Que se murió El Plátano...

19 junio 2008

Dos de la mañana (ocho de la noche en Cuba), un amigo, desde La Habana, avisa: murió El Plátano.

Pero, ¿cuándo? ¿cómo?

Mi amigo no responde. Tiene que esperar para poder tener internet (¡qué dos verbos para Cuba!, o más bién: para ciertos cubanos, es decir, la mayoria; ¡y qué sustantivo!), y así, responder a mis preguntas. Seguro que para entonces ya me enteré, y soy yo quien le da los detalles.

El Pátano.

Supe de él a finales de los ochenta, gracias a la canción de Carlos Varela (la dejo para el final). Pregunté a la gente vieja (de por entonces), que quién era ese personaje.

La primera vez que lo vi fue en La Quinta de los Molinos. Una noche lluviosa. Pasó por mi lado. Ya entonces pensé que estaba muerto.

Luego, claro, le vi varias veces, como fantasma o cadáver, por los recovecos de una Habana devenida fantasma o cadáver.

Una tarde, de lejos, se lo enseñé a Elena. Necesitaba yo que ésta joven tomara nota de una época. La memoria quema pero alimenta como brasas de fogón.

Estábamos a la salida del cine Chaplin. Él cruzó la calle, otra vez bajo la lluvia, y pensé que el tiempo no había transcurrido desde aquella noche de mis veinte años.

Y sí. Había pasado el tiempo. Como gato muerto. Yo tenía veinte años más, y El Plátano, como metáfora, siempre bajo la lluvia, parecía inmortal.

Idioteces de poeta charlatán.

¿Por qué nunca lo entrevisté? ¿Por qué nunca lo invité a una cerveza o un café? ¿Por qué Elena y yo no pusimos una cámara frente a él, y le filmamos?

Después de la tristeza por la noticia, busqué en Google. Y encontré esto.

Eufrates del Valle en El imparcial Digital.

Ariel Díaz en La Ventana.

En blanco y negro.

Carlos Varela


En un bolso viejo
se lleva la historia de cada función
no fue lo que quiso, echado en el piso
se le puede ver, sus zapatos rotos,
tirándonos fotos que nunca se ven.

Fue de los primeros
que usó el pelo largo sin saber porqué,
y, aunque vaya sucio, no tienen derecho
de mirarlo a menos, de sus sentimientos
la gente se burla de su corazón.

Somos en blanco y negro para él,
así nos va atrapando en su papel
y aunque todos se olviden de su ser,
el sin embargo, nos va colgando en su pared.

Piensan que está loco
porque siempre lleva la ropa de ayer,
se lo gasta todo, con su catalejo
navegando calles, caminando espejos,
buscando la suerte de algún trovador.

La suerte que él no tuvo
la guardó... en su bolso viejo.

1 comentarios:

María Villares Comenta

Me parece muy enternecedor y necesario este homenaje al Plátano, un personaje que describía con su sola presencia todo un estado de ser de una isla sui géneris como Cuba...
Habría que ver qué imágenes dejó captadas él con su cámara...

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