o’clock ferry
crossing from here to the there in a slow trail of clouds,

and, somewhere below, where the people arrive or diminish,
an evensong of steam and radio
played to a crop of freshly-labelled jars.


SUEÑO

(inédito)

(De “Un ensayo sobre narrativa”,I)

Llegamos tan lejos, luego nos detuvimos para vernos:
este oro menor, esa memoria de la luz,
ángeles y pájaros en los árboles como en un cuadro primitivo;

y, aunque fuimos cuidadosos,
sabíamos que volvería a suceder,

la vida que olvidamos al morir
en el surco rayado
y repitiéndose, todo giro y chasquido

y palabras que ya no dicen nada,
igual que una canción de los cincuenta.

Entretanto, la eternidad aguarda: todas las sombras y destellos
que habríamos podido ver, hechos de los que habríamos podido ser testigos,
agachadiza, limoncillo, el clima en Roma o en Calcuta,

y, más allá, en la extensión de luz y tiempo,
los extraños con sus abrigos de lana y sus sombreros,
pasando adentro a una niñez que nada puede cancelar:

el viento en el piso de arriba, o el ferry de las nueve en punto
cruzando de aquí a allá en una lenta estela de nubes,

y abajo, en algún sitio, donde la gente llega o disminuye,
vísperas de radio y vapor
ante una cosecha de botes recién etiquetados.

*** *** ***

Like me, you sometimes waken
early in de dark
thinking have driven miles
thinking inward country,

feeling around you still
the streaming trees and startled waterfowl
and summered cattle
swinging through your headlamps.

Sometimes you linger days
upon word,
a single, uncontaminated drop
of sound; for days

it trembles, liquid to the mind
then falls:
mere denotation.
dimming in the undertow of language

(Common Knowledge, 1991)

Como yo, a veces despiertas
temprano, en la penumbra,
convencido de haber conducido durante horas
tierra adentro,

sintiendo aún en torno a ti,
bailando ante los faros,
los árboles que fluyen, las aves sobresaltadas
y el ganado que veranea al aire.

A veces, te demoras durante días
en una palabra,
una sola gota incontaminada
de sonido; durante días

tiembla, líquida al tacto de la mente,
luego cae:
mera denotación, desvaneciéndose
en el reflujo del lenguaje.

(Conocimiento común, 1991)



SEPTUAGESIMA

Nombres.
Están sobre la pátina
de las cosas.
Jorge Guillén

I dream of the silence
the day before Adam came
to name the animals,

the gold skins newly dropped
from God’s bright fingers, still
implicit with the light.

A day like this, perhaps:
a winter whiteness
haunting the creation,

as we are sometimes
haunted by the space
we fill, or by the forms

we might have known
before the names,
before the gloss of things

(Feast Days, 1992)


SEPTUAGÉSIMA

Sueño con el silencio
del día anterior a que Adán
diera nombre a las bestias,

desprendidas sus pieles de oro
de los dedos de los brillantes de Dios,
contenidas aún en esa luz.

Un día, tal vez, como éste:
su blancura invernal
cautivando la creación

como a nosotros, a veces,
nos cautiva el espacio
que llenamos, o las formas

que habríamos podido conocer
antes de los nombres, más allá
de la pátina de las cosas.

(Días festivos, 1992)


HALLOWEEN

I have peeled the bark from the free
to smell its ghost,
and walked the boundaries of ice and bone
where the parish returns to itself
in a flurry of snow;

I have learned to observe the winters:
the apples that fall for days
in abandoned yards,
the fernwork of ice an water
sealing me up with the dead
in misted rooms

as I come to define my place:
barn owls hunting in pairs along the hedge,
the smell of frost on the linen, the smell f leaves
and the whiteness that breeds in the flaked
leaf mould, like the first elusive threads
of unmade souls.

The village is over there, in a pool of bells,
and beyond that nothing,
or only the other versions of myself,
familiar and strange, and swaddled in their time
as I am, standing out beneath the moon
or stooping to clutch of twigs and straw
to breathe a little life into fire.

(The Myth of Twin, 1994)


HALLOWEEN

He arrancado la corteza del árbol
para oler el fantasma,
y caminando hasta las lindes de hielo y hueso
donde el condado se vuelve hacia sí mismo
en ráfagas de nieve;

He aprendido a observar los inviernos:
las manzanas que caen durante días
en patios descuidados,
los diseños de helecho con que el agua y el hielo
me sellan con los muertos
en cuartos neblinosos

al tiempo que defino mi lugar:
lechuzas de granero que cazan en pareja a lo largo del seto,
el olor de la escarcha en la colada, el olor de las hojas
y la blancura del moho propagándose
en la hoja escamosa, como los hilos esquivos e incipientes
de las almas informes.

El pueblo queda a un lado, sobre un estanque de campánulas,
y más allá no hay nada,
o sólo otras versiones de mi mismo,
familiares y extrañas, y envueltas en su tiempo
igual que yo lo estoy, de pie bajo la luna
o inclinándome ante un manojo de ramas y paja
para insuflar una pequeña vida al fuego.

(El mito del gemelo, 1994)


THE MYTH OF THE TWIN

Someone is still awake
in the night of my grandfather’s house
with its curtains and potted palms
and its books full of beech leaves
pressed so the colours would stay,

and someone is having the dream
I had for weeks: out walking on the beach
I lifted a pebble and split it
open, like an apricot, to find
a live child hatched in de stone;

like radio, the whisper of the tide,
the feel of a pulse in the dark, when I stay all night
and answers come, single and clear, like the calling of birds,
or the pull of the sea, when the moon sails high in the clouds
and I pick out the shapes on its surface: a handprint, an iris.

(The Myth of Twin, 1994)


EL MITO DEL GEMELO

Alguien sigue despierto
en la noche del piso de mi abuelo
con sus cortinas y macetas
y sus libros repletos de hojas de haya
prensadas para que el color perviva,

y alguien está soñando el sueño
que me duró semanas: vagando por la playa
tomé un guijarro y lo partí en dos,
como un albaricoque,
para encontrarme un niño vivo
incubado en la piedra;

como la radio, el murmullo del agua,
la sensación de un golpe en la negrura,
cuando paso la noche en vela
y llegan las respuestas, simples, nítidas, como el llamado de las aves
o la atracción del mar, cuando la luna se alza entre las nubes
y advierto los contornos de su piel: la huella de una mano, un iris.

(El mito del gemelo, 1994)


THE PIT TOWN IN WINTER

Everything would vanish in the snow,
fox bones and knuckles of coal
and dolls left out in the gardens,
red-mouthed and nude.

We shovelled and swept the paths,
but they melted away in the night
and the cars stood buried and dumb
on Fulford Road.

We might as well be lost, she said;
but I felt the neighbours dreaming in the dark,
and saw them wrapped in overcoats and scarves
on Sundays: careful, narrow-footed souls,
become the creatures of a sudden light,
amazed at how mysterious they were.

(The Myth of Twin, 1994)


PUEBLO MINERO EN INVIERNO

Todo se desvanecía en la nieve,
nudillos de carbón y huesos de zorro
y muñecas abandonadas en los jardines,
con labios encarnados y desnudas.

Sacábamos las palas para limpiar las calles,
pero al llegar la noche volvían a esfumarse
y los coches yacían enterrados y mudos
en Fulford Road.

Como si nos hubiéramos perdido, decía ella;
mas yo sentía a los vecinos soñando en la negrura,
y los veía envueltos en bufandas y abrigos
los domingos: almas prudentes, de pies estrechos,
convertidas en vástagos de una luz repentina,
asombradas de verse tan misteriosas.

(El mito del gemelo, 1994)


THE GOOD NEIGHBOUR

Somewhere along this street, unknown to me,
behind a maze of apple trees and stars,
he rises in the small hours, finds a book
and settles at a window or a desk
to see the morning in, alone for once,
unnamed, unburdened, happy in himself.

I don’t know who he is; I’ve never met him
walking to the fish-house, or the bank,
and yet I think of him, on nights like these,
walking alone in my own house, my other neighbours
quiet in their beds, like drowsing flies.

He watches what I watch, tastes what I taste:
on winter nights, the snow; in summer, sky.
He listens for the bird lines in the clouds
and, like that ghost companion in the old
explorers’ tales, that phantom in the sleet,
fifth in a party of four, he’s not quite there,
but not quite inexistent, nonetheless;

and where he lays his book down, checks the hour
and fills a kettle, something hooded stops,
as cell by cell, a heartbeat at time,
my one good neighbour sets himself aside,
and alters into someone I have known:
a passing stranger on the road to grief,
husband and fathers; rich man; poor man; thief.

(The Good Neighbour, 2005)


EL BUEN VECINO

En esta misma calle, ignorado por mí,
detrás de un laberinto de manzanos y estrellas,
se levanta de buena mañana, toma un libro
y se acomoda en el alféizar o ante una mesa
para atender el alba, solo por una vez,
anónimo, sin cargas, feliz consigo mismo.

No sé quién es; jamás me lo he encontrado
en la pescadería o en la cola del banco,
y aún así pienso en él, en noches semejantes,
despertando en mi casa a solas, y en mis otros vecinos
en sus camas igual que moscas soñolientas.

Observa lo que observo, prueba lo que yo pruebo:
las noches de invierno, la nieve; en verano, el cielo.
Escucha entre las nubes las líneas de los pájaros
y, como ese fantasma que aparece en los viejos
relatos de viajeros, ese espectro en el hielo, el quinto
en un grupo de cuatro, no está del todo ahí,
y sin embargo no es del todo inexistente;

y cuando deja el libro a un lado, mira la hora
y llena la tetera, algo encapuchado se para,
mientras célula a célula, un latido por vez,
mi buen vecino se hace a un lado
y se transforma en alguien a quien he conocido:
un extraño que pasa rumbo a la tristeza,
esposo y padre; hombre rico; pobre; ladrón.

(El buen vecino, 2005)

Rolando Sánchez Mejías cumple 50 años.

19 junio 2009

foto tomada de la revista Dado Roto.


Felicitaciones desde aquí a Rolando, a quien tanto debemos, muchos de nosotros, amigos y conocidos, lo digan o no, fuera y dentro de Cuba.

Como dijo Pierre Rey sobre El Gordo, de no ser por él, las cosas...

En aquella Habana de comienzo de los noventa, aterida de mediocridad y dispersión (los mejores se iban del país, emigraban, se exiliaban, o eran desterrados), de mala literatura (no como malaescritura, ojalá hubiese sido así, sino de mala representación, de enfermedad por [casi] todas partes), apareció Rolando como un dromedario para llenar de máquinas creativas aquel desierto, comenzaron a proliferar entonces las máquinas de guerra (verdaderamente revolucionarias mientras no queden atrapadas en los microfascismos que tanto abundan en todas partes, y mucho en Cuba, y mucho en su campo literario), y Rolando, como dromedario-ratón-tigre-avispa-hombre lobo, supo escurrirse, multiplicarse, parir...Por eso, cuando se fue de Cuba a finales de la década, nunca se marchó de entre nosotros. Por eso, incluso, ayer se celebró allá, entre amigos, con la inmensa minoría (son palabras de Juan Ramón Jiménez), un cumpleaños feliz...

De PalaDeOindeleite:

Rolando Sánchez Mejías cumple 50 años y en La Habana se le hace un homenaje. Es un homenaje discreto, entre unos cuantos amigos y admiradores del escritor cubano que vive en el exilio desde hace ya 12 años. Somos pocos, entre los que van a dedicar unas palabras de homenaje a la obra de Rolando y entre los que acudimos movidos por el interés de escuchar y debatir luego sobre esta, apenas si alcanzamos al número de 20 personas. Pero hay un dicho que dice --o debería haberlo--, que si pobre y sincera, mejor la lisonja, que abundante mas vacua... Leyeron textos sobre el autor Ricardo Alberto Pérez, Adriana Normand, Raúl Flores, Enrique Saínz y Francisco Díaz Solar; una combinación de distintas generaciones de admiradores que quizá atestigüe más la validez de la obra que la asistencia de muchos movidos por el impulso de alguna pasión contextual.

Nacido en Holguín, en 1959, Sánchez Mejías fundó en Cuba, allá por los años noventa, la revista de escritura y pensamiento Diáspora(s), que sigue siendo hoy un hito dentro de la literatura cubana contemporánea. Diáspora(s) llegó para provocar un vuelco dentro del panorama nacional, pero sobre todo, para señalar las posibilidades de hacer la diferencia(s). Detrás de la revista impresa que circulaba semi clandestina y de mano en mano entre los escritores habaneros, había un grupo que hablaba de literatura, pero cuya jerga era diferente a todo lo que se había escuchado hasta entonces. Inicialmente compuesto además por Ismael González Castañer, Rogelio Saunders y Ricardo Alberto Pérez, el grupo se fue reduciendo hasta que la revista quedó en manos de un trío potente, sino imponente, de intelectuales cuya producción fue sumamente creativa dentro del contexto más bien chato del campo literario cubano: Rolando Sánchez Mejías, Carlos Alberto Aguilera y Pedro Marqués de Armas.(seguir leyendo)




Último poema de "Propina" [29]

Siento que ya llega a su fin el poemario Propina...

La escritura, el pensamiento, los afectos, mi experiencia del aquí y ahora, todo tuerce en otra dirección...

Algo se resiste. Algo cede. Algo se estanca. Algo fluye. Algo se repite. Algo prolifera...

Queda ahora trabajar en la reescritura, tomar distancia, repensar, amputar, medicina...

Medicina tanto para el poema como del poema...


Puede que el texto que cierre el libro sea el 26, o tal vez el 25 (sin la nota que le antecede y que llamé "muela", claro está). Pero, el 23, y el 21, también son candidatos...

En realidad el 21 marcó el punto de giro. Sentí, cuando terminé ese poema, que podía ser el último a la hora de montar o componer el libro, y sentí que ya se acercaba el final...

Y parece que así fue. El de hoy, el 29 también me llevó al mismo punto (sentí y pensé lo mismo) que en el 21.

Siento que ya llega a su fin el poemario Propina...




El de hoy, escrito en una esquina de Godella, junto a las vías del tren, entre seis y seis y veinte, es uno de esos poemas que para mí expresan la contradicción, los miedos, las esperanzas, certezas e incertidumbres, de esos momentos impersonales, (que menciona Deleuze); momentos que atravesamos así, en un estado como de indefinición emocional, sicológica, intelectual, donde incluso no sentimos el "yo", o donde el yo se siente como la potencia de un nosotros (singularidad de una diferencia). Un paréntesis donde no hay más que inmanencia, vida...

Dicho con otras palabras: el poema "salió", después de tres días de intenso malestar físico (recios dolores de cabeza, temblores, diarreas), de paranoias que se activan, miedo a la muerte (y recibo desde Cuba la noticia de que murió la abuela de una de mis grandes amigas), y hoy en la mañana, un motociclista estuvo a punto de atropellarme, y yo dejaba en la guardería a mi nieto, todo alegría, inocencia (grandes lecciones de vida me está dando este niño), y en medio de todo esto, insomnio, insatisfacciones, deseos sexuales reprimidos o incumplidos, la inutilidad de escribir, las facturas, las culpas, los edipos...

Y ahí está, todos nosotros, lo hemos vivido (porque cuando hablo de mí, no quiero hablar de un problema personal, íntimo, sino colectivo, de una comunidad real o virtual pero que ya existe; otra vez Deleuze), ahí está en medio de todo "eso negativo", un flujo de vida que se siente, te registra de pies a cabeza, te sacude...

Un flujo, soplo, un pivote (así se llamará el próximo poemario: pivote), y es cuando "ocurre" el momento impersonal...deseos de vida, de levantar cabeza pese a todo, y de que todo saldrá adelante (lo sacaré, lo sacaremos adelante) aun cuando parezca que se viene abajo...

¿Por qué? Porque sabes que perteneces a un pueblo futuro: nuevos pensamientos, nuevos afectos, nuevos valores...

Y te sientes (me siento, nos sentimos) como alguien nuevo frente a un mundo viejo...

PROPINA 29

I

no de otro modo
quiero estar
(porque no soy)
mientras dure
la propina

loco o bajo
puente abandonado
en río seco
comeré
mis restos

y esperaré
mejores tiempos
que nunca
llegarán.


II

pacto civil vida
salvaje si pudiera
por fin ser el animal
que soy y escondo

bestia de mí
y bestia conmigo

¿que ya estoy muerto
y la propina
una oración
por mi cadáver?

¿otra engañifa
de mí para
conmigo?


III

nada que descifrar

ni culto ni renuncia

sólo estar
en el pivote

sin metáforas

consin dios

esperándome
que vengo
del futuro

¿te atreves?

de "Propina" [28]

18 junio 2009

eres tu obra
de arte
de cada día

que creas al amanecer
y descreas en la noche

y comenzar
otra vez

¿a qué te aferras
qué acumulas
además de
dolor?

tu obra
en el silencio
de tu arte

tu vida
en el arte
de un silencio
que es tu obra

de cada día

la propina
no es más
no es menos

vívela con estilo
úsala con pasión.

Drieu La Rochelle, radiografía de un caballero veleidoso, por Gerardo Fernández Fe

17 junio 2009

Gerardo Fernández Fe (La Habana, 1971) Poeta y traductor. Ha publicado la novela La Falacia (1999) y Las palabras pedestres (Premio David de poesía 1995), así como reseñas, artículos y ensayos en Cuba, Espańa, México y Argentina. Ha traducido a Cioran, Barthes, Michaux, Deleuze. Vive en La Habana.

del libro Cuerpo a diario, publicado por Tse-tsé, Buenos Aires.

texto cedido por su autor


I

Mucho antes de comenzar la redacción de su diario, el gallardo Pierre Drieu La Rochelle ya era un fascista convencido en cuerpo y alma. En alma, pues le había deprimido hasta el momento el decursar hipócrita y sin rumbo de las luchas entre partidos políticos, los escándalos de corrupción, la apatía y el estancamiento social, la convicción de la ineficiencia de la democracia y del socialismo parlamentario.

Sagaz desde sus artículos periodísticos, ya en marzo de 1934 Drieu La Rochelle escribía: “Hace falta un tercer partido que siendo social sepa también ser nacional, y que siendo nacional sepa también ser social”; a lo que luego agregaba: “Y ese tercer partido no debe predicar la concordia, debe imponerla. No debe yuxtaponer elementos tomados de la derecha y de la izquierda, sino imponerles a estas que se fusionen en su seno”.

Con este convencimiento totalitario publicará ese mismo año Socialismo fascista, al decir de Paul Nizan “el libro más brutal y clarividente sobre el nacimiento ideológico del fascismo”, donde Drieu insiste en la necesidad de unificar las tendencias extremistas de izquierda y de derecha en un solo movimiento capaz de destruir el marasmo del sistema parlamentario y de detener el empuje de los grandes capitales en territorio francés.

Pero su vehemencia --¿su furibundia?-- será también del cuerpo, un cuerpo de 1,85 metros, orgulloso de su origen normando, con aires aristocráticos a pesar de su herencia pequeño-burguesa; cuerpo de veterano de la guerra del 14, testigo activo y herido en la batalla de Charleroi desde el 5to Regimiento de Infantería, convencido de la guerra como único y fiel laboratorio para el heroísmo del hombre; luego cuerpo de dandy y amante de tantas y tantas mujeres (entre ellas la célebre Victoria Ocampo), extasiado finalmente --hasta el momento que nos ocupa-- por el trabajo armonioso que el nazismo ha llegado a emprender con la masa y por su exaltación del orden, la virtud del atleta y la fuerza.

Como parte de una delegación de intelectuales franceses invitada al Congreso del Partido Nacional-Socialista en 1935, Drieu escribirá a su amiga Beloukia desde Nüremberg: “Lo que he visto sobrepasa todo lo que esperaba. Es maravilloso y terrible. Me parece cada vez más cierto que de una manera o de otra el futuro no permanecerá tranquilo. En todo caso, es imposible que Francia continúe viviendo inmóvil junto a una Europa igual... El desfile de las tropas de élite todo en negro fue grandioso. No había visto cosa igual en cuanto a emoción artística desde los ballets rusos. Todo este pueblo está ebrio de música y de danza”. Luego, en carta a otro amigo en idéntica época, podemos leer: “Hay una especie de voluptuosidad viril que flota por todas partes y que no es sexual sino muy embriagadora”.

Y como ratificación de una pulsión erótica del cuerpo hacia un fenómeno político fotogénico, grandilocuente y cautivador, hacia eso que se desprende de las revoluciones y de los estados totalitarios, sobre todo en sus momentos iniciales y fervorosos, estas líneas extraídas de un artículo del 13 de agosto de 1937 en L'Emancipation nationale, órgano oficial del Partido Popular Francés, en las que Drieu La Rochelle define el fascismo como “el movimiento que más franca y radicalmente se dirige en el sentido de la restauración del cuerpo --salud, dignidad, plenitud, heroísmo--, en el sentido de la defensa del hombre contra la gran ciudad y contra la máquina”.

Picado por la tarántula política, obsesivamente racista, antisemita hasta la médula, enemigo de los sindicalistas, los francmasones, los literatos, la izquierda y la derecha, comienza Drieu en septiembre de 1939 la escritura de un diario íntimo que concluirá justo dos días antes de su tercer y definitivo intento de suicidio el 15 de marzo de 1945; eso, “el retrato de un degenerado y de un decadente, pensando la decadencia y la degenerancia”, como escribiría en octubre de 1939.

Entre uno y otro de esta suerte de título de nobleza que el escritor se atribuye quedan también las veleidades de un romántico a destiempo, la memoria de un seductor intenso y mundano, el paso de un novelista que colaboró con la Ocupación alemana y el testimonio afiebrado de un escritor para el que la política estaba más allá de un vano coloquio de café parisino: “vivo la aventura política”, anota el 10 de mayo de 1940.

Con todo y su sabida colaboración --que en septiembre de 1941 llamará curiosamente “mi ligera intromisión en los asuntos políticos”--, Drieu será un colabo algo irreverente. El 6 de julio de 1940 el diario es testigo del telegrama que La Rochelle envía al nuevo gobierno instalado en Vichy donde hace público su deseo de participar. Siete días más tarde y tras la toma de poder del dueto Laval-Pétain, Drieu anota: “Autoritarismo sin autoridad pues no hay autoritarios, autocratismo sin autócrata, sin impulsión del macho”.

Se sabe que en septiembre de 1941 se le propone dirigir el aparato de vigilancia de la literatura, que el escritor no llega a aceptar, crítico ya de un gobierno que le parece conservador y reaccionario, más bien flojo, según el concepto de virilidad y energía propugnado por los fascistas franceses de 1936. Finalmente acepta llevar las riendas de La Nouvelle Revue Française, disuelta con la llegada de los alemanes pero inmediatamente retomada a iniciativa de Otto Abetz, embajador alemán en París, viejo amigo y responsable de la célebre Lista Otto, suerte de Index que marcaba las pautas de la estrategia editorial en el país y que por consiguiente, como en toda política cultural totalitaria, definía el who's who en el vasto círculo de la intelligentsia francesa del momento.

Tras los pasos de Charles Maurras o como redactor de panfletos políticos a favor de la causa de Jacques Doriot --ese proletario, también veterano de la guerra del 14, excluido del Buró Político del Partido Comunista Francés al no haber acatado las órdenes de Moscú, y finalmente fundador del Partido Popular Francés, de corte fascista---, el diario deja ver en Drieu La Rochelle primero un nacionalismo acérrimo que en lo social deviene provincianismo, exaltación y culto del pays (que no es país moderno, sino tierra, terruño de sangre y ancladas tradiciones: “Francia, esa entidad artificial, como todas las patrias --la única realidad es la provincia...”), y que en lo político le hace esperar antes de la debacle de 1940 un renacer del patriotismo francés que impida el avance alemán.

Pero con la derrota y la Ocupación nazi, la mirada política de Drieu La Rochelle se desfocaliza y, más allá de rencores hacia los suyos o idealización del imaginario guerrero del recién llegado, su pensamiento político tenderá hacia más complejas inquietudes, hacia la necesidad de colocarle un rostro a su fe en el imperio, a su necesidad de una hegemonía que eche por tierra las tibiezas de una Europa decadente, y finalmente a la urgencia fálica de un líder, una cabeza pensante, firme y enérgica, total.

Este movimiento obsesivo de Drieu La Rochelle hacia lo político en todas sus esferas explicará más tarde su crítica a la estrategia militar e ideológica de Hitler: “Ninguna imaginación, ninguna creación, imposible salir del círculo mágico de la nación, del cascarón de la patria, de la esclerosis de la vieja diplomacia militarista e imperialista. (16 de febrero de 1943); o su convencimiento de haber sido fascista mucho antes de que fascismo y nazismo se convirtieran en titulares de periódicos; la idea de que Alemania no supo (o luego no quiso) aprovechar el potencial del viejo fascismo francés de 1936; su retrato de Mussolini, visto en el diario el 27 de julio de 1943 como un vulgar ministro demócrata que demisiona; o ya en julio de 1944 y presto al desastre alemán, esta confesión de homo politicus que se ha equivocado: “Mi error fue adjudicarle al hitlerismo y a Alemania virtudes que no tienen o que ya no tienen. No pudieron transformar su nacionalismo en europeísmo, ni su socialismo... en socialismo. Eterna historia del intelectual que coloca su sueño imposible sobre la cabeza de pobres tipos que viven del baño político. Me ha aplastado la banalidad de todo: los lugares comunes son más fuertes que yo” (12 de julio de 1944).

Aferrado a esa utópica necesidad de redención del alma y restauración del cuerpo espiritual del hombre, pero convencido de la inoperancia del juego democrático, este diarista que en más de una ocasión confiesa su deseo de morir como un soldado SS, que insiste y cree en la aristocracia del comportamiento, que si bien puede que desconozca la verdadera realidad de la política de exterminación nazi en Europa, no se detiene ni un instante a especular --al menos-- sobre el destino final de las recogidas masivas de judíos en plenas calles de París o sobre la existencia de los campos franceses de Vittel o Drancy, sí quiere insistir, ya al final, incluso consciente de sus reprochables veleidades políticas, en su nuevo credo, su fe en otro imperio, esta vez el soviético, o mejor en su viejo convencimiento de hombre totalitario, paladín de la fuerza que cambia casacas, si no pública, al menos emocionalmente: de fascismo a comunismo, fiel a esa filiación jacobina tan cara a ambas doctrinas, a la que se había referido en un artículo rechazado en octubre de 1939 por la Revue de Paris.


Por lo demás, mi odio por la democracia me
hace desear el triunfo del comunismo. A falta
de fascismo y en contacto con los alemanes, he
visto hasta qué punto el fascismo resultaba
insuficiente tanto contra la democracia como
contra el capitalismo --sólo el comunismo puede
en realidad poner al Hombre al pie del muro y
hacerle admitir nuevamente y como no lo había
admitido desde la Edad Media, el hecho de que
tiene Amos.
2 de septiembre de 1943

Con el hundimiento del fascismo apego mis
últimos pensamientos al comunismo. Deseo
su triunfo, que no me parece cierto
inmediatamente, pero probable a más o menos
largo plazo. Deseo el triunfo del hombre totalitario
sobre el mundo. El tiempo del hombre dividido ha
pasado; regresa el tiempo del hombre reunificado.
Harto de tanto polvo en el individuo, de ese polvo
de individuos en la masa. Y luego, ha llegado para
el hombre el momento de inclinarse, de obedecer...
ante una voz más fuerte en él que todas las voces
10 de junio de 1944.

Ahora podría entregarme también al comunismo,
ya que en él está integrado lo que me gustaba del
fascismo: orgullo físico, empuje de sangre común
dentro del grupo, jerarquía viva, intercambio noble
entre los débiles y los fuertes (los débiles son
aplastados en Rusia pero ellos mismos adoran el
principio del aplastamiento). Es el triunfo de la
monarquía, de la aristocracia en su principio vital...

29 de julio de 1944.


II

Bien temprano en su vida, apenas salido de la guerra, Drieu La Rochelle deja constancia en su novela Estado civil del peso de aquellas imágenes gloriosas que desde un álbum guardado con celo por la familia narraban las campañas napoleónicas:

Aquel caballero tan perfectamente temerario derribaba
batallones enemigos, conquistaba ciudades, galopaba
a través de Europa. Vencedor de pruebas viriles: del
calor, del frío, del agua, del fuego, tras haber forzado
hombres y seducido mujeres, regresaba a casa,
engalanado de heridas y de decoraciones, venerado
como uno de los dioses lares.

El 11 de agosto de 1944, día de su primer intento de suicidio y martilleado por la idea del castigo político, Drieu escribe en su diario: "Acabo de escuchar a soldados que cantaban en la calle. Alemanes o no, poco importa, eran hombres, guerreros que cantaban, que eran ellos mismos".

Como en su participación en la Primera Guerra Mundial y en sus lecturas, juegos y visiones infantiles, Drieu La Rochelle necesita de una épica, de participar de alguna manera en una epopeya que al sacudirlo lo extraiga de esa soledad atávica (“Con la soledad, mi otra gran pasión ha sido la melancolía”) y sentido de la pequeñez que siempre terminan dominándolo. Y esa será también una épica del cuerpo, un cuerpo que llega al diario ya fatigado pero henchido de remembranzas de escarceos amorosos, visiones fotográficas (“Sigo pensando en todos los senos que tanto amé, tanto deseé, tan vanamente palpé. En mi imaginación esto se convierte en un motivo metafísico”. -20 de enero de 1940) y dolor que trae la memoria.

Si la necesidad de estar junto al más fuerte explica en lo político su deslumbramiento postrero por el empuje del imperio soviético, ella misma justificará el prurito perfectivo, el afán por lo ideal que caracteriza al pensamiento veleidoso y poco digestivo de Drieu La Rochelle.

Estado civil (1921), su novela de antes de la treintena, ya resuma en disquisiciones sobre el cuerpo, relato de la agonística de un personaje --siempre Drieu, siempre en monólogo-- retorcido ante un espejo que lo descubre débil, laxo, poco dado al empuje, ajeno al músculo. Poco distará entonces este libro --tan cercano a veces a El gran Maulnes de Fournier y a Demian de Hesse, en tanto texto de atmósfera iniciática-- de los apuntes del diario que van de 1939 a 1945: la alternancia entre aguijoneos políticos, cavilaciones sobre la muerte voluntaria y confesiones de un cuerpo emasculado: “No sé cómo, pero sé que mi vida está perdida. La literatura francesa está acabada, como mismo toda la literatura en general en el mundo, todo arte, toda creación. (...) Por otra parte, mi vida individual ha acabado. Acabadas las mujeres, los placeres sensuales” (23 de noviembre de 1939).

En las antípodas de la heroicidad, Drieu ha devenido soldado castrado, veterano del cuerpo deprimido física y políticamente y para el que la ruina de Europa irá a la par del naufragio de su virilidad. De ahí ese ojo austero, minucioso, que se detiene y regodea en la grieta, el pliegue, la ajadura, máxime cuando se trata del suyo o de algún otro cuerpo cercano que ya no puede retornar a la epopeya: “Su cuerpo ha envejecido. Tan fastuoso que era aún cuando lo conocí, comienza a demacrarse, a combarse un poco. Mantiene su hermosa impronta y esa especie de aura fascinante, más moral que física, que conservan aun tarde los cuerpos que han sido bellos, que tan generosamente alojaron el deseo y que todavía consumen en esa hospitalidad todo lo que les queda de riqueza” (27 de febrero de 1940).

No se podrían esperar de Drieu otras confesiones que estas en las que se trenzan la pasión política, la obsesión del cuerpo y con ellas, entre tesis sobre ocultismo y especulaciones sobre el desembarco aliado, el insistente martilleo del suicida: “En una semana tendré cincuenta años. Por ciertas partes tengo setenta, por otras dieciséis. Mi cuerpo está roído a la mitad y a la mitad floreciente. Conservo una ingenuidad prodigiosa, interrumpida por ciencia y astucia. Mi corazón está muerto para la pasión y es más tierno” (26 de diciembre de 1942).

¿Se detiene Drieu en la taxonomía de sus viejos cuerpos poseídos tras las dos experiencias fallidas de suicidio? Casi nada. Ha mermado la memoria o ya poco importa: “Cuán hermosa mi cama cubierta de sangre, mi lecho inundado de grandes flores salpicadas. Oh, presentimiento. Oh, primer paso hacia el umbral. ¿Regresará el deseo aún más fuerte?” Tras esta imagen nervaliana del 21 de octubre de 1944, posterior a su segundo intento de suicidio mediante cortadura de las venas de las muñecas, desaparecerán los cuerpos de mujeres del cuerpo del diario; Drieu dejará de pensar el suyo, o mejor, este aparecerá parapeteado tras un sorprendente inglés, como pretendiendo ocultarlo de la mirada ávida de los rastreadores de impiedades: “At fifty, the body becomes an impedimentum fort it is no more a real source of pleasure, but it keeps the memory of plasure: my seins”. (20 de enero de 1945). Luego vendrá “la muerte violenta” que ya había ponderado en Estado civil, “la delicia de una muerte conciente” que el diario no cesa de encomiar.

Si en diciembre de 1939 su novela Gilles vio la luz plagada de manchas blancas impuestas por la censura, si alguna mano cortó más tarde fragmentos del manuscrito de su diario o fue rayada con tinta alguna de sus líneas, en nuestros días, a la hora de una edición integral de este texto íntimo, los editores de la poderosa Gallimard no han escatimado en advertencias sobre la imagen cáustica que se desprende de la totalidad del corpus fictivo y testimonial de Pierre Drieu La Rochelle, del tráfago de sus opiniones políticas, de la honestidad de las confesiones de su cuerpo entre viril y acabado, muerto al fin, pues como dejara escrito el 17 de octubre de 1944 “un muerto es un testigo peligroso, un rival terrible, un visitante inevitable”.

III

La ficción igual de trágica que es Drieu La Rochelle puede resumirse en pocas líneas: “¿Qué me sucederá si los alemanes son vencidos? ¿Podré subsistir hasta el momento en que el nuevo drama comunismo-democracia tenga lugar? ¿Debería suicidarme antes? ¿O me iría al exilio? Estamos en la época del primer siglo antes y del primer siglo después de Jesucristo, época de exilios, de proscripciones, de suicidios”. (7 de noviembre de 1942)

Con la creciente evidencia de la derrota alemana, Drieu retoma el tema de la muerte por sus propias manos. Al reiterado horror a la vejez y su correspondiente concepto de altivez de la muerte joven --una muerte por y con las armas, preferentemente--, súmese ahora el deshonor de una existencia a escondidas y el bochorno que para Drieu La Rochelle implica el exilio. No hay escape si no es el del sentido de la responsabilidad, la ratificación de su moral del virtuoso, y con ellos la idea del suicidio como acto de libertad por excelencia.

A inicios de agosto de 1944, Drieu escribe cartas de despedida a su hermano Jean, a André Malraux (su partner del otro lado de la orilla política), a Victoria Ocampo y a otras mujeres cercanas. El día 11, mientras pasea, se encuentra con un amigo de años: “Y tú, ¿qué harás?” A lo que Drieu responde: “Me voy”. Preocupado por que su respuesta fuera leída en paralelo a la retirada alemana de París, el escritor remarca unos segundos más tarde: “Me voy, pero descuida, me voy limpiamente”. Esa noche ingerirá una dosis de luminal, con la mala estrella de que su ama de llaves, que había olvidado su cartera, llega al apartamento a primera hora del día siguiente, lo encuentra aún con vida y acude a los amigos para trasladarlo al hospital.

Se produce entonces un corte de dos meses en la secuencia lógica de su diario íntimo. Será el tiempo en que se empeñará en la escritura del más roussoniano de sus textos, Relato secreto, el testimonio de un atleta que va sobrepasando las vallas seductoras de la muerte voluntaria, convencido no obstante de que al final una de ellas terminarían por derribarlo. Tras rechazar sendas visas para Suiza y España, fruto de la gestión de sus amigos, en octubre Drieu se corta las venas de los brazos en su propia cama de hospital. “Hay en Shakespeare, en los Sonetos que releo y donde hallo una belleza hermana e igual a la de los poemas de Baudelaire, un sentido tan poderoso de la muerte que uno llega a pensar que él conocía y no tenía ninguna necesidad de iniciación para estar en la misma línea del más allá” (21 de octubre de 1944).

En lo sucesivo, curará sus heridas, permanecerá escondido durante un tiempo en París, hasta instalarse primero en Orgeval, luego en Chartrettes, en pleno campo francés, donde hallará cierto reposo y comenzará la escritura de su última novela, Memorias de Dirk Raspe, a partir de la vida de Vincent Van Gogh. No será hasta marzo de 1945 que el escritor regresará a la ciudad, al mismo apartamento de la rue Saint Ferdinand en el que había intentado quitarse la vida por primera vez.

Entretanto, Drieu La Rochelle ha seguido con atención la creación de una lista de escritores indeseables para los que la opinión pública exigía la prisión o la pena de muerte, además de la prohibición de sus escritos: Paul Morand, Louis-Ferdinand Céline, Charles Maurras... Céline ha huido de Francia, Georges Suarez es condenado a la pena capital; lo mismo que Robert Brasillach tras un polémico y mediatizado juicio. Otros han terminado en la cárcel. El 15 de marzo de 1945, al leer en la prensa que una orden de captura había sido lanzada contra su persona, Drieu la Rochelle ingiere una buena ración de gardenal y abre la llave del gas. Sobre la mesa, una nota dirigida a su ama de llaves: “Gabriela, esta vez déjeme dormir”.

Noticias actualizadas sobre Irán.

16 junio 2009

Las protestas y disturbios en Irán, después de las amañadas elecciones de otra dictadura.

En Cuba, según he leído en varios blogs, no se ha dicho ni una palabra. ¡Sin noticias de lo ocurrido!

Otra vez, el pueblo cubano de espaldas al mundo. Secuestrado en todo el sentido de la palabra. ¿Pueden los amigos de la Izquierda Progresista y Democrática, que bien informados están de lo que ocurre en Irán, gracias a que tienen internet, televisón digital, y otros artilugios prohibidos a los ciudadanos cubanos, ayudar en algo?
Por lo pronto, aquí hay algunos enlaces a sitios cuya actualización es constante.

Green Revolution

Iran News.

Guardian.co.uk.

Google Noticias.

Para descargar "¿Qué es la filosofía?", de Gilles Deleuze y Félix Guattari.

15 junio 2009


Un gran libro. Otro más. No esconderé jamás mi deuda intelectual con estos autores. Siento haber llegado a ellos un poco tarde, pero vale la intensidad, al fin y al cabo. Y con ellos he sido intenso.

Recuerdo los días centrohabaneros, tirado en el suelo de mi cuarto, tabaco en mano, buche de café, y en el estómago cranque como diría Virgilio Piñera, intentando descifrar Mil Mesetas, El Anti Edipo, (dejo enlace al prólogo de Foucault en pdf, "Introducción a la vida no fascista) y claro, Kafka, por una literatura menor. (enlace al blog de Lía Villares, que publicó un resumen de nuestros encuentros en La Habana, cuando éste último libro lo debatíamos en uno de nuestros talleres, llamado por entonces, Klínica)

Días de felicidad en medio del bullicio ensordecedor de mi barrio, los desengaños amorosos, el miedo político que como veneno te seca la cabeza y espabila tus reflejos paranoicos...

Algún día escribiré mi canon vital. Esos libros y autores que cambiaron mi vida porque subvirtieron mis pensamientos y afectos, mi lugar en el mundo...

Ojalá disfrutes de esta lectura. Que una vez cerrado el libro, las cosas no sigan siendo como son...



de "Propina" (27)

14 junio 2009

Si te tomas dos litros de cerveza Amstel, dos tragos (largos) de whisky Anderson´s, cuatro cervezas negras Steinburg (publicidad gratis, ya ves. Uno buscando dinero, es decir, la manera de no trabajar para dedicarse a escribir [comprar tiempo, comprar tiempo,], y termina como idiota facilitándola), bueno, si te tomas todo eso como un cóctel, puede salir (parir, vomitar, cagar), un "poema" como el que sigue.


falsificador
adúltero
hereje
mendigo
apócrifo
loco
disidente
hedonista

te doy la propina
para que repitas
tus virtudes.

Leandro Eduardo Campa: Little Havana Memorial Park.

13 junio 2009

Gracias a Néstor Díaz de Villegas y a Juan Carlos Castillón la oportunidad que gentilmente me brindaron para presentar la obra de Eddy Campa, Little Havana Memorial Park.

Leer online, Little Havana Memorial Park.

La utopía centrípeta en Little Havana Memorial Park, por Emilio Ichikawa.

Descargarla en pdf

de "Propina" [26]

12 junio 2009

I

al pasado por
un túnel quiero

sorprenderme
donde fui otro tan
familiar y extraño

zapador
anónimo
tránsfuga

II

intruso de mí
y conmigo saco
la cabeza
por uno de los tantos
huecos del tiempo

y te veo
sin ojos y tú
sin boca
me hablas

¿quién dice piedad
o lástima u otra
idiotez
semejante?

III

en tiempos de muerte
canté a la vida
así de simple

sin ritmo ni melodía

gorjeé más que canté
pero he aquí otra
ventaja

cada desaliento
trajo alientos

no sé cómo
ni porqué ni
cuándo

IV

por la línea
que estás viendo
escapé

ligero de cháchara
y equipaje

soy ninguno
hijo de nadies

y con ésa ventaja
vivo crucé

escapé por la
línea que
estás viendo.

Víctor Jara.


Asesinado con 41 años.
Golpizas.
Manos amputadas.
44 disparos.

Me enteré hoy de que fueron exhumados los restos de Víctor Jara, el 4 de junio.

Quiero publicar este pequeño homenaje.



Videos de Víctor Jara.

Y el último poema que pudo escribir.

Somos cinco mil

en esta pequeña parte de la ciudad.
Somos cinco mil
¿Cuántos seremos en total
en las ciudades y en todo el país?
Solo aquí
diez mil manos siembran
y hacen andar las fábricas.
¡Cuánta humanidad
con hambre, frío, pánico, dolor,

presión moral, terror y locura!

Ñico Saquito: "María Cristina me quiere gobernar".

11 junio 2009

Gracias a La Casa del Ritmo, un video antológico [sólo visto según la cifra que brinda YouTube, a día de hoy, 350 veces, y subido el 9 de marzo último], de nuestro Ñico Saquito, en La Bodeguita Del Medio, en La Habana Vieja, ya anciano, en vivo.

Otros videos
de Ñico Saquito.

"Tumba de la ficción", por Christian Salmon.

Prólogo a su libro Tumba de la ficción. Anagrama, 2001.


El 14 de febrero de 1989, cuando, tras violentas ma­nifestaciones en el Pakistán contra la publicación de Los versos satánicos, el imán Jomeini promulgó una fetua en la que instaba a todos los musulmanes del mundo «a ejecu­tar rápidamente, dondequiera que se encuentren, a Salman Rushdie y a sus editores», comprendimos de repente que la censura ya no tenía fronteras y que, para bien y para mal, el mundo estaba irremediablemente abierto y ya no ofrecía refugio. En vez del enigma inconcebible para el que sólo teníamos una respuesta anacrónica -la de las ho­gueras de la Inquisición-, se instalaba de modo duradero en las portadas de nuestros diarios y en las pantallas de nuestros televisores el rostro de un escritor afincado en Londres, entre guasón y atónito, medio inglés y medio in­dio, y que se distinguía por una forma bastante nueva de reivindicar la libertad literaria, el derecho a la ficción.

Arrastrado por la vorágine de este caso político y lite­rario sin precedentes, que ha movilizado durante diez años a los servicios secretos de diversos países, a ejércitos de diplomáticos y de policías, a comandos integristas y a unos medios de comunicación sembradores de pánico, Salman Rushdie habría podido hundirse en la desesperación al verse reflejado en ese espejo mediático donde las peores tragedias se transforman en meros sucesos de la crónica negra. Que haya conseguido evitarlo se debe, en primer lugar, y ante todo, a su condición de escritor y a que, sin desfallecer en su lucha encarnizada contra un te­rrorismo de Estado, perseguía otra lucha, mucho más sutil y difícil de ganar, contra otra fetua.

Los autores de esta última no eran mullahs integristas de Teherán, sino políticos (algunas veces incluso progresis­tas), eclesiásticos (a menudo de los más ilustrados) y hasta escritores (John Le Carré) que, a los pocos días de la fetua, se apresuraron a expresar su solidaridad y su comprensión, pero no con un escritor amenazado de muerte por un Es­tado terrorista, sino con «los musulmanes injustamente injuriados en su convicción religiosa». Monseñor Decour-tray, primado de las Galias, estableciendo un vínculo entre el caso Rushdie y la campaña desatada unos meses antes contra la película de Scorsese La última tentación de Cris­to, puso el grito en el cielo: «Una vez más, los creyentes ven insultada su fe. Ayer, en una película que desnaturali­zaba la personalidad de Cristo. Hoy, los musulmanes en un libro sobre el Profeta.» El arzobispo de Nueva York, monseñor John O'Connor, compartía la misma opinión: el libro de Rushdie constituía una ofensa para la fe, así que rogaba a sus fieles que no lo leyeran. El gran rabino de Israel, el Vaticano y Margaret Thatcher expresaron la misma reprobación...

Jacques Chirac, futuro presidente de la República francesa, declaró imprudentemente: «No siento ninguna simpatía por el señor Rushdie. He leído lo que se ha pu­blicado en la prensa [se trataba de los capítulos iniciales de .Los versos satánicos]. Es infame.»

Pero, sin duda, quien llegó más lejos fue monseñor Lustiger, miembro de la Academia Francesa, que no vaciló en afirmar que «la figura de Cristo y la de Mahoma no pertenecen al imaginario de los artistas...», borrando así de un plumazo siglos de historia de la pintura.

Cuatro años después, cuando se fundó el Parlamento Internacional de los Escritores, Salman Rushdie explicó que, después de la toma de rehenes y de los secuestros aéreos, el asesinato de escritores podría muy bien convertir­se en un nuevo modelo de terrorismo internacional. «Si no se lo combate», advertía, «este modelo se aplicará y se ex­tenderá.» Y eso es, efectivamente, lo que ha sucedido. En el decurso de los últimos diez años las fetuas se han reiterado en Irán, en Egipto, en Bangla Desh, en Argelia, y los escri­tores y los intelectuales se han convertido en el objetivo pri­vilegiado de atentados indiscriminados y de alto rendimien­to mediático; de censurar las obras se ha pasado a perseguir a los autores, de prohibir los textos a cortar las cabezas.

En la actualidad, la literatura se encuentra sometida a una violencia sin precedentes en su historia. La censura ha cambiado. De formas. De agentes. De móviles. Se ha pri-vatizado, se ha desgajado del Estado para extenderse por la sociedad y volverse un estado de opinión. Ya no se limita a los libros, apunta directamente a los autores. Y ya no sólo persigue principalmente las opiniones políticas, religiosas o ideológicas, sino que la emprende con la ficción en tan­to que tal y pretende transformar en delito todo tipo de práctica artística libre. En Irán la música en general, así como su difusión y su enseñanza, han estado sujetas a prohibición o regulación durante mucho tiempo. En Af­ganistán, una de las primeras iniciativas de los talibanes tras su entrada en Kabul fue quemar bobinas de películas, sin siquiera visionarias, en autos de fe que retransmitieron las televisiones de todo el mundo. Y en Argelia bastabacon el mero hecho de que se dijera de alguien que era es­critor para que figurara en las listas negras de los coman­dos islámicos.

Desde la caída del muro de Berlín, la censura ya no es algo privativo de los Estados totalitarios; la figura domi­nante de una censura central, que disponía de órganos bu­rocráticos que le permitían perseguir el pensamiento disi­dente, va pareja en la actualidad con múltiples fenómenos de violencia y de represión, espontáneos unas veces y or­ganizados otras, cuya intensidad varía según los países y que sólo comparten una única característica común: el odio indiscriminado hacia el arte y la ficción. Y este odio se va extendiendo no sólo por las regiones donde existe un componente de integrismo islámico, sino también por Europa y Estados Unidos, donde auténticos grupos de presión antiartísticos tratan de imponer a los artistas y a los creadores sus razones, sus criterios y sus límites: obras como las de Steinbeck o las de Richard Wright han sido prohibidas en algunos institutos ante la presión de las or­ganizaciones de padres de alumnos, igual que en Francia, donde en algunos municipios conquistados por la extrema derecha han aparecido listas de libros que han de ser reti­rados de las bibliotecas.

¿No legitima acaso el nuevo Código Penal francés, que se aprobó en 1994 a instancias de grupos de presión extremistas, las intimidaciones y las demandas contra li­bros y exposiciones? Profanación, incitación al libertinaje, para prohibir, amordazar y castigar no son argumentos lo que falta. Todas las protecciones, todos los cerrojos que con tan buen criterio se han ido introduciendo desde la época de la Ilustración para proteger el espacio de la crea-.ción están saltando por los aires.

Las persecuciones asesinas de escritores y de intelec­tuales no constituyen meras violaciones de los derechos individuales, de opinión o de expresión. Persiguen lo que, en la ficción, esboza otros universos, otras formas de vida, otros tipos de relación entre los hombres. Ha quedado manifiesto en Yugoslavia, donde, antes de que las armas se pusieran a hablar, se empezó por silenciar a los escritores, por depurar los diccionarios y esa lengua serbocroata que constituye todo un símbolo, lengua mixta, lengua puente. En Argelia, antes de dejar la vía expedita a los terroristas y a los asesinos, han puesto en cintura el bereber y el francés y han impuesto un árabe esquemático y sin matices, una lengua inflexible que sólo vale para los burócratas del par­tido y los instructores del ejército. En las guerras de esta última década, la purificación lingüística ha precedido a la limpieza étnica, y tanto en Afganistán como en la ex Yu­goslavia el control lingüístico de los pueblos ha llegado a ser un objetivo tan mortífero como el dominio o la con­quista del territorio.

En 1988, a un periodista que le preguntaba: «Si tuvie­ra que condensar en una novela la realidad yugoslava, con sus profundos desgarros y el fantasma de los conflictos fratricidas, ¿qué aspectos reflejaría?», Danilo Kis contestó, sin asomo de duda: «Describiría a una serie de Gargantúas y de Pantagrueles, presas de un apetito descomunal, y a una asamblea de sabios, de dirigentes comunistas que ha­blan, incluso entre sí, una lengua incomprensible y que no consiguen comunicarse con el pueblo.»

Semejante asamblea podría asimismo haberse reunido en Argelia, donde los Gargantúas integristas y los Panta­grueles del poder llevan años peleando por un país desan­grado y como aquejado de mutismo.

En 1934, cuando los nazis acababan de tomar el po­der en Alemania y se prendían las hogueras de los primeros autos de fe, Hermann Broch, en un texto poco cono­cido, titulado El espíritu y el espíritu de los tiempos, escri­bía: «Un singular desprecio por la palabra, casi una repug­nancia por ella, se ha apoderado de la humanidad. La hermosa confianza en la posibilidad para los hombres de convencerse a través de la palabra, del habla y de la pala­bra, se ha perdido radicalmente. Jamás, por lo menos en la historia de Europa occidental, ha reconocido el mundo con semejante sinceridad y franqueza que la palabra care­ce de valor, que ni siquiera vale la pena intentar una com­prensión mutua. El mutismo cae sobre el mundo como una losa.»

El control planetario de las masas subyugadas y pasi­vas pasa por una dominación de las formas de creación simbólica, y de la ficción en primer lugar. Pues la censura hoy en día significa, ante todo y por doquier, la tiranía de lo Único. Lo que se persigue y castiga es lo que se anda indagando, lo informulado, lo inaudito, lo heterogéneo y lo diverso: todo lo que nace. «Lo diverso está en peligro en este mundo», escribía ya Víctor Segalen. Peor aún que la censura de los derechos individuales de expresión resulta hoy el espacio cultural que se está imponiendo por la fuer­za. Un espacio cultural estandarizado, homogeneizado, dominado por las grandes agencias mediáticas y las indus­trias culturales transnacionales, un espacio Schengen de la cultura que apenas dejará sitio para la expresión de las di­versidades y de las minorías lingüísticas y culturales. A las macropolíticas de la globalización tenemos que oponer una micropolítica de las diferencias, una política concreta, pragmática, que trate de crear espacios refugio para la creación, lugares de diálogo, de publicación, una política menor antes que mayoritaria, que trate de poner en con­tacto a los que hablan, a los que escriben y a los que son obligados a callar.

Como decía Gilles Deleuze, hemos de volvernos car­tógrafos: trazar (antes que denunciar) líneas de convergen­cia, tender puentes, establecer nuevas relaciones entre ar­tes y culturas; exhumar culturas asfixiadas, lenguas que están desapareciendo, ser archiveros también en el sentido de Foucault, que calificó un día la labor del intelectual «de erudición sin desmayo», es decir, confrontar fuentes contradictorias, publicar documentos enterrados, resucitar historias olvidadas. Con este ánimo hemos creado el Par­lamento Internacional de los Escritores y la red de ciuda­des refugio. Y una de nuestras tareas más urgentes hoy en día consiste en iniciar una amplia labor de investigación sobre las transformaciones del espacio cultural, sobre sus efectos de silenciación, de estandarización, de nivelación o de erosión, de aislamiento y de fragmentación.

Todo indica que las formas tradicionales de censura jurídica e institucional están desapareciendo sustituidas por formas nuevas: menos identificables, más funcionales y difusas, y que, resguardadas por unas formas más violen­tas cuyo espectáculo regulan minuciosamente, están des­plegando la discreta red de las sociedades de control e ins­talando por doquier el reino de lo homogéneo y su fobia por el arte y por la ficción.

Diez años después de su inicio, el caso Rushdie ha re­sultado ser una especie de escena final (y teatral) de una tragedia en la que todos los protagonistas -medios de co­municación y mullahs, Occidente «ilustrado» e islamismo radical, eminencias políticas y religiosas- han ido perdien­do la careta uno tras otro. En París como en Nueva York, en Roma como en Jerusalén, la fetua se ha ido volviendo tanto más aceptable y Salman Rushdie tanto más sospe­choso cuanto mayor era el olvido de la literatura. Eso es lo que ha puesto de manifiesto este caso: el olvido de la lite­ratura, el odio ancestral por el arte que recorre el siglo como una obsesión, la fetua contra la ficción. Según esa fetua, Las almas muertas eran un insulto al dogma de la inmortalidad del alma, Madame Bovary hacía apología del adulterio y Lolita, de Nabokov, una novela hoy en día im­publicable, de la pedofilia. En cuanto al Mises de Joyce, fue calificado de «literatura de letrina» y de «bolchevismo literario». Publicado en París en 1932, estuvo prohibido en Estados Unidos hasta 1933 y en Inglaterra hasta 1937. Sin embargo, en todas esas épocas, nunca escasearon las obras pornográficas, los tratados antirreligiosos o las seudonovelas licenciosas que circulaban libremente. Pero siempre ha sido la literatura la que ha sido sometida a ma­yor ensañamiento. ¿Qué tiene la ficción para resultar tan peligrosa?

Las obras importantes se reconocen por la turbación que suscitan en las mentes y ello porque lo que exponen no es la transgresión explícita, obscena, de las prohibicio­nes y de los tabúes, sino un cambio de percepción, un vuelco de la sensibilidad; porque se empeñan oscuramente en buscar, como escribe Rushdie, «ángulos nuevos para penetrar la realidad», y luchan por una nueva jerarquía de los sentidos, por unos nuevos modos de percepción, por una nueva subjetividad.

La ficción representa una amenaza para el mundo. Y el mundo trata de conjurarla. Tales son los términos de una lucha cuyo objetivo se pierde de vista sin cesar. Está la censura, por supuesto. Pero con ella no se agotan, ni de le­jos, las formas del control. El mundo no necesita recurrir únicamente a los censores. El autor es a veces el mejor agente para llevar a cabo la poda de la ficción. Autocensu­ra, pero no sólo eso; nombrado, identificado, introducido en los salones, aclimatado en las academias, el autor se basta a veces para cumplir con la tarea, y si no se presta a ella, si se resiste, si llega incluso a convertir esta resistencia en el sentido y el objetivo último de su arte, entonces la historia literaria asume su leyenda y su obra; valgan Gó-gol, Flaubert o Kafka como botón de muestra.

Pero la ficción, vigilada, domesticada, yugulada de in­finidad de maneras, se resiste y rebrota sin cesar; en otra parte, en los confines de la lengua y del territorio, trasto­cando las costumbres, violentando las conveniencias y los tabúes. Desde siempre, desde que escribir ha dejado de justificarse por el hecho de contar lo que es digno de ser narrado y que la ficción no reconoce más derechos que los de la experiencia posible, ni más fines que explorar la noche de los devenires humanos, la ficción reivindica su inde­pendencia. Es lo que, de modo consciente o no, han he­cho Rabelais, Gógol o Flaubert, Melville, Proust o Kafka. Es una lucha sin tregua ni descanso, un combate desigual que interrumpe a menudo la campana de los hospitales psiquiátricos o, sencillamente, el agotamiento y la muerte. Gógol firma su rendición, quema sus cuartillas y muere. Kafka calla y deja su figura en manos de biógrafos y em-balsamadores. Flaubert muere lleno de ira. Si hay un fan­tasma que recorre el siglo como una obsesión, es el de las luchas del arte interrumpidas prematuramente, o prose­guidas hasta el final, hasta la derrota, pues el reto supera las fuerzas humanas, mal que le pese al arte; es una situa­ción que se repite sin cesar, una lucha continua.

Lo que cuenta este libro es esa lucha.

de "Propina" [25] , y una "muela"

10 junio 2009

Me voy a dormir que son las cuatro y media de la madrugada, y mañana tengo que pintar (que pintor soy de brocha gorda, a la fuerza, claro está), y a las ocho tengo que estar en pie.

Recuerdo ahora mi época de
Sargento Instructor Profesional, en las Fuerzas Armadas Revolucionarias (1987-1989), en una Unidad Reserva del Alto Mando. Dormir poco, marchar mucho, aprenderse el reglamento militar de memoria, correr tres o seis kilómetros al amanecer, y leer a trompicones (como todo en mi vida), y soñar que podía existir un socialismo democrático.

¿Y a qué viene todo esto?

Na´, que el block va cambiando. Y escribiré lo que quiera. A la manera de
mi propina. Que nunca sabemos cuando nos vamos a morir.

Y aquí dejo, el poema, malescrito de un tirón.

Excritura de ripios.

Mi ventaja.


¿Cuando has tocado fondo
(si por fin hay fondo)
apareció acaso
una mano?


¿Cuando deambulabas
entre parques, Metro,
y albergues,
apareció
acaso una mano?

¿Cuando en tu ciudad
eras insiliado
con la locura pisando
tu cabeza,
acaso apareció una
mano?

¿Cuando vivías
dentro de una estufa
de butano malgastando

tu vida (si por fin la vida
se malgastada)
con la idea
aburrida
del suicidio,

acaso
apareció
una
mano?

¿Cuando regresaste
a tu ciudad
con el olor de
la muerte
(que además tiene
sabor y aroma)

acaso
apareció una
mano?

¿Cuando tuviste
dinero
(que no todo es penuria)
una casa
y lo que llamamos
(o podríamos
llamar)
casi una familia


y todo parecía
en orden y dispuesto
para una felicidad

doméstica

y

domesticada

¿acaso no apareció
una mano?

¿Cuando llegaste
al mundo,

qué manos
te esperaban?

Ahí está la
propina.

Repásalo todo.

Otra vez.

Que ésa es
la propina.