Orgullo Gay

28 junio 2008

Fotos del Día del Orgullo Gay. Y el sitio, NoticiasGay.




"Un joven mató el pasado fin de semana a un anciano de 83 años en la estación de autobuses de Tarragona porque el hombre le tocó las nalgas... "(seguir leyendo)



Rudolf Brazda, 95 años, superviviente de los Triángulos Rosas.
















Ayuntamiento de Madrid incluye al orgullo gay como deporte olímpico.

Sügisball, de Veiko Ounpuu, ganadora de la Luna de Valencia de Oro

Luna de Valencia de Oro: 23 edición del Festival Internacional de Cine Cinema Jove, en el Teatro Principal de Valencia. Noticia sobre los premios.

Sügisball, de Veiko Ounpuu.
título internacional: Autumn Ball
título original: Sügisball
país: Estonia
año: 2007
ficción
dirección: Veiko Õunpuu
fecha de estreno: EE 13/09/2007
guión: Veiko Õunpuu
reparto: Mirtel Pohla, Sulevi Peltola, Rain Tolk, Juhan Ulfsak, Ivo Uukkivi
fotografía: Mart Taniel
escenografía: Ain Nurmela
vestuario: Helen Ehandi
música: Ülo Krigul
productor: Katrin Kissa
producción: Kuukulgur Film, Homeless Bob Production (EE)
apoyo: Tugev Tuul Films (EE)


La desconfianza en la posteridad, por Elías Canetti

27 junio 2008


Selección y traducción de José María Pérez Gay




1956

La mayor parte de los hombres —dijo él— no son sino esclavos de una antigua desdicha que desconocen.



* * *

Mi biblioteca —miles de volúmenes que me propongo leer— crece diez veces más rápido de lo que puedo leer. He intentado hacerla crecer para que sea como un universo en el cual encuentre todo. Pero este universo crece de manera caótica y vertiginosa. Se encuentra en una expansión constante, siento su crecimiento en mi propio cuerpo. Todo libro nuevo que coloco en sus estantes provoca una pequeña catástrofe universal. Sólo cuando los libros nuevos parecen ordenarse entre los otros, y por un momento desaparecen, vuelve la quietud.


* * *

Hoy leí bien a Maquiavelo. Por primera vez me atrapó realmente. Leo sus libros con frialdad y sin amargura. Me llama la atención que Maquiavelo estudie el poder del mismo modo como yo estudio a las multitudes: consideramos el objeto de nuestro estudio sin prejuicios. Las ideas de Maquiavelo nacen de su trato personal con los poderosos y de sus lecturas. Lo mismo puede decirse, mutatis mutandis, de mi proyecto. Como todo individuo de nuestro tiempo, conozco toda la variedad de las multitudes. En una lectura sin fin, intento obtener una idea de las multitudes lejanas y cercanas. Debo leer mucho más que Maquiavelo: su pasado es la antigüedad, Roma sobre todo. Mi pasado abarca todo lo que implica un conocimiento. Pero creo que lo leemos de la misma manera: dispersos y concentrados al mismo tiempo. Las manifestaciones semejantes las descubrimos por todas partes. Por lo que se refiere a las multitudes, no tengo los prejuicios de antes: no son buenas ni malas, sencillamente están ahí, eso es todo. Me resulta insoportable la ceguera conque hemos vivido frente a ellas. Si no estuviese interesado en el estudio del poder, tendría una relación más limpia con Maquiavelo. Aquí se cruzan nuestros caminos de una manera más íntima y complicada. Para mí, el poder es todavía el mal absoluto. Y sólo desde esa perspectiva puedo estudiarlo. Si leo a Maquiavelo, mi enemistad con el poder se adormece. Pero se trata de un sueño ligero, del cual siempre despierto a gusto.



* * *

Yo no he descubierto a mis poderosos en la ancha avenida de los ejércitos. Cuanto más se menciona a un hombre poderoso, tanto más difícil me resulta acercarme a él. Desconfío de la posteridad que se funda en acciones pretéritas, pero sobre todo desconfío del éxito. Las obras de los grandes personajes —sus textos— las puedo examinar como las obras de cualquier persona. ¿Pero cómo examinar acciones pasadas? Sólo existe la prueba de las opiniones en torno a los hechos. No les rehuyo. Pero no les creo, ni los admiro.



* * *

A los vivos que conocemos bien siempre tenemos algo que reprocharles; a los muertos siempre les agradecemos que no nos prohíban el recuerdo.



* * *


Julio César me inquieta: lo increíble de sus acciones. Presuponen siempre que no tenemos nada contra el hecho de asesinar.




* * *

Ahora, ¿vivo menos ese pasado porque sólo lo contemplo a distancia? ¿Vivo todo esto de un modo diferente? Nunca me he cuidado de los otros hombres ni los he evitado. Me dejo llevar muy lejos por los otros, pero siempre bajo una condición: que no deba matarlos. Puede parecer una actitud religiosa, yo la encuentro humana. Pero es un autoengaño si esperamos encontrar esa actitud en los otros. Uno debe tener la fuerza de verlos tal como son. Mi cobardía comienza cuando aparto la vista. Por eso me acabo los ojos leyendo, por eso me acabo los oídos escuchando.



* * *

¿La persona que no asesina puede conseguir algo? Hay sólo un poder más poderoso que matar: resucitar a los muertos. Me consumo por ese poder. Por él daría todo, hasta mi propia vida. Pero no lo tengo, por eso no tengo nada.


Julio César, que indultó a muchos, sabía también de ese poder. Así se explica su furia cuando le informan del suicidio de Catón.



* * *


Por la tarde, leyendo el Julio César de Plutarco, sentí un verdadero placer por el asesinato. Cuando los conjurados se le van encima, cuando uno tras otro hunden los puñales en su cuerpo, cuando él intenta escapar a sus cuchillos como un "animal salvaje", sentí una suerte de excitación jubilosa. No le tuve la menor lástima. La ignorancia de este animal monstruoso e inteligente no me ablandó. Por su ceguera irremediable, Julio César pagó un poco de su culpa a todos aquellos que atrapó deslumbrándolos.



* * *

Los sistemas conceptuales me interesan tan poco que a los cincuenta y cuatro años no he leído seriamente ni a Aristóteles ni a Hegel. No sólo me son indiferentes: desconfío de ellos. No puedo aceptar que, antes de haberlo conocido, el mundo les haya parecido descifrable. Cuanto más riguroso y consecuente su pensamiento, tanto más grande la deformación del mundo que construyeron. En realidad, quiero ver y pensar de nuevo. No hay en esta actitud tanta soberbia como pudiera creerse, sino una pasión indestructible por el hombre, una fe creciente en su riqueza.


¿Qué pienso del libro que he terminado? Se lee bien, quizá cada vez mejor. No estoy insatisfecho. Me espanta y me conmueve el tiempo que invertí en él. Si fuese un libro entre cinco o seis más, ¡qué orgulloso me sentiría! Para la mitad de una vida es muy poco.

Pienso en la extraordinaria Cartuja de Parma. Dentro de cien años, ¿seré capaz de hacer feliz a un solo individuo?

Creo que a nadie admiro tanto como a Stendhal, es el único a quien envidio. Si yo no fuese yo, sería idéntico a él. Por primera vez he imaginado otro nacimiento y, si lo veo bien, todo por amor a Stendhal.

¿Qué quiere decir esto realmente? Quiere decir que deseo salir de la piel de mi obra, que he llevado mis ideas demasiado tiempo conmigo y que ahora se han convertido en mis huesos. Soy un chamán o una roca en el paisaje australiano. Sin embargo, estoy vivo y mi deseo más ardiente es transformarme.

Cesare Pavese es mi estricto contemporáneo. Pero él comenzó a trabajar antes y, hace diez años, se suicidó. Su diario es una suerte de hermano gemelo del mío. Pavese se dedicó a la literatura. Yo, en cambio, le di poco tiempo. Pero llegué antes que él a los mitos y a la etnología. El 3 de diciembre de 1949, ocho meses antes de su muerte, Pavese anota en su diario:

Tengo que encontrar:

W. H. I. Bleek y L. C. Lloyd

Specimens of Bushman Folklore

Londres, 1911.

Contiene las historias de las madres y de la luna —el mundo mágico de los cazadores, cosas y animales verdaderos— de época auriñaciense.

Desde 1944, hace dieciséis años, este libro se encuentra en mi poder. A veces he pensado que se trata del libro más importante que conozco. Aunque si se tratara de encontrar el libro que reúna las cosas más desconocidas, sería sin duda el libro más importante. Sigo aprendiendo en él, todavía no lo acabo. Este libro, que Pavese buscaba poco antes de su muerte, es nuestro territorio común y me gustaría dárselo.

El 14 de marzo de 1947, Pavese escribe: "Hemingway es el Stendhal de nuestro tiempo".

La frase me aterró y me indignó. Acaso haya algo de cierto en ella, pero estoy bastante irritado para juzgarla. Me indigna que alguien sea capaz de formularla, como si el misterio de Stendhal, la fuente de su grandeza, se diluyera en un manifiesto americanismo. Pavese quedó a merced de los Estados Unidos de América, yo no. Pavese se define como un escritor moderno, yo no. Yo soy un español, un antiguo español contemporáneo.

Es extraño: me siento muy semejante a Pavese. No conozco nada más que sus diarios. Me siento tan semejante a él que una afirmación inesperada como ésta puede molestarme profundamente.

Tengo la impresión de que Pavese sucumbió por una mujer estadunidense:

26 de abril. Miércoles.

Es verdad que en ella no está sólo ella, sino también toda mi vida pasada, inadvertida preparación —América, la contención ascética, la intolerancia de las pequeñeces, mi oficio. Ella es la poesía, en el más literal de los sentidos. ¿Es posible que no se haya dado cuenta?

Si veo bien las cosas, hasta ahora me escondí de los Estados Unidos de América. La única influencia americana real ha sido Edgar Allan Poe, a quien leí desde temprano, acaso cuando tenía veinte años. En esto no soy diferente a muchos escritores del siglo xix —Hemingway se me resbaló como agua.

Los diarios de Pavese corren, de 1942 a 1950, paralelos a los míos. Ningún paralelismo ha despertado tanto mi asombro. Ahora debo reunir mis apuntes antiguos y escasos y darles un cierto orden. Antes de 1942, yo tampoco estaba: mudo, sólo menos decidido.

Debes leer también a tus contemporáneos. Uno no puede alimentarse sólo de raíces.

A todos les hablaste mucho y largo tiempo de lo mismo. Por ese entonces nadie podía ver nada, porque nada existía. Por ese entonces todos te creyeron. Ahora todos tienen en la mano un libro. ¿Deben ahora creer en algo?

¿Cómo olvidarse de una obra así? ¿Cómo borrar sus huellas? Es como si fuera un acto terrible. No se lo quita uno de la cabeza. Tú puedes ocultar largo tiempo todo lo que tiene que ver con esa obra, pero es como si estuvieras cubierto de insectos por todas partes. Dentro, afuera, es una y la misma plaga.

Quizá deberías inventar una nueva historia de tu vida. Tú mismo, pero todo diferente de lo que fue. Otros lugares, otro origen. Inventa la más increíble historia de tu vida, busca todo lo que no existió. De este modo puedes eludir los cien caminos que te han llevado y te llevan a esa obra. ¿Acaso has nacido también en otro tiempo? ¿Acaso es suficiente con otro lugar?

Necesito chamanes nuevos. Antepasados nuevos. Destinos nuevos. Recuerdos nuevos.

Me encuentro satisfecho con mi nuevo hermano, con Pavese. Aunque esta satisfacción no debería presentarse muy a menudo. Uno aprende sólo de esas personas que son diferentes a nosotros mismos. En cambio, nos calmamos con nuestros semejantes.

Necesitas un ejército de termitas que carcoman por dentro todos tus compromisos y tus obligaciones.

Los diarios de Pavese: todas las cosas que me ocupan cristalizan en esas páginas de otro modo. ¡Qué dicha! ¡Qué liberación!

La preparación de su muerte: nunca abusó de ella, nunca la magnificó. Su muerte parece como un acto natural, pero ninguna muerte es natural. Pavese mantiene su muerte como un acto privado, nunca es ejemplar. Nadie quiere matarse, porque Pavese se mató.

Y sin embargo ayer por la noche, cuando quise morir en mi más profunda humillación, volví a las páginas de sus diarios y él murió por mí. Es difícil creerlo: por su muerte yo nací hoy de nuevo. Podría seguir la pista de este acontecimiento misterioso. Pero no quiero hacerlo. No quiero tocarlo. Quiero ocultarlo.



Pascua, 1960.

Un día cálido como de verano. Un día de sur. Un domingo lleno de individuos indolentes en el calor. Leo aquí y allá, en éste y en aquel idioma: anteayer Demócrito, ayer Juvenal, hoy Montaigne, hace unos días poemas de Tasso. No tengo ni rabia ni ansiedad. Hablo con personas que encuentro por accidente. Desde que el libro se publicó, reina el silencio total. Primero estaba sorprendido, acaso un poco intranquilo, ahora me habita el silencio y soy feliz. No voy a ninguna parte, no sé dónde comenzar. Aguardo el rayo y la voz poderosa. No me he liberado de todo lo que escribí hasta ahora. Ningún recuerdo me seduce, ninguna meta me llama. A veces lamento que mi alma no se haya vestido con el idioma inglés. Aquí he vivido veintidós años. Escuché a muchas personas que me hablaban en el idioma del país, pero nunca los escuché como si fueran escritores, sólo las entendí. Mi propia desesperación, mi asombro y mi delirio nunca se sirvieron de palabras inglesas. Lo que sentí, lo que pensé y dije, lo escribí en palabras alemanas. Cuando me preguntaron por qué era así, siempre tuve razones convincentes. El orgullo fue la más importante, el orgullo en el que creía.

Hoy me seduce la idea de comenzar una vida en un nuevo idioma. Amo el lugar donde vivo más que cualquier otro. Me resulta tan familiar como si hubiese nacido aquí. A fuerza de ser un eterno extranjero, soy el más auténtico de sus habitantes. El divorcio entre esta patria y mi soliloquio es perfecto.

Stendhal ha llegado a ser tan importante, que cada cinco o seis meses regreso a sus páginas. No me refiero a una obra en especial, sino a frases que conservan su respiración. A veces leo veinte o treinta páginas y creo que viviré eternamente. Tengo frente a mí todas sus obras y, con un terror increíble, me digo que Stendhal murió a los cincuenta y nueve años.

Stendhal tenía la cabeza llena con cosas de la "cultura": pinturas, libros, música. Muchas han llegado a ser tan importantes para mí como lo eran para él. Más todavía: me resultan indiferentes o repugnantes y dulces, pero lo importante es sólo la manera en que Stendhal se llenaba de esos temas. De cualquier cosa obtiene algo que se parece a él. Quizá sólo así puedo consolarme de estar habitado por bárbaros y religiones, pues sólo así sería posible que ellos llegaran a ser una parte de mí mismo. Canova o Fritz Wotruba —el azar del nacimiento juega un papel secundario. La pasión con la que nos adueñamos de las cosas, y la pasión con la que nos distanciamos de ellas, es todo lo que importa.

La desventaja de las religiones: siempre hablan de las mismas cosas. Acaso ésta sea una de las razones por las que espíritus tan vivos como Stendhal nunca quisieron escuchar nada de religión.


1962

¡Cuántas personas has visto en esta semana! Los cinco historiadores de Berlín. La actriz italiana de Australia. El joven judío de Nueva York, que adoraba a Isaak Babel. El editor con la voz más potente de Inglaterra. La madre del fallecido Otter. El peluquero secreto de Abruzen. El caballero de Veza, que lloraba. El pianista chino y su esposa, hija del gran violinista. Kafka, que pudo detenerse en Frankfurt para encontrar a una prima. Fueron muchas personas, muchísimas. Y sin embargo, cuando estás solo contigo mismo, sientes que te ahogas.

Los nombres son las palabras más enigmáticas. Una intuición que desde hace mucho tiempo me persigue, y que todos los años me provoca un enorme desasosiego, me dice que descifrar la esencia de los nombres equivaldría a descubrir la clave de los acontecimientos históricos.

Así como la traducción de los antiguos escritos de culturas desaparecidas significó traerlas de nuevo a la vida, la explicación de los nombres equivaldría a encontrar la auténtica ley de lo que los hombres hicieron y padecieron.

El doloroso agotamiento de los números, que comenzó con el mismo Pitágoras, no sería nada si lo comparamos con la explicación de los nombres. El agotamiento de los números sería pobre y limitado en sus efectos.

Está claro que todos los mitos dependen de sus nombres. El nombre está todavía fresco en el mito. El nombre se agota por su constante multiplicación en las religiones. Las religiones universales no son sino el más grande agotamiento de los nombres; pero aun en su depuración más radical, los nombres siguen dependiendo de ellas. El pensamiento matemático, que se transformó poco a poco en el poder científico de los hombres, consiste en la renuncia de los nombres; se les elimina del pensamiento, se piensa sin ellos.

El nombre, que logra en los mitos un aumento de su fuerza, sirve más tarde de catalizador de uniones.

El nombre como raíz, el nombre como recipiente.

Los nombres que tienen poco peso específico; globos que ascienden rápidamente en las alturas. Los nombres pesados que retienen en el suelo a su falso dueño.

Los nombres pares que forman sus masas dobles.

Los nombres de las criaturas son tan increíbles como importantes. La idea de que, al principio de la creación, las cosas fueron nombradas es el primer deslinde, un camino que lleva a la verdadera naturaleza de los nombres. El nombre de una persona que murió temprano, que sólo llevó el nombre por un momento, es en esencia diferente al nombre de un viejo que se llamó así por muchos años. Nombres hambrientos y satisfechos. La fama repentina de nombres hambrientos. La fama de nombres satisfechos decae muy pronto.

Aprender otra vez a hablar. A los cincuenta y siete años aprender no un idioma nuevo, sino aprender de nuevo a hablar. Tirar por la borda los prejuicios, aunque al final no nos quede nada. Leer otra vez los grandes libros, no importa si los leímos o nunca los leímos. Escuchar a la gente sin dar consejos, sobre todo a la que nada tiene que enseñarnos. No reconocer jamás a la angustia como un medio para la realización. Combatir a la muerte sin proclamar el combate. En una palabra: valor y justicia.

Sin darse cuenta, la persona que estudia el poder se contagia. A no ser que pueda olvidarse a sí mismo, nadie puede olvidar el poder.

Anteayer, por la noche: Sonia. Su historia como una historia de Grimmelshausen. El padre, un terrateniente húngaro de Eslovaquia. La madre, una mujer judía, tuvo tres hijas (de las cuales sólo conozco a Enid y a Sonia). El padre estaba siempre en su biblioteca. Las conversaciones con Sonia —la hija más fuerte— durante la última parte de la guerra. Su certidumbre de la catástrofe. El padre envió a dos hijas a la ciudad de Budapest. Sonia estudió economía agrícola en la Universidad de Altenburg. La última visita a la casa de sus padres. Poco después le prohibieron regresar. La última tarjeta postal de sus padres: "Viajaremos en camión rumbo a Komorn". Sonia supo entonces que estaba en peligro. Se lo dijo un estudiante judío y con pasaporte falso. Ella reclamó entonces a las autoridades su documentación y la obtuvo. En los documentos se mencionaba a sus abuelos judíos. El estudiante judío, atento y cordial, la acompañó. Primero llegaron a Komorn, donde buscó a sus padres. El fotógrafo del lugar era —le dijeron— el único que sabía su destino. Sonia buscó al fotógrafo en su negocio y lo encontró vestido con el uniforme militar. Le preguntó por su padre:

—¿El barón Weiss? —respondió el fotógrafo—. Sí, me acuerdo muy bien de él, partió hace cuatro días.

Mucho tiempo después, Sonia llegaría a saber lo que sucedió. El fotógrafo era el responsable de la selección de las personas durante las deportaciones. Antes de partir, separaron a los "intelectuales" de los trabajadores manuales. Sus padres pertenecían al grupo de los "intelectuales". En realidad, a ellos se les quería regresar a casa, pero no contaban con un camión ni, mucho menos, un vagón de ferrocarril. Dentro del grupo de los "intelectuales" separaron después a los judíos. Su madre era judía. El padre le dijo a su esposa:

—No tengas miedo, viajaremos juntos.

—Si quiere usted viajar con su esposa, ¡adelante! —dijo el fotógrafo.

El fotógrafo recordaba al barón Weiss porque no era judío y, a pesar de todo, estaba dispuesto a viajar con los judíos. Unos días más tarde, separaron a los hombres de las mujeres —el padre llegó a Flossenburg, donde trabajó día y noche. En diciembre de 1944, los guardias lo mataron a golpes. La madre, demasiado débil para trabajar, llegó al campo de Ravensbruck. El 12 de enero de 1945, la señora murió en una barraca.

Sonia y el estudiante abandonaron al fotógrafo y viajaron rumbo a Budapest. Al llegar al pueblo más cercano, ella escuchó gritos y lamentos en la calle. Sin saber por qué, se sintió muy mal, sufrió vómitos y mareos. Le dijeron que los gritos eran de los judíos que estaban deportando. Quiso buscar entre ellos a sus padres. El estudiante la apartó del grupo:

—No tiene sentido. Tus padres partieron hace cuatro días —le dijo.

Ella lo sabía. Pero no podía soportar la idea de que sus padres pasaran frente a ella rumbo a la deportación. El estudiante la acompañó hasta Budapest, la dejó en casa de su hermana.

Unos meses más tarde, alguien le dijo que necesitaban una camarera en el castillo de la archiduquesa Stephanie, la viuda de Rudolf, el príncipe heredero. La archiduquesa, una dama de ochenta años de edad, se había casado con un miembro de la familia Lonyai. Desde hacía unos años, la anciana habitaba en el castillo de Orosvar. Su "Alteza real" quería emigrar a Suiza: necesitaba una camarera que hablara idiomas y que, además, pudiera establecerse en el extranjero. Sonia se presentó ante Stephanie. La anciana no entendió por qué deseaba el trabajo. Sonia le confió su historia y la archiduquesa la protegió.

—No soy antisemita —le dijo.

Una semana después Sonia comenzó a trabajar, se convirtió en la recamarera de la anciana. Pero los ejércitos alemanes habían ocupado la mayor parte del castillo de Orosvar. Sonia debía pasar por la guardia todos los días.

—¡Esa mujer no es una recamarera! —gritó el oficial de guardia.

Sonia, simulando no entender el idioma alemán, pasó las revisiones diarias. Con entrega y paciencia, la archiduquesa le enseñó a comportarse como una camarera, pero sólo a los cinco días, cuando Sonia se despojó de la peluca que traía, se volvió imprescindible en su trabajo. Las dos mujeres prepararon el viaje a Suiza con todo detalle. Una mañana, la anciana sufrió un ataque cardiaco y el proyecto de emigrar se hizo polvo. Un médico militar alemán atendió a su alteza durante la convalecencia. El médico le preguntó a Sonia:

—Usted no es una recamarera. ¿Quién es usted? ¡Quiero ayudarle!

Sonia le contó su historia. El médico afirmó que los oficiales alemanes del castillo hablaban de ella y decían que era una judía prófuga.

—Sólo puedo ayudarte si aparentas ser mi amante —le dijo.

Sonia aceptó. El se portó como un caballero. Unas semanas más tarde, le confesó su amor. El médico, de cincuenta años de edad, estaba casado y tenía hijos, pero no se entendía con su esposa. Cuando las tropas rusas se acercaron, los alemanes abandonaron el castillo. El médico le dijo a Sonia que si aceptaba casarse con él más tarde, permanecería a su lado. Los dos hablaron mucho, amorosamente, sobre este punto y llegaron a una conclusión: él no debía permanecer en Hungría. Sonia, en medio de una gran confusión, se quedó sola en el castillo.

Cuando los ejércitos rusos llegaron, un sacerdote católico, un benedictino que vivía en el castillo, llamó a todas las mujeres para encerrarlas entre las cuatro paredes de su capilla y, de ese modo, protegerlas de los soldados rusos. Pero Sonia debía quedarse al lado de su Alteza. Los rusos escucharon que en el castillo vivía una archiduquesa y quisieron verla. Aguardaban su llegada en cualquier momento, y al sacerdote se le ocurrió que Sonia podía esconderse entre los edredones. Sonia se metió en la cama y apretó su cuerpo contra la pared. Los oficiales rusos desfilaron ante su alteza, uno tras otro saludaron respetuosos a la anciana, la miraban con pasmo y curiosidad. Mientras los rusos saqueaban el castillo de Orosvar, no tocaron nada en la recámara de la archiduquesa. El sacerdote los recibió y les hizo los honores. Los rusos no vieron en él a un enemigo. No perseguían ni a los aristócratas ni a los sacerdotes húngaros, buscaban sólo soldados alemanes y, si se embriagaban, mujeres.

Cuando los soldados abandonaron la recámara de la enferma, Sonia creyó que había salvado la vida. Sin embargo, al caer la noche un soldado ruso, borracho, gritó desde el patio del castillo:

—¡La recamarera está escondida en la cama de la archiduquesa!

El soldado subió a la alcoba. Sonia se hundió en la cama y se apretó más contra la pared, escuchó que el soldado se acercaba y, de pronto, sintió que le quitaban los edredones de la cama. Una ametralladora le apuntó en la cara. Bajo los efectos de la conmoción, Sonia olvidó todo lo que había sucedido, olvidó también el nombre del médico militar alemán y, en los diecisiete años que han transcurrido desde entonces —se ha roto la cabeza intentando recordar ese nombre, pero no lo ha logrado.

Sonia se incorporó y siguió al soldado ruso que le apuntaba con la ametralladora. Tenía sólo una alternativa: entregarse o morir. Sonia comenzó a luchar con el soldado. De pronto se oyó el toque de llamada desde el patio del castillo. El soldado la dejó y salió corriendo por el corredor. Los rusos podían saquear y maltratar a las mujeres, pero cuando oían el toque de llamada obedecían al instante, porque de lo contrario los fusilaban. Así, Sonia salvó su vida. "Un milagro" —dijo el sacerdote. Y era cierto.

Sonia permaneció todavía unas semanas en el castillo. La salud de la archiduquesa Stephanie se deterioraba rápidamente. El sacerdote le compró entonces un caballo. Sonia se puso en camino y cabalgó cuatro días hasta Budapest. Durante esos cuatro días, el precio del caballo se multiplicó. Al llegar a la ciudad vendió el caballo. Tuvo mucha suerte, porque dos horas después no lo hubiera vendido. La venta les permitió vivir seis meses a sus dos hermanas y a ella.

Hasta aquí escuché su historia. Me hubiera gustado saber más, pero ya era muy tarde. Yo tenía que retirarme y Sonia irse a dormir. Aunque los colores desaparecieron de la historia, aquí resumí lo más importante. Si encuentro a Sonia en París, espero escuchar más.

Las historias verdaderas que nos cuentan son falsas. Por el contrario, las historias falsas tienen por lo menos la oportunidad de llegar a ser verdaderas.



1964

A un hombre se le muere su esposa. Ahora no tiene a nadie. Conoce a una mujer joven que vive lejos, a casi un continente de distancia. Todas las noches le llama por teléfono. Hablan, conversan largamente. No quiere hablar con nadie más, no le interesa hablar con los que están a su lado. Cada vez que en la distancia habla con la joven, renace la esperanza en la muerta. No puede hacer nada de día y sólo espera la noche. Cuando un error dificulta el enlace telefónico, o cuando llama y ella no ha llegado a casa, él se hunde en la desesperación más profunda. Sólo ella puede calmarlo, pero desde la distancia. Cuando la ve, no sabe quién es. Le dice todo y habla horas con ella. Tiene las cenizas, las fotografías y las cartas de la muerta, y sabe que la mujer joven no es su esposa. La voz en el teléfono es más joven, de otro país. Nunca las confunde. La conoce tanto como ella se conoce a sí misma. Sus estados de ánimo le son tan familiares como los propios. La escucha, le contesta, la espía, le cuenta. Cuando ella duda o no tiene nada que decir, se enoja y la amenaza. No es fácil decir cómo la amenaza. Porque cuando le dice que no le hablará en los próximos días, ambos imaginan la amenaza.

No quiero caer en el descrédito de los adjetivos. Los adjetivos son el lado oriental de Proust, el placer por las piedras preciosas. No me interesan, pues admiro todas las piedras. Las piedras más hermosas representan "la nobleza" de Proust, sus personajes. Mi "nobleza" la constituyen los desconocidos del origen, los hombres de la jungla, Aranda, las tierras del fuego, Ainu. Mi "nobleza" la constituyen todos aquellos que viven en y por los mitos, sin los cuales estarían perdidos (ahora casi todos están perdidos). La sociedad en la que Proust encontró su camino, su snobismo, era la manera de vivir y conocer el mundo. A mí no me interesa. Ese mundo sólo me interesa por él o Saint-Simon.

Ayer, el relato de la joven alemana que buscaba los restos de su padre. Su madre, su hermano y un amigo se trasladaron del norte de Alemania hacia Roussillon, rumbo a Collioure, en la frontera española. En febrero de 1945, su padre combatió en esas tierras, cayó en manos del enemigo y, al final del año, murió. El padre no tuvo noticias de su familia, ni su familia de él. A finales de 1946, la madre recibió una tarjeta con una sola palabra: "fallecido". Unos cuatro años después, desde París les enviaron su cartera con unas tarjetas —donde algunas veces escribió algo— y un pedazo de metal. El padre había mandado grabar el nombre y la fecha de nacimiento de su hija en ese pedazo de metal. Ella tenía entonces nueve años. A principios de 1957, los cuatro se trasladaron a Collioure y encontraron a uno de los guardianes de la prisión. Más adelante, al norte de Perpignan, encontraron el cementerio donde están sepultados quinientos prisioneros de guerra alemanes. Ahí estaban su tumba y su nombre. El padre no había salido jamás de Alemania. Lo que más lejos llegó fue a Baviera. Un día caminó con su esposa hasta la montaña Zugspitze. Su cautiverio fue el único viaje que hizo al extranjero, al sur.

La joven alemana tiene ahora un niño de once meses. Ha escondido en su casa el pedazo de metal donde el padre grabó su nombre. Apenas se atreve a ver la pieza, la esconde tan bien que, de pronto, olvida el lugar donde la puso y esa incertidumbre la hunde en una angustia mortal. Luego busca la pieza por toda su casa, la encuentra y la vuelve a esconder.



1965

La inspiración platónica en Cervantes es interesante sólo cuando, sin proponérselo, se transforma en una fuerza negativa. Si las ideas se transforman en un delirio, entonces se despojan de la costra, del tufo rancio y de su falsedad —que una larga tradición literaria les imprimió. La grandeza de Don Quijote no es sino su naturalidad: la idea y el ideal como un delirio que se siente y se palpa con todas sus consecuencias. Si bajo esas circunstancias parece una obra ridícula o no, poco importa: eso no es lo decisivo. A mí me parece profundamente serio.

La moral en Cervantes no es sino su desesperado intento de entenderse con las circunstancias mortificantes de su vida —adaptarse a las convenciones oficiales de los poderosos de su tiempo. Cervantes procura siempre el triunfo de la virtud, su conducta es la conducta de un cristiano. Por fortuna, la sustancia, la angustia de su vida verdadera es tan grande que ninguna actitud conformista pudo ahogarla.

Siento una gran ternura por Cervantes: él sabe más que la opinión común y corriente de su época cuya hipocresía quizá no entiende, pero nos la deja entender sin dificultad. Le admiro su extensión en el espacio: el destino que en tantas ocasiones le mostró su rostro adverso, le dio espacios en lugar de disminuírselos. Me gusta que se le haya reconocido tarde y que, a pesar de este retraso o por él mismo, él no haya perdido la esperanza. A pesar de todas las falsificaciones de la vida que Cervantes se permite en sus historias "ejemplares", ama la vida tal como es.

Aquí radica, creo yo, el único criterio de la creación épica: conocer el aspecto más aterrador de la vida y, a pesar de todos los pesares, amarla apasionadamente; amarla sin desesperarse, porque ese amor es inviolable en la desesperación. No está encadenado a una fe, pues nace de la pluralidad de la vida, de sus cambios insospechados, sorpresivos, milagrosos e imprevisibles. Para quien acosa a la vida y no puede dejarla, la vida se le convierte más tarde en cientos de criaturas nuevas, extrañas y asombrosas. Y para quien sigue acosando incansable a esas cien criaturas, la vida se las convierte en otras mil nuevas e irrepetibles.

La gente importante y superior en las novelas de Cervantes no es menos importante que la gente de Shakespeare. Sin embargo, es delicioso disfrutar en Cervantes a los jóvenes de las "altas esferas" cuando se escapan, por lo menos un par de años, a los "bajos fondos". El joven noble que por amor se transforma en un gitano (sólo que su amada no es, por desgracia, gitana); o el joven que elige la libertad y, después de tres años, regresa sin que sus padres sospechen siquiera dónde estuvo realmente. Si ellos lo llegaran a saber, ¡qué mentiras no les contaría para irse otra vez! El amor de Cervantes por la vida de la gente "baja": conoce a esa gente tan bien sólo porque desea ser reconocido. A la gente "alta" la describe tan insoportablemente alta, sólo porque debe adular a quienes pueden ser sus mecenas. Pero hay algo más que adulación: a Cervantes le gustaría ser uno más de esa gente. ¿Debe uno considerar como una fortuna que le haya ido tan mal en la vida?

En realidad, nadie puede saberlo. La influencia de la calamidad en la imaginación es diferente en cada persona. Sin conocer bien a una persona, nadie puede saber si existieron muchas o pocas calamidades en su vida, si aumentaron o disminuyeron su imaginación.

La riqueza de Stendhal en sus libros de viajes. Sus afirmaciones apodícticas y sus juicios. Su pasión por características nacionales ficticias y por la gente famosa. Su gran pasión por las víctimas y las mujeres. Su ingenuidad: nunca se avergüenza de sus sentimientos. Su placer por los disfraces, por lo menos el del nombre. A uno le gusta porque lo dice todo. Nunca logra conciliar las cosas con su vanidad. Está lleno de recuerdos, pero no sucumbe frente a ellos. Sus recuerdos tienen la extraña capacidad de no cerrarse. Admira tantas cosas que siempre encuentra algo nuevo. Muchas veces se encuentra dichoso. Sin importar su naturaleza, no se siente culpable de la felicidad. No se gasta en las conversaciones, pues odia los conceptos. Su pensamiento está alerta, pero se mantiene dentro de sus sentimientos. No vive sin dioses, éstos provienen de las esferas más distintas, pero no se le ocurre reunirlos o emparentarlos. Las ciudades sólo le interesan si hay personas en ellas. Una buena historia no puede evadirse. Escribe mucho, pero nunca es superior a lo que escribe. La falta de religión le confiere su levedad.

Stendhal nunca fue mi Biblia, pero fue mi redentor entre los escritores. Nunca leí sus obras completas, ni se me transformó en una obsesión. Pero no leí nada de él sin sentirme claro y ligero. Nunca fue mi ley, pero fue mi libertad. Cuando estaba a punto de ahogarme, encontré en él mi libertad. Le debo más que a todos los que me influyeron. Sin Cervantes, sin Gogol, sin Dostoievsky, sin Büchner yo no sería nada: un espíritu sin fuego ni contornos. Pero he podido vivir porque existe Stendhal. El es mi justificación y mi amor a la vida

Antes que anochezca (versión íntegra)



Más videos en Yidio.com.

Dirección: Julian Schnabel.
Año: 2000.

Javier Bardem (Reinaldo Arenas), Olivier Martinez (Lázaro Gómez Carriles), Andrea Di Stefano (Pepe Malas), Johnny Depp (Bon Bon / Teniente Víctor), Sean Penn (Cuco Sánchez), Héctor Babenko (Virgilio Piñera).

Guión: Cunningham O'Keefe, Lázaro Gómez Carriles, y Julian Schnabel.

Fotografía: Xavier Pérez Grobet y Guillermo Rosas.

Música: Carter Burwell.


Un proyecto de Design Academy Eindhoven.

26 junio 2008






Momoko (3)

25 junio 2008

16


--¿Quién eres?
--No sé. Una manifestación en el tiempo, supongo.
--Abre las piernas.
--¿Qué vas a hacer?
--Penetrarte, supongo.



17


Fue así.
Dos botellas de vino y una lata de mejillones.

Ella se arrastraba (siempre en silencio, que lo demás estorba) como gata, aunque yo quería convertirla en perra.

--Dos días juntos, y luego nunca más me verás, ¿te atreves?

Dije que sí. Hay que saber lanzar los dados, decía Nietzsche.

Salimos del museo y buscamos un hostal bien cutre. No había para más.

--El teatro (quiso decir el escenario, estoy seguro) somos nosotros --dijo.

--¿Y la violencia?



18


Momoko besaba escupiendo.

La lengua se convertía en máquina obscena. Lengua larga, grande, muy roja, como mano que puede asir tu boca y estrujarla. Se demoraba besando. Se demoraba.

--Za-zen es aceptar el dolor --podía decir de repente.

Y dejaba de besar. Me quitaba sus pechitos de la boca.

--¿Cómo resistes las agresiones del mundo exterior?

Cada pregunta era como un lengüetazo de ella: un látigo.



19


Se metía debajo de las sábanas. Dejaba de mirarme. Ni un beso ni un roce. Nuestro juego quedaba en suspenso hasta que yo pudiera responder.

Tenía que contestar. Brevemente. Como si habláramos en Haikús.

Volvía a ofrecerse como putica recatada de convento.

--¿Tú no estarás loca, Momokosita mía?

Me dio con la mano cerrada en pleno rostro viejo (lo siento, no puedo decir ni escribir "viejo rostro").

--Ahora --dijo fingiendo "una histeria femenina"--, te vas directo a la bañera. Está prohibido usar lugares comunes.

Obedecí. ¿Qué remedio? Y fui gateando, casi.

La espere en la bañera.

La esperé.

Ahí tirado, sin ironía ni esperanza para mi vida erótica, me di cuenta de que cuando relatara lo ocurrido, no tenía más opción que ir acomodando sus palabras al parlamento técnicamente dialoguero de un cuento, y asi, ponerla a hablar como si el español fluyese entre aquellos dientes de adolescente (aunque ya pasaba en uno o dos, la veintena), con la misma naturalidad con que movía la lengua japonesa.



20


Cuando llegó, sin quitarse las bragas ("no te quites el blumercito, amor mío"), mientras abría las piernas, y respiraba profundo, me orinó.

Luego me llamo "Tenzo", es decir, cocinero.

Noche de San Juan.

24 junio 2008

[para los curiosos, esta mañana...]

La noche más corta del año en el hemisferio norte. Del 23 al 24 de junio...

Dicen que calor humano y muchas hogueras a orilla de la playa...

Noche de fuego y agua...

No, no tuve Noche de San Juan. Por segundo año consecutivo viviendo en Valencia...

Galería de fotos del pasado año en elmundo.es

un video

Y esta noche: "128 verbenas, 300 efectivos policiales, 50.000 bolsas de basura, más de 200.000 participantes y 138 toneladas de residuos previstas. Estas son algunas de las cifras que marcarán la tradición esta noche, cuando las llamas arrasen los malos recuerdos de todo un año y su efecto purificador, junto a la sal del mar que baña Valencia, den la bienvenida a una nueva oportunidad...(seguir leyendo)

Entierro de El Plátano.

23 junio 2008


Orlando Luis Pardo estuvo presente en el entierro de El Plátano, y escribió una necrónica para Lunes de post-revolución, en Fogonero Emergente: UN DÍA PERFECTO PARA EL PEZ PLÁTANO.

También nos deja cuatro fotos que tiró en el cementerio de Colón. Aquí pegó una: la de la peregrinación hasta el lugar donde fue enterrado El Plátano. Y en Fogonero Emergente podemos ver las demás; dos que muestran la corona de flores con una inscripción y un retrato de Luis Hernández; y la tercera, donde vemos una exhumación típica en nuestro Camposanto de La Habana.

"Por la mañana: nubes, olor a lluvia y un viento recónditamente aciclonado. Al mediodía: un sol de manteca hirviendo en el cielo azul raso de miércoles, día atravesado. Por la tarde: ese insoportable vaho de flor o fruta podrida que exhalan los nichitos públicos del Cementerio Colón.

Peste a Plátano podrido.

Peste a cáscara resbalosa para desnucar un siglo XXI que rompe perversamente pragmático..." (seguir leyendo).


El día 19 publiqué este post cuando me enteré de la muerte de Luis Hernández, El Plátano.


Desaparecidos en el Tíbet y torturas en Guantánamo.

22 junio 2008

Una noticia entre muchas que nunca llegaremos a conocer.

Y otra.

Desaparecidos, torturas, vejaciones, nuevos y viejos campos de concentración.

¡Cuánta hipocresía en Occidente! ¿Cuándo entenderé de una vez que dinero manda?

"Si la gente que ama la libertad en todo el mundo no protesta contra la opresión de China en el Tíbet, hemos perdido toda nuestra autoridad moral para hablar de derechos humanos en cualquier otro lugar del mundo", dijo Nancy Pelosi.

En cada mail que envío aparece la frase anterior. Fue Elena V. Molina quien tuvo la idea. Una noche recibí un correo suyo desde La Habana, y desde entonces la imito.

¿Y qué frase, sobre la base-cárcel-cámara de muerte-de Guantánamo, nos dirá Pelosi?

Algunos amigos me escribirán un correo (en otras ocasiones lo han hecho; tal vez ahora, quienes lleguen a tomar este comentario como censura, entonces ni una línea), y me podrán decir que no sea excéntrico o exótico. ¿Y por qué no hablas de los trescientos presos políticos que malviven en las cárceles cubanas? (dirán: castristas, o de Castro, da igual).

Tienen todo el derecho a decirme lo que quieran. Con razón, o sin ella.

Como tengo yo derecho a escribir este post.

de "Propina" [5]

dias en que ya viejo
me siento
en un banco

mirar
(ver)
el vacío

pienso en la
propina

lo que queda que no sé
a veces importa
otras no

EXPOSICIÓN SUSPENDIDA en La Habana.

20 junio 2008

Cuarto de Máquinas con pAladeOinDeleite: E-mails de protesta por EXPOSICIÓN SUSPENDIDA en La Habana.

Aprovecho el enlace compartido de hoy con Lizabel Mónica para decir que ella es "Rebeca Duarte", la amiga, cómplice, colega, y colaboradora incansable (e imprescindible) durante nuestra época Cacharro(s).

Rebeca Duarte fue un seudónimo hasta hace unos días, cuando la propia Lizabel me dijo que ya era momento de decirlo.

Falta entonces revelar (ya lo haremos) quién fue la estimable Pia McHabana.

Que se murió El Plátano...

19 junio 2008

Dos de la mañana (ocho de la noche en Cuba), un amigo, desde La Habana, avisa: murió El Plátano.

Pero, ¿cuándo? ¿cómo?

Mi amigo no responde. Tiene que esperar para poder tener internet (¡qué dos verbos para Cuba!, o más bién: para ciertos cubanos, es decir, la mayoria; ¡y qué sustantivo!), y así, responder a mis preguntas. Seguro que para entonces ya me enteré, y soy yo quien le da los detalles.

El Pátano.

Supe de él a finales de los ochenta, gracias a la canción de Carlos Varela (la dejo para el final). Pregunté a la gente vieja (de por entonces), que quién era ese personaje.

La primera vez que lo vi fue en La Quinta de los Molinos. Una noche lluviosa. Pasó por mi lado. Ya entonces pensé que estaba muerto.

Luego, claro, le vi varias veces, como fantasma o cadáver, por los recovecos de una Habana devenida fantasma o cadáver.

Una tarde, de lejos, se lo enseñé a Elena. Necesitaba yo que ésta joven tomara nota de una época. La memoria quema pero alimenta como brasas de fogón.

Estábamos a la salida del cine Chaplin. Él cruzó la calle, otra vez bajo la lluvia, y pensé que el tiempo no había transcurrido desde aquella noche de mis veinte años.

Y sí. Había pasado el tiempo. Como gato muerto. Yo tenía veinte años más, y El Plátano, como metáfora, siempre bajo la lluvia, parecía inmortal.

Idioteces de poeta charlatán.

¿Por qué nunca lo entrevisté? ¿Por qué nunca lo invité a una cerveza o un café? ¿Por qué Elena y yo no pusimos una cámara frente a él, y le filmamos?

Después de la tristeza por la noticia, busqué en Google. Y encontré esto.

Eufrates del Valle en El imparcial Digital.

Ariel Díaz en La Ventana.

En blanco y negro.

Carlos Varela


En un bolso viejo
se lleva la historia de cada función
no fue lo que quiso, echado en el piso
se le puede ver, sus zapatos rotos,
tirándonos fotos que nunca se ven.

Fue de los primeros
que usó el pelo largo sin saber porqué,
y, aunque vaya sucio, no tienen derecho
de mirarlo a menos, de sus sentimientos
la gente se burla de su corazón.

Somos en blanco y negro para él,
así nos va atrapando en su papel
y aunque todos se olviden de su ser,
el sin embargo, nos va colgando en su pared.

Piensan que está loco
porque siempre lleva la ropa de ayer,
se lo gasta todo, con su catalejo
navegando calles, caminando espejos,
buscando la suerte de algún trovador.

La suerte que él no tuvo
la guardó... en su bolso viejo.

Rotonda Ya! Señor Camps!.

El Ayuntamiento de Godella exige una rotonda, después de diez años de espera.

60 accidentes graves en tres años.

Rotonda Ya! Señor [Francisco] Camps!, dice el cartel. Son dos, en realidad; uno a la entrada y otro salida del pueblo.

El Partido Popular se molesta porque la pancarta fue firmada por el Ayuntamiento. Manipulación partidista, sentencia un portavoz.

Hoy se desprendió (parece que con el viento de la noche calurosa de ayer), una de las pancartas.

Justo en este lugar estuve a punto de ser atropellado.

Recordé a Virgilio Piñera: si muero en la carretera no me pongan flores.

Gelman y Walsh sobre Paco Urondo

17 junio 2008















Se cumplen hoy 32 años del asesinato de Francisco Urondo. Antes de salir de Cuba (¿alguna vez he salido de Cuba?) compré una antología recién publicada por Casa de Las Américas, y la regalé a una persona muy querida.

Antes que termine el día quiero al menos dejar algunas trazas y un par de textos sobre Urondo.

Y claro, los dos elocuentes titulares.

En este sitio pueden encontrar más sobre Urondo.

Beatriz, la hermana, cuenta lo que pasó para recuperar el cadáver.

Rafael Grillo en El Caimán Barbudo.


Por Rodolfo Walsh.

En ocasión de la muerte de Paco Urondo.

Mi querido Paco:

Me han pedido que escriba una semblanza tuya. Es lo último que yo hubiera querido escribir, pero me doy cuenta que es necesario que alguien empiece a decir algo de tu hermosa vida, antes que otros, con más capacidad, puedan estudiarla junto a tu obra.

Lo primero que me acude a la memoria es la frase de un poeta guerrillero checo, al que mataron los nazis, que dejó escrito: “Recuérdenme siempre en nombre de la alegría”.

Para nosotros, Paco, la alegría era muchas cosas de cada día: la compañera, la hija, el hijo y los nietos, un truco, un verso, una ginebra. Pero más que nada era una certidumbre permanente, como una fiebre del día y de la noche que nos hace creer que vamos a ganar, que el Pueblo va a ganar.

Es en nombre de esa última alegría, la que vos no viste y yo no sé si voy a poder ver, que te escribo. Tal vez por ahí me salga la semblanza.

Te lloramos, hombres y mujeres, quién podría no llorarte.

En estos días que han pasado desde que te mataron, me he preguntado qué es lo importante de tu vida y de tu muerte, qué cosa te distingue, qué ejemplo podríamos sacar, qué lección nos dio Francisco Urondo.

Tengo una respuesta provisoria en las cosas evidentes que pudiste ser y en las más desconocidas que elegiste.

Llegaste a los cuarenta años con la pasta de los grandes escritores, que no es más que una forma de mirar y una forma de escuchar, antes de escribir. El problema para un tipo como vos y un tiempo como éste, es que cuando más hondo se mira y más callado se escucha, más se empieza a percibir el sufrimiento de la gente, la miseria, la injusticia, la crueldad de los verdugos. Entonces ya no basta con mirar, ya no basta con escuchar, ya no alcanza con escribir.

Pudiste irte. En París, en Madrid, en Roma, en Praga, en la Habana, tenías amigos, lectores, traductores. Podías sentarte a ver desfilar en tu memoria el ancho río de tu vida, la vida de los tuyos, volcarlos en páginas cada vez más justas, cada vez más sabias. Con el tiempo quién lo duda, habrías figurado entre esos grandes escritores que eran tus amigos, tu nombre asociado al nombre de tu país, pedirían tu opinión sobre los problemas que agitan al mundo.

Preferiste quedarte, despojarte, igualarte a los que tenían menos, a los que no tenían nada. Lo que era tuyo era fruto de tu esfuerzo, pero igual lo consideraste un privilegio y lo fuiste regalando con una sonrisa. (…)

Estuviste preso, sobre el fin de la dictadura de Lanusse. En la cárcel, sin esperarla, volvió la literatura. Esa noche del 25 de mayo de 1973, cuando el pueblo victorioso embestía contra los muros de Devoto y centenares de compañeros festejaban la libertad inminente, te encerraste con los sobrevivientes del fusilamiento de Trelew y una grabadora. Escuchaste, mientras en la calle subía ese rugido impresionante de la multitud empujando la reja “¡abran carajo, o se la echamos abajo!”

Escuchaste como nunca, atento a cada temblor en la voz de los que habían resucitado del espanto. Manejaste esa historia como de chico debiste manejar el bote, allá en tu río, dejándote llevar por su corriente, con apenas un toque de tu pala –una pregunta- para enderezar el rumbo. Allí fue más cierto que nunca que escribir es escuchar. De ese impecable ejercicio de silencio salió La patria fusilada, un libro que ya no era tuyo, porque era de muchos.(…)


No te hacías ilusiones sobre la supervivencia personal. En todo caso, estabas preparado para la muerte, como las decenas de muchachos y muchachas que se juegan diariamente en una pinza, en una operación. O más bien como decías en uno de tus poemas: “Anoche soñé –seguía diciendo el soldado- que mi hija y mi nieto nacían simultáneamente en este mundo que vendrá. Ahora puedo morir en paz, aunque sería mejor que esto ocurra dentro de mucho tiempo”.

No fue tanto, cuando te llegó el momento –en una cita de rutina y te batiste. Ellos eran demasiados en esa tarde aciaga. Un coronel te insultó en un comunicado, los diarios no se atrevieron a publicar tu nombre, te iban a enterrar como a un perro cuando te recuperamos.

Era el fin de una parábola. Son los pobres de la tierra, los trabajadores secuestrados, los torturados, los presos que fusilan simulando combates. Son las masas las que van a sepultar a tus verdugos en el tacho de basura de la Historia.

No soy quién para decir cuál fue tu mejor libro, tu mejor cuento, la mejor línea de tus poemas. Pero pienso que tu obra literaria, tan inseparable de tu vida, nos va a ayudar a resolver esa pregunta tan trillada sobre lo que puede hacer un intelectual revolucionario.

Puede hablar con su pueblo y de su pueblo poniendo en ese diálogo lo mejor de su inteligencia y de su arte; puede narrar sus luchas, cantar sus penas, predecir sus victorias. Ya eso es suficiente, ya eso justifica. Pero vos nos enseñaste que no le está prohibido dar un paso más, convertirse él mismo en un hombre del pueblo, compartir su destino, compartir el arma de la crítica con la crítica de las armas. Gracias por esa lección.


Por Juan Gelman

"Dicen que un escritor atraviesa al morir un purgatorio de veinte años en la memoria pública. El plazo está más que cumplido para ese gran poeta que fue –que es– Francisco Urondo, caído en combate contra la dictadura militar un día de junio de 1976, a los 46 de edad. Dejaba un libro inédito, Cuentos de batalla, que se perdió en la noche genocida. Como Rodolfo Walsh, como Haroldo Conti, Paco escribió hasta el final, en medio de tareas, urgencias y peligros de la vida clandestina. Para estos pilares de la literatura nacional nunca hubo contradicciones entre la militancia por una patria justa, libre y soberana, y la condición de la escritura. Cuando en este tiempo de la despasión se recuerdan las polémicas de los años sesenta –unos pretendían hacer la Revolución en su escritura; otros, abandonar su escritura en aras de la Revolución–, se percibe en toda su magnitud lo que Paco, Rodolfo, Haroldo nos mostraron: la profunda unidad de vida y obra que un escritor v sus textos pueden alcanzar.

No hubo abismos entre experiencia y poesía para Urondo. "Empuñé un arma porque busco la palabra justa", dijo alguna vez. Corregía mucho sus poemas, pero supo que el único modo verdadero que un poeta tiene de corregir su obra es corregirse a sí mismo, buscar los caminos que van del misterio de la lengua al misterio de la gente. Paco fue entendido en eso v sus poemas quedarán para siempre en el espacio enigmático del encuentro del lector con su palabra.

Buitres de la derrota –que siempre se han cuidado mucho cada centímetro de piel– le han reprochado a Paco su capacidad de arriesgar la vida por un ideal. Paco no quería morir, pero no podía vivir sin oponer su belleza a la injusticia, es decir, sin respetar el oficio que más amaba. El había escuchado el reclamo de Rimbaud: "¡Cambiad la vida!". Estaba convencido de que sólo de una vida nueva puede nacer la nueva poesía. Mi confianza se apoya en el profundo desprecio / por este mundo desgraciado. Le daré / la vida para que nada siga como está, escribió. Fue –es– uno de los poetas en lengua castellana que con más valor y lucidez, y menos autocomplacencia, luchó con y contra la imposibilidad de la escritura. También luchó con y contra un sistema social encarnizado en crear sufrimiento, para que el mundo entero entrara en la historia de la alegria. Las dos luchas fueron una sola para él. Ambas lo escribieron y en ambas quedó escrito."

Negros cubanos con acento en el Palanque.

Alegría cuando encuentro a Julio Moracen, Alberto Guerra, Ismael González, Caridad Atencio, Rito Ramón Aroche, Alberto Hernández, Leonardo Guevara, Tony Armenteros, Roberto Zurbano, Elvira Castillo, Feliberto González, Luis Eligio, Soleida Ríos, Julio Mitjans, Livio Conesa, Ernesto Santana, y muchos otros amigos, en este blog: Del Palenque...y para...

Llegue a todos ellos un fuerte abrazo.

Quiero compartir también con los lectores de Cuarto de Máquinas, otros dos enlaces.

Lien Carrazana, y su Caja.


Lien, la china, me envía como siempre, su Caja.

Excelente diseño desde las primeras entregas.

En la última, presenta a Marcelo Morales y Ahmel Echevarría.

En Fogonero Emergente, Lien ha publicado también algunos textos:

dos inéditos,

minicuentos,


Última propuesta; para bajarla, pinchar el ícono. Y aquí, para leerla online




16 junio 2008

Ser un perro. No creer en La Literatura.
No negar al otro cuando me afirmo.
Ser antidialéctico.
No vivir del resentimiento.
Ni memoria gangrenosa ni predicciones de feria.

Hacer el té, y partir.

31 años después:

15 junio 2008

Código Penal, artículo 491, inciso 2:

Se impondrá la pena de multa de seis a veinticuatro meses al que utilizare la imagen del Rey o de cualquiera de sus ascendientes o descendientes, o de la Reina consorte o del consorte de la Reina, o del Regente o de algún miembro de la Regencia, o del Príncipe heredero, de cualquier forma que pueda dañar el prestigio de la Corona.

de "Propina" [4]

13 junio 2008


ni peor ni
mejor de lo que imaginas

tu fortuna
con estos céntimos

la propina
no se repite.

de "Propina" [3]


puedes diluirlo

todo
menos tu
muerte

recoge la propina
y márchate.

de "Cuarto de Máquinas" (3)

11 junio 2008

Dame sangre, dijo H.

Le dimos sangre. Le di cabeza reventada y mondongos como carne de primera.

Se inyectó petróleo como el tío en la cárcel para tener "mejores condiciones de vida". Así también el sobrino, años después, para que le dieran la baja del Servicio Militar, pinchó sus venas.

Dame sangre, dijo.

Le dimos sangre.

Una tarde entré al baño. Vi a Noda desnudo, sin uniforme verdeolivo, sin grados de capitán, sin las charreteras de la vanidad y el desprecio. Me di cuenta de que era un hombre como yo. Bastaba con ir al cuartel, buscar un fusil, y vaciarle el cargador en su panza de oficial de escuelita. Allí, el gran jefe en pelotas, tiritando por el agua fria, hasta con la carne de gallina. Nos decía gallinas si reclamábamos nuestro derecho al pase de doce horas a la semana. Nos decía señoritas si nos lamentábamos de algo. Nos decía maricones porque le gustaba decirnos maricones. Capitán Noda, ¿por qué no te abrí como sardina rusa?

Cuando llegó la noticia desde el Batallón Médico de que H. se había inyectado petróleo y estaba grave, Noda dijo que los médicos eran unos flojitos y ahora iban a consolarlo y creerle que estaba loco.

Soñé que H venía y me gritaba dame sangre. Y la sangre era el combustible que hacía rodar tanques y camiones que tiraban de obuses como brujas tiran de escobas en cuyas cerdas han quedado restos del mondongo humano que no sirve ya ni para dar de comer a los puercos.

Algunas tardes iba al parqueo, me metía en la cama de un camión, me tiraba ahí entre lonas, calor y oscuridad como si estuviese bajo tierra. Casi siempre lloraba. Y me sentía indigno. ¿No tenía fuerzas suficientes para vivir allí, darle cara a la vida militar? No, me dijo nuestro capitán una vez. Te faltan cojones, dijo, esto es para hombres de verdad, ¿a qué seguro te metes por ahí a llorar?

Encontré a H en un camión. Salió de entre las lonas como el cadáver que sería una semana después. ¿No me digas que vienes aquí a llorar? le dije. Hay que ser fuertes, le dije, tener cojones y aguantar, ¿entiendes? le dije. Me contó entonces lo del tío, el petróleo, las venas, mejorar la vida, escapar de allí. No tuvo pena de llorar delante de mi. Quise abrazarlo pero me contuve. No podía. No debía.

Cuando llegó la noticia de que H había fallecido. El capitán se estaba desnudando para irse a las duchas. Lo sabía, dijo, ese mariconcito no iba a aguantar.


(La revista desliz, publicó tres textos de Cuarto de Máquinas)

"De la España que emigra a la España que acoge."

10 junio 2008

"Los españoles también fuimos emigrantes, es más, también fuimos inmigrantes ilegales. En busca de un futuro mejor, cruzamos océanos y fronteras, para empezar de nuevo en un lugar ajeno. España ha cambiado tanto, que hoy nos cuesta reconocernos en la mirada de esos otros, los que hoy vienen a nuestro país con idéntico propósito, con la misma historia a cuestas que, hace apenas unos años, portaron consigo millones de hombres y mujeres españoles".

Entre 1882 y 1935, cerca de tres millones y medio de españoles buscaron fortuna fuera de su país. Entre ellos, esos abuelos (extraviados) de la familia.

Después de varios días encerrado, salí hoy, y los pasos (como en las novelas decimonónicas) me llevaron a Sala Estudi General, del Centro Cultural La Nau de la Universidad de Valencia. Y allí, una exposición (del 2 de junio al 14 de septiembre), refresca la memoria.

Dos ancianas, una mujer sobre los cincuenta, y yo, éramos los únicos merodeando los fetiches de la historia (olvidada).

Cerca de 500 piezas originales.

Tres bellas muchachas conversaban en el patio acerca de Supermodelo 2008, y dos chicos discutían sobre La Eurocopa.

El peso de la historia. La levedad del presente.¿O al revés?

poema 15 de "Borde"

09 junio 2008


tarde en que escuchas

al pájaro

picoteando tu ruido

interior


(memoria

en aceite

caliente)


cartas de (para)

jugar

a perder

en el juego

de los
ganadores

(vivir

la vida

que no tienes)


vocabulario

soez

o biendispuesto

para comilones

de fama


(bajo la mesa

un disloque
metafísico)

y el semén acumulado

de la frustración


hipocresía
de amigos

y enemigos

solapados


pájaro

en la desfloración

de tu remordimiento


(puta

pública

con ínfulas

de privada

escritura)


como

de "Propina" [2]

07 junio 2008

cuando acabe la propina
seco de palabras
y de carnes
te irás del mundo
sin chistar

es ahora
cuando tienes
que reír

como cinco
centavos.

La des-politización de una foto

05 junio 2008


Lo que es el copia y pega.

En un principio alguien (ni idea de quién es el autor o en cuál blog la ví por primera vez), fotografió a este joven como burla, parodia, sátira (o realidad), de la realidad cubana. Alguien quiso mostralo como ejemplo de nuestro subdesarrollo tecnológico, o de la supuesta inventiva del cubano, valga la redundancia.

Sin embargo ahora reencuentro a este muchachón ilustrando (sin que él mismo lo sepa, claro está) lo que es un HOYGAN.

Blanqueo o des-politización de una foto.

Y en esta otra, Guillermo Fariñas (el Coco), quien estuvo siete de meses en 2006 en huelga de hambre por el derecho de los cubanos a usar Internet.

Aunque Pascual Serrano tiene otra opinión. En este caso, blanqueo o des-politización por otras vías, con otro estilo.











otro (un) trazo

Puede parecer impúdico querer (o tener que) confesarse.

Entonces, problema de los pudorosos.

No escribo para ellos.

Escribo para los que saben (intuyen, desean, o lo intentan) que la escritura también es
flujo político.

Y aunque haya confesión, dolor personal, incluso neurosis,
comprenden que el yo puede ser un nosotros.

Donde hay un
nosotros, donde hay deseos de cambiar cosas y no sólo deseos de quejarse, donde hay un yo que ha dejado de serlo, entonces hay, afectos (y efectos) políticos.

Y quien piense que
político es degradación, corrupción, cansancio, o incluso, quien piense que decir todo es política, es una exageración, no vive entonces en el "aquí y ahora".

No vive a
golpes de realidad. Vive metaforizando el mundo.

Miopía. Cegera. Ignorancia. Deseos de vivir esclavizado.

Y como esclavo: literaturiza.

de "Propina" [1]

04 junio 2008


muerte
líquida
de tu padre
en camastro
de hospital

¿quieres optimismo?
¿un poco de optimismo al menos?

fractura la palabra
y con ella
la realidad que hay debajo
solapada
la muy cabrona

encontrarás mondongos
y frasecitas
de esperanza o consuelo

para quién es la propina
de dios
si ya no hay fe

para quién es la fe
si no hay
propina de dios

¿y aún quieres
metáforas
y un bello vocabulario?

poema 14 de "Borde"

03 junio 2008


ahí está ovillada
en los rincones

maquillada
o sin maquillar

perceptible

canto de piedra
fogón/chancletas

ahí está
ovillada en los rincones

arrodillada en los rincones

perceptible

ahí está
perceptible
ovillada
en
los rincones

canto
de piedra

la muerte

Pornografía en La Habana

tomado de pAladeOinDeleite

Primera Exposición Anual Internacional de Arte Pornográfico
en La Habana


El pasado viernes 30 de mayo tuvo lugar en La Habana, en la casa de la artista plástica cubana Sandra Ceballos, una exposición de arte porno. Así como se lee. Con un interesante catálogo, que se autoproclama de emergente por haberles sido notablemente difícil encontrar la imprenta que se decidiera a convocar en papel las cinco letras prohibidas, la muestra tuvo desde dibujos hasta fotografía, foto-proyecciones, video-performances e instalaciones.
En el estrechísimo espacio de una casa del Vedado -25 esq. 6-, se juntaron todas estas manifestaciones, contando con una curaduría también emergente por razones obvias, y que parte de un esfuerzo que hacemos notar en tanto gesto independiente, que claro está no duró más que un día, y de este sólo hasta medianoche, para volver como la cenicienta que es toda iniciativa particular en Cuba que logre ver brevemente la luz, a la oscuridad que nos toca. (seguir leyendo)

foto: Nailé Piñero

Momoko (2)

02 junio 2008


10

Zanshin: estar vigilantes, me enseño Momoko. A partir del silencio, hablar. Concentrarnos en el kendo (esgrima japonesa) del alma.

11

La realidad, el mundo, no eran más que una fatua repetición.

Y apareció Momoko, de soslayo, dibujando un perfil de luz contra la sombra de un cuadro de Sorolla. Boca amelocotonada, paso receloso y firme de gata joven.

--No puedes liberarte por reacción --me dijo cuando estuvimos desnudos por primera vez.

Entonces no me dejó penetrarla. Tres horas de martirio. Masajes, baile, silencios (me prohibió hasta musitar), y aquellos besos tan ensalivados: chorros de saliva, sin pausa, y entre mordiscos.

12

--Es necesario estar ausentes. Recuperar la capacidad de estar ausentes --dijo

13

Andaba deprimido (eso pensaba yo pero no era cierto). Sentía que ya había muerto. Muerto en vida. No deseaba hacer nada. Sólo vagar. Dejarme fluir. ¿Qué hacer? ¿Por qué hacer? Toda mi vida (como la de cualquier otro) había sido una carrera, a veces desesperada, por hacer algo. Nunca había tiempo. Nunca hay tiempo. Nada es suficiente. Todo está por hacer. Esos pensamientos (lo comprendería después aunque ya lo supiera) eran en realidad el veneno.

14

--No me penetrarás hasta que yo diga --dijo.

Siempre se desnudó, pero no del todo. Quedaba con un bikini, y se escondía pudorosa. Sólo podía verle (y tocar, y oler) sus pequeños senos.

--Primero, la virginidad de la boca, ¿de acuerdo?

Y yo decía que sí a todo.

15

--Nada de lo que está sucediendo --decía, y parecían bromas--, tiene que ver contigo.

Pero no eran bromas. Nunca lo fueron.

--Todo esto tiene que ver con tus manifestaciones en el tiempo.

Y me obligó a ponerme en cuatro. Como un cerdo.

"Yo puedo comprar a Cuba"

01 junio 2008

Ichikawa hablando de Jorge Más Santos:

"Tanto era el entusiasmo, que a Jorge Mas Santos se le escapó la frase: “Yo puedo comprar a Cuba”, que inmediatamente recogió en un “nosotros”, mientras comentaba una célebre reunión en Texas.

Pero aquí hay que explicar algo. El exabrupto de Mas Santos no obedece solo a ese éxtasis de seguridad que, como decía María Félix, da el billete: se hace para inspirar confianza y apelar al sentido común".

¿Explicar, o justificar? ¿Cómo está tan seguro Ichikawa a lo que obedece ese "entusiasmo"? Para mí, es pura prepotencia del señor Mas Santos. Prepotencia que da el billete. ¿A qué sentido común me puede remitir tan desafortunada frase? ¿Qué tipo de confianza puede inspirar una frase así?

Mucho dinero, muchísimo dinero. Y pocas nueces.

Aunque parezca contradictorio, justamente ahí, en ese punto, siempre ha estado el negocio de la FNCA.

Blog Widget by LinkWithin

"Revista" Cacharro(s), ahora online. [años 2003-05]

desliz desde La Habana


Ricardo Villares
obra de Ricardo Villares

Revista desliz

Proyecto desliz

desliz online


pAladeOinDeleite, blog de Lizabel Mónica

Contacto: proyectodesliz@gmail.com

Proyecto DESLIZ. Enna 402 esquina Fábrica. Luyanó. Municipio 10 de Octubre. Ciudad de La Habana. Cuba. C.P. : 10700.

Clases de guitarra en La Habana Por Lía Villares




Lía, (Lianelis Victoria Villares Plasencia) escritora, música, y blogger, está impartiendo clases de guitarra en La Habana, a domicilio y sin límites de edad.

Si conoces de alguien interesado en recibir buenas clases, dejo los correos de Lía: aiglatsonmar@gmail.com, habanemia@gmail.com

otros blogs

Archivo convencional

  © Blogger templates Newspaper by Ourblogtemplates.com 2008

Back to TOP