de "Cuarto de Máquinas" (1)
29 octubre 2007
La cabeza.
Siempre la cabeza.
La cabeza contra el muro (paredón con vidrios detrás de las duchas) por una broma. Ese tipo de bromas que en el ejército cuestan caro: tú eres de los mariconcitos del parque de la Fraternidad, yo te he visto.
La cabeza bajo la bota rusa.
Y la cabeza otra vez cuando te empujaron de la cama.
El Coba llegó, saco de carne musculosa, torpe aunque silencioso, y la cabeza contra el hierro crudo de la litera.
A los cinco años la cabeza rebotando en una caída (pérdida del conocimiento durante la digestión, dijo el médico); y a los siete, la cabeza contra un poste de electricidad huyendo de tres niños que te buscaban para una paliza a las doce del día.
La cabeza.
Golpes como piojos. Ranuras, canaletas, surcos, estrías de sangre y dolor.
En un albergue para inmigrantes, la cabeza abierta. Entra el africano y con un tubo (golpe seco bajo el chorro de agua fría en una mañana a ocho grados), y la cabeza contra la pared.
Cabeza que chirría, cabeza con goznes, cabeza chatarra.
Nunca preguntes por el precio de tu cabeza.
La locura es vieja usurera.
(La revista desliz, publicó tres textos de Cuarto de Máquinas)




















