Cavilaciones al borde de la noche (con José Ariel Contreras)

09 abril 2008

El otro día presenté mi última crónica publicada en CubaNet. Hoy, después de leer esto sobre Contreras (vía terreno de pelota), recordé mi primer trabajo para esa Agencia. Se publicó el 17 de octubre de 2002, gracias a la gestión de Héctor Maseda.

otro día rememoro cómo me hice "periodista independiente", y alguna que otra anécdota de aquella época.

Es sábado en la noche. Regreso de Santiago de las Vegas después de haber visto a un grupo de adolescentes fumar marihuana y tomar keta, oír a Marilyn Mason y Mettalica. Todos comentaban lo que oficialmente han llamado la deserción del gran pitcher José Ariel Contreras: "¡Es una lástima, jamás lo veremos jugar!" -dije. "¡Hizo bien, deberían quedarse más peloteros!" -exclaman los jóvenes que fuman y ríen. Las parejas se besan y entran a un yerbazal y se acarician.

Me despido y me encamino a la parada a esperar el camello, "el violento metrobús", como lo llamó el grupo de rock Zeus en una vieja canción.

Cuando llego al parque de La Fraternidad en el corazón de la capital, es casi medianoche. Santiago de las Vegas se encuentra a unos veinte kilómetros del centro de Ciudad de La Habana, pero la incomodidad y la lentitud del viaje te hacen creer que está muy lejos. Durante el regreso pensé en aquellos jóvenes. Recordé los versos de Allen Ginsberg: "He visto los mejores cerebros de mi generación / destruidos por la locura".

Tengo 36 años, y es igual. Pienso en mi generación y en mis padres. La historia de los últimos cuarenta y tres años es una pesadilla que se repite: los mismos rostros, idénticos sueños, deseos de escapar a otra ciudad, a otro país. El cansancio de tantas consignas que el gobierno escribe en lenguaje triunfalista o apocalíptico, pero siempre gastado, a veces ridículamente cursi. Recuerdo el gran poema de Cavafis: "Si destruyes tu vida en esta ciudad / la habrás destruido en todo el mundo".

De pronto me veo rodeado, y lleno, de una gran soledad. La gente camina, se divierte. La cafetería La fuente, en Monte y Consulado, está repleta. Venden cerveza a diez pesos y pollo frito a veinticinco. Todos los asientos están ocupados y hay cola. Tengo un peso y cuarenta centavos. Sigo de largo. Llamo por teléfono a algunos amigos. Están cansados y quieren dormir temprano. Otros andan de fiesta. Dos hombres en una esquina toman ron y hablan de pelota, del triunfo de Cuba frente a los Estados Unidos. Luego hablan de Contreras. "Se va a hacer millonario" -dice uno. "Tenía que haberse quedado hace tiempo. Él y todo el equipo" -dice otro.

Camino por el antiguo palacio de Aldana, hoy Instituto de Historia. Cuatro hombres y una mujer duermen en los portales entre columnas que hieden a orine y excremento. Han tapizado el suelo con periódicos y cartones. Lucen mugrientos, andrajosos. "Los parias de la historia" -pienso. Otra vez la historia y los recuerdos. Veo entre los vagabundos a uno que en las tardes cobra unos pesos por tirar las cartas. Un cartomántico con imaginación fabulosa, ojos rojos de tanto alcohol y siempre listo a cambiar los pronósticos si ve el más mínimo disgusto en tu rostro. Es un negro grande. Pienso en José Ariel Contreras.

Dejo atrás el edificio y doblo por Reina para atravesar el parque El Curita. Mujeres hermosas, elegantes. Jóvenes que gritan en medio de la calle. Hombres con cadenas de oro, esbeltos. Extranjeros temerarios que ríen. En el semáforo de Galiano veo autos americanos que se conservan nadie sabe cómo. Y carros japoneses: Nissan, Toyota; y Pegeot, de Francia. Los choferes son cubanos con dinero que salen a divertirse. Veo a Glenda, un travesti que conocí hace un par de años y que prometió contarme su vida. Me saluda. "La policía está haciendo zafra hoy. Cuando les da la gana nos dejan fletear. Cuando no, salen pa la calle a recogernos". Y concluye: "me voy, que esto está malo".

Glenda se aleja con su amiga. Se ve hermosa. Parece una mujer. Su amiga se pavonea grotescamente; taconea. El maquillaje es malo y le mancha la cara. Unos borrachos se meten con ellas: piropos soeces, ofensas. Cuento a los policías que merodean el parque: 15. Piden carnets de identidad, revisan bolsos y mochilas, se ensañan con los negros.

Camino hasta la calle Zanja. Desde hace diez días está llena de huecos. La tierra apilonada, agujeros inmensos que se llenan de inmundicias. Pregunto qué están reparando. "Problemas con el agua" -me responde un viejo parqueador del barrio chino. "¿Cuándo terminarán?¨" -indago. Se ríe y dice: "Siempre es igual, rompen pero no construyen".

"Restos de una noche civil" -me dijo un amigo poeta una vez cuando caminábamos sin rumbo en medio de la noche habanera. Me pregunto ahora cuántos rostros puede tener el horror. Incluso los que tienen dinero y han salido a gastarlo, a comer pollo frito, a tomar ron del bueno, a pasear en sus automóviles; todos huyen del horror. Figurines recortados por una mano invisible que nos somete. No es necesaria una guerra, los tanques en la calle, policías antimotines. Veo el horror en esas caras "alegres", en los que vociferan, cantan y van acumulando alguna riqueza en medio de la pobreza general.

Si no huyeran del horror, entonces ¿por qué se van del país a la menor oportunidad? ¿Por qué sueñan con ganarse el sorteo de visas, llamado "el bombo", aunque tengan todas las comodidades? Es un horror intangible que nos atraviesa. Julián del Casal le llamó frío. En medio del trópico, de nuestras fiestas calurosas y simpáticas sentimos de pronto una ráfaga que nos congela. Descubrimos que somos extraños en nuestra propia tierra.

José Ariel Contreras, aunque no sepa explicarlo, debió sentirlo. También lo sufrió en noches como ésta, después de ganar un juego, después de la ovación y el clamor de los fanáticos que lo admiran.

En el silencio de la madrugada, cuando todos brindaban por el triunfo, él, en un rincón se ovillaba, todo músculos, toda corpulencia, como un niño a la intemperie.


6 comentarios:

Anónimo Comenta

Roselló: Me gusta que hayas comenzado de una vez a ocuparte de tu propio blog. Fogonero emergente te había aniquilado.

jorge alberto aguiar díaz (jaad) Comenta

Eso espero. Quiero que Cuarto de Máquinas sea mi "propina de dios". En verdad, he pensado varias veces cerrar Fogonero Emergente que me da mucha satisfacción, pero me agota. Andando y viendo, como aprendí a decir en Valencia gracias a una persona muy querida, y a la que tanto debo.

Esther La Bruja Comenta

!Qué triste esa noche! Menos mal que saliste. Espero esas anecdotas que dices vas a publicar.

jorge alberto aguiar díaz (jaad) Comenta

No, no me ido aún aunque ahora viva fuera de Cuba. Regresaré porque conservo la residencia (aunque esa residencia hay que comprarla con 40 euros mensuales de impuesto al gobierno cubano, y después de haber pagado un "permiso de salida" que cuesta 150 y sólo dura once meses; no, no es un derecho, es un servicio que se paga siempre y cuando te "portes bien" en el exterior). La última vez estuve en Cuba tres meses, de septiembre a diciembre de 2007; primera vez que estoy ese tiempo, siempre he ido por seis meses. Y por supuesto, para volver a salir, los mismos trámites y pagados en divisas. Muchos amigos piensan que mis viajes son a través de alguna institución, o tengo "un permiso especial". Nada de eso. Son viajes privados (gracias a mi residencia comunitaria) que no dependen de nadie sino del dinero y de las torcidas leyes cubanas para viajar. Aún no me he ido de Cuba, no. Y nunca me iré. Un beso, Esther.

Anónimo Comenta

buah!!

Anónimo Comenta

Jaad, ¿te acuerdas de nuestras noches en el Latino? Siempre apoyaste a Metropolitanos a pesar de todo. Te miro. VP, en Chicago, ya sabes.

Creative Commons License
Póngase en contacto conmigo. Todos los textos y fotos de Cuarto de Máquinas by Jorge Alberto Aguiar Díaz is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 España License..

Leandro Eduardo Campa















Leer online
, Little Havana Memorial Park.

La utopía centrípeta en Little Havana Memorial Park, por Emilio Ichikawa.

Descargarla en pdf


Adrienne Rich


Oscuros campos de la Républica
[traducción de Jorge Yglesias]

Hans Magnus Enzensberger


El hundimiento del Titanic
(traducción de Heberto Padilla)

América.
(traducción de Todd Ramón Ochoa y Carlos A. Aguilera)

Guillermo Rosales

Vista previa
Fragmentos de Boarding home

Antonio José Ponte

Fragmentos de La fiesta vigilada.

Acerca de Ponte: los ases sobre la mesa, por Manuel Sosa.



otros blogs

Arístides Fernández

Autorretrato. Óleo sobre tela, 39 x 31,5 cm.

ines, (La Habana,1904-1934) Pintor y escritor. Escribió diecisiete relatos al final de su vida que fueron publicados póstumamente. Puedes leer ahora, cuatro relatos, una selección del libro Cuentos, publicado por la administración municipal de Mariano en 1959.

  © Blogger templates Newspaper by Ourblogtemplates.com 2008

Back to TOP