"Tal vez nos convirtamos en sirvientes de la Cibernética. Pero sentimos que siempre sobrevivirá en algún lugar de la tierra un hombre distraído que dedique más horas al ensueño que al sueño o al trabajo y que no tenga otro remedio para no perecer como ser humano que el de inventar y contar historias. También estamos seguros de que ese hipotético y futuro antisocial encontrará un público afectado por el mismo veneno que se reúna para rodearlo y escucharlo mentir. Y será imprescindible -lo vaticinamos con la seguridad de que nunca oiremos ser desmentidos- que ese supuesto sobreviviente preferirá hablar con la mayor claridad que le sea posible de la absurda aventura que significa el paso de la gente sobre la tierra. Y que evitará, también dentro de lo posible, mortificar a sus oyentes con literatosis."
Juan Carlos Onetti, en 1966
¿Podemos escribir en primera persona como si escribiésemos en tercera?
Abunda en la literatura cubana (después del 59; y sobre todo en los últimos diez o quince años) una primera persona plenamente narcisista.
Además de la "literatosis", como le llamaría Onetti.
Ambas cosas: literatosis y narcisismo, han vuelto a gran parte de la literatura cubana en un ejercicio seudointelectual, palabrero, y sobre todo, aburrido.
Mucha ansiedad por querer "hacer literatura" y por exhibirse.
Cualquier posesivo (mi "cuerpo sin órganos", mi escritura, mis deseos, mi vida, mi locura), no me pertenece.
Ese mi, es una comunidad, una manada, una madriguera de jerbos o de cualquier otro animal. Esto es difícil de entender, parece, por muchos escritores cubanos.
Y no es que canse, moleste, o sea inapropiado citar, acudir a referencias literarias o culturales, o escribir desde un "yo". Es más bien una cuestión de tono, de no perder la ironía o cierto distanciamiento, de comprender determinados usos del lenguaje, y de reflexionar sobre la pregunta de Primo Levi: ¿quién es el testigo?
El escritor como testigo. Aunque sea víctima de determinadas circunstancias o acontecimientos, su potencia para narrar (vitalidad, creatividad, nuevas posibilidades expresivas), además de apoyarse en la imaginación y en la capacidad de fabular, depende de los tonos, y de la difrencia entre el lenguaje del testigo y el lenguaje de la víctima.
¿Podemos (Kafka, y la fuerte tradición norteamericana, y por supuestos, muchos escritores latinoamericanos, en su mayoría olvidados, nos pueden funcionar como mapas) convertirnos en agrimensores de la escritura? Movernos por el lenguaje como por un terreno. Terreno que es territorio, tierra, aire, desierto, vacío, espacio finito aunque ilimitado donde hay que crear (no fundar que es lo que anhela el narcisista) pueblos, poblaciones, procesos de vida, nuevas subjetividades, verdaderos afectos revolucionarios.
Y no perder el gusto de contar, por contar, relatar, mostrar...








4 comentarios:
Broder, te escribe Fito, el librero. Me alegro que hayas empezado con el blog compadre!!!! Ya era hora. Me lo dijo Igor y en un time que tuve me conecté, pero no dejes de enviarme al correo cada vez que lo actualices, recuerda que una pila de gente no puede conectarse. No te olvides de los pobres de la tierra en Cubita la bella.
Gracias Fito por caer por aquí. Sí, te enviaré a ti por correo, como a algunos otros amigos en Cuba, lo que vaya publicando. Un fuerte abrazo, y cuídate.
He notado a veces un excesivo uso del "YO" o la primera persona en la escritura de los post, lo asocio quizás al deseo de sentir q existimos sobre todo en quienes hemos dejado nuestras raíces atrás. A veces mi pecado es el contrario,,,entonces no sé a qué asociarlo, ¡?cómo diría mi madre ningún mono se ve su rabo!!!
No te asustes con lo q digo soy doña Cuchareta, la meto por todas partes,,, ;-))) saludos
Gracias por pasar, y opinar, Gaviotazalas.
Sí, aunque los posts (es decir, hablamos del mundo de los blogs, ¿no?), es otro asunto.
De todas formas, no es como tal la palabra "YO", usarla más, o menos, sino "el cómo usarla". Eso, narrar o contar en primera como si fuese en tercera o primera del plural, es decir, un yo-nosotros, un yo-él-ella; un uso o empleo más político, menos personal, o donde lo personal sea también político (no necesariamente en sentido directo, explícito; ¿podemos decir que hay una diferencia entre "la política", y "lo político?").
Dicho de otra manera: escapar del Yo, cuando éste no es más que proyección neurótica, o queja narcisista, cuando el mundo se reduce a "un caso personal".
Uf, perdona.